Un viejo amor nunca se olvida..
Me trae el viento nuevas noticias, de ti. Tú que regresas, con tu amor, que aparece y desaparece, como el Guadalquivir. Tú que dices que te propones acabar, que te empeñaste, de nuevo, volver a empezar. Me obliga ese viento a cerrar los ojos, pensarte, y escucharte, me pillaste en plena mar. Faenando, ¡qué inmensidad! La del mar nuestro. Qué de peces de colores. Marineros amigos me avisan, no te detengas a oírla, son vientos de sirena, no es ella, ella marchó, ella se fue, ella no está.
Qué mensaje le diste al viento, que me ciega, y no lo dice. Qué me quieres ahora, ahora que ya no estás. Agitas mis aguas que apenas si habían aprendido el olvido. Y yo echando mis viejas redes en los fondos de los abismos de mi soledad. Recogiendo fantasías de caballitos de mar, habituándome a las mareas altas, lejos, muy lejos de tierras algunas conocidas.
Qué fuerzas mueven y traen estos vientos, yo que ahora sólo saboreo sal, lejanías profundas, sin más horizonte que un nuevo día, uno más, uno más. Vientos que me hacen recordar cuándo embarqué pero no porqué lo hice. ¿De qué queda lejos el mar? ¿De qué?
Se precipitan los recuerdos, aquellos inicios, tuyos y míos, borrascas, tempestades, la noche. Qué cascada de decepciones. Y no es que me dejaras solo, ya lo estaba, pero sí me embarcaste en esta nave llamada Soledad. No volver a pisar tierra, no más islas, sólo la mar. Paisajes que mutan a cada instante, paisajes para no pensar. Me gusta el mar, cuando las nubes lloran, lloran verdades, no mentiras.
Qué nacerá de estos vientos ahora, ¿alguna vez he de volverme y mirar hacia atrás? Adónde dirigir mis ojos si no te quieren ya recordar. Cómo y cuándo se calman los vientos. Estos vientos que traen novedades, que me dicen susurrando que la tierra sigue existiendo, que nada cambió, salvo yo, salvo tú, ya no somos los que éramos. Me poseíste, me destruiste, me abandonaste. Y ahora, de nuevo, te empeñas en no dejarme navegar en mi soledad.
De qué fantasmas huyes ahora, me llamas, de qué nuevas desilusiones, de qué amor. Dime mujer, porqué todo se te escapa al final, ¿porqué? Para mí, ahora, la vida es este mar, y navego como puedo y me dejan las circunstancias, el destino marinero, y conoces bien mis fortalezas, supiste destruirlas todas y alcanzarme, en cuerpo y alma. No me queda sino tiempo, para esperar que se acabe el tiempo. Aquí el alma se dilata en la contemplación y no es preciso alargar los brazos, nada espera ser tocado, sino observado.
Qué tranquilo es el mar. No sé lo que buscas, ni si te buscas por fin, no lo sé. ¿Has conseguido encontrarte? Me has tenido toda la noche cantando el dolor de los recuerdos, yo que pensaba que ahora todo era libertad. ¡Dios, cómo me conoces! Sabes que oiré ese viento, sabes que iré, de nuevo a tu encuentro, aunque sólo sea para preguntarte; “Hola, ¿cómo estás, porqué me llamas a deshoras?”..
“Un viejo amor nunca se olvida” esa es la verdad….
Peatón

