¿Juventudes fracasadas? O inconformismo de los mayores…
En la ilusión de los inicios, de los comienzos, proyectos, una vida que pensábamos hasta el final y en un momento dado desaparece todo bajo nuestros pies. Un pliegue en nuestra existencia que no esperábamos. Lo que solemos llamar, la circunstancia imprevista, un accidente, una llamada bisagra que nos conduce al abismo, una noticia inesperada. Se abre un paréntesis en tu vida y cuando consigues reaccionar han pasado diez años como mínimo. Si eres inteligente y has conseguido sobrevivir a ese tiempo, la pregunta es coherente y consecuente; ¿qué hago yo aquí?
Estamos ante una sociedad que agoniza y otras que quieren ser etiquetadas como “tribus”, tribus que no acaban de definirse. Que siguen el camino hacia un fracaso marcado por una desleal competencia (incompetencia) de una economía de mercado, voraz, despiadada, feroz, que lleva a cualquier sociedad existente a la locura de la insatisfacción personal. Y no sólo eso, sino también de cualquier moralidad conocida, cualquier pensamiento alejado del consumismo, no sirve. O consumes los temas de actualidad o no cuentas, no existes. El hilo conductor de este sistema es conseguir cuanto más clientes. (“ya nos somos individuos, nos han convertido en clientes) mejor. Importa el número de clientes, la audiencia de lo absurdo, un público-masa-independiente del individualismo pensante. Y el enemigo de este “mercado” no es ni más ni menos que la reflexión. Por favor, que no reflexionen, es el peor de los terrorismos, mentes pensantes, así que no les demos tiempo a reflexionar.
Se trata pues de una “masa-pública-espectadora-cliente” sin escala de valores, a pesar de ella misma. O valores que se inventan y adaptan a sus vidas, según les vaya. La moda vigente es su norte. No se trata pues de una juventud inconformista pero sí de un segmento de la sociedad llamados “maduros” (en la sociedad supuestamente desarrollada) a los que han obligado a renunciar a su vejez digna, con el slogan; eternamente jóvenes. Padre y madres que a través de sus hijos ensayan una juventud regresiva y absurda. Los insaciables de la juventud perpetua, y es un caso atípico, porque no es miedo a la muerte sino a la vejez. Atípico pues cada vez son más los que se incluyen en este extrañísimo club. Y como consecuencia el ridículo. Claro que el ridículo no consciente también vende.
Lo patético no es una juventud que intenta un lugar en el monstruoso mundo de unos seres que les han robado parte de esa juventud, además de legarles tras la máscara de una actualidad, el concepto de moda, es decir, la vitalidad (absurda) de lo efímero. Una condena que les lleva a “estar al día” (a matizar, claro está). Los elementos que sostienen esta sociedad del absurdo serían; los nacionalismos, religiones, patria, guerra, poder, economía, status social, lo inmediato; lo quiero para ayer, la velocidad en todo, comunicaciones, relaciones, separaciones, etcétera. Un regreso a Roma, eso sí, en plena decadencia. De hecho una consecuencia del incremento de las adicciones es la sociedad de consumo. Agravante lógico para esta sociedad es que no dispone de un César, de un emperador, que les pueda guiar. Sino que este movimiento desbocado, sexo, insatisfacción, enriquecimiento rápido, desconfianza, apariencias, se ha convertido en sí mismo en poder fáctico. Como ejemplo, la bolsa, que es hoy en día un poder propiamente dicho, en sí misma. Sólo cuenta los números positivos. Lo que para cualquier sociedad que se precie como tal, conlleva a la autodestrucción.
El lenguaje de la juventud, la de hoy, va asociado a la innovación, sirva o no, están sometidos a la presión de los inventos que otorgan el sello de autenticidad en cuanto a la sociedad misma. O eres portador de esos símbolos o no existes. Al menos que te llames “clase marginal”. Pues la solidaridad en la pobreza es de todos bien sabida. Tema otro del que hablaré en su momento. No, no son los jóvenes, y tal vez tampoco los padres, es un sistema económico que sólo entiende de beneficios que a su vez, sólo beneficia a unos pocos. Pocos que se van turnando según el mercado de la idiotez y además reinante, No sólo son clientes, tanto padres como hijos, sino que además víctimas y esclavos de un callejón sin salida al que nos vemos sometidos todos. En este caso ya no es importante el rey sino el reinado que funciona por sí mismo.
Creo que la solución puede ser la pluralidad en todos los órdenes, de la suma de todos los países de la tierra, de la suma de una solidaridad integral y que nos conciencie a todos que lo importante es sobrevivir en equipo, salvar el planeta, salvarnos. Donde el futuro sea un más allá en la comprensión de la vida, el hombre es un fin en sí mismo. Y seguir pensando y reflexionando para que tarde o temprano nazca de nuevo; la humanidad y de ella el hombre. El hombre no del futuro, pero sí del presente, pues sin presente pensado por todos no será posible.
Peatón


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