Espera,por favor, una cosa más...
He de irme amor. Lo sabes. Ya nada queda entre nosotros. Nunca intentaste esa palabra que tanto esperé; “quédate”. Cuando llegaste a mi vida, cuando me dijiste, “sé que eres tú”, ¿a quién engañabas amor? Andaba yo entonces por los abismos de los límites de mi existencia, casi a punto de arrojar la toalla. Y lo murmuraste; “he venido a salvarte”. ¿De qué, de quién, amor?
Sí, debo decírtelo, así al menos me salvo yo, en mi soledad. Me arrancaste el poco amor que me quedaba. Yo que tantas veces perdí, de ti, no me lo esperaba. Tantas veces perdedor, tantas veces en las naves de la decepción. Pero, es cierto, me hiciste creer de nuevo en el amor. Y eso es de agradecer. Me devolviste esperanza por amor.
Me acomodé a tu vida, a qué negarlo, pero sólo me movía una ilusión; amarte, quererte, y sentir también, que tú me querías. Como ese niño con zapatos nuevos, hasta entonces descalzo, a quien le han devuelto la alegría. Así, así me tenías. Y ya sé que todo esto sólo me importa a mí, pero sólo Dios sabe cómo necesito decírtelo.
Después, las distancias entre tú y yo fueron otras. Yo intentaba el hueco que me ofreciste en tu vida. Ese espacio que tantas veces me llamó; “vida, mi vida”. Y tú te dibujabas, de la mejor forma que pudiste, un mundo extraño, ese mundo que yo llamo, “las lejanías”. Tus espacios eran estudiados, aquí sí, aquí no. Y yo, que al comprobarlo, me sonreía. Esperaré un poco más, me decía.
Como ciega el amor, madre mía, cómo ciega. Pero me reconocí sólo en lo bueno que me ofrecías, pensando que, tal vez, algún día cambiarías. Que sabrías reconocer que el amor bonito lo tenías conmigo, y no esas otras cosas tan raras que buscabas y no encontrabas. Qué de historias te escuché. Yo que en ninguna de ellas estaba.
Pero tengo que reconocer que a través de ti recordé lo hermoso que es amar. Aunque la otra persona no te quiera. Los días se hacían cortos, las ilusiones, por todo, por nada, qué de sonrisas, qué entusiasmo, cómo no agradecértelo. Por eso esta carta, ¿la última? Para decirte adiós, para decirte que me voy, triste pero feliz, de haberte sabido, de haberte encontrado y que de una manera u otra, aunque ya me hayas olvidado, me llevo lo bueno de ti, aunque sea poquito, pero ese poquito, hizo de mí, un corazón enamorado.
Sigo siendo el mismo, el de siempre, ese bohemio, soñador y del amor enamorado. Ya no sé muy bien qué me depara el destino, no lo puedo saber ni quiero. Y mis fuerzas han menguado, incluso la gente de este pueblo dicen; este hombre hay que ver cómo ha cambiado. Qué sabrán ellos de cómo se esconde, aunque sea en la tristeza, un corazón enamorado.
El legado de mi destino aún no llegó, he de creerlo, pues así están las cosas, y seguiré esperando. Con calma y esa paciencia que heredé de mis mayores. Por cierto, mis ojos cambiaron de color, ya no son azules, ahora casi siempre andan medio cerrados. Estoy seguro que algún día perderé el miedo a la luz. La recuperaré.
Me voy, sólo quería que lo supieras, no sé si lejos, no sé si cerca, pero te lo tenía que decir, que aunque no lo quieras saber, yo de ti sigo enamorado. A pesar de todo el daño que me has causado.
Peatón


<< Home