Miedo a las repuestas...
Me tocó vivir, sin saberlo, que iba dejando la vida atrás. Dime, amiga mía, para qué el hombre, para qué la vida. No, yo no me busco las desgracias (no siempre), éllas vienen solas. Y fue precisamente en "ese atrás" donde me hube de ubicar. Claro está, hasta que aprendí a decir que no. Amiga mía yo te sé, por eso te recuerdo.
¿Miedo? Existe nacer, y según me contaron también morir. Pero entre nacer y morir maduran las cosas, incluso el miedo. Te ofrezco una sonrisa. Pero, no te puedo decir que todo está en paz, la vida, el mundo. ¡Cómo duele el dolor! No te preocupes, "me he bañado en muchos mares y sigo sin ser agua". Tú y yo que tanto sabemos de mareas. ¿Oyes esa musica? Como el sonido del mar, pues ese sonido es tu corazón y el mío que laten como las olas mientras nos pensamos. A mí con saberlo me basta.
No sé lo que me retiene, no, no lo sé. A veces pienso que es esa manía mía de creer que nací para hacerme amar. Que cada vez que soñé me quedé dormido en los brazos de las ilusiones. Son tantas las cosas que piensas cuando no quieres pensar. Tal vez sea que aún recuerdo la imagen de mi abuela paterna y sus "decires". Quizás el amor, que no supo o no pudo madurar en mí. O que aprendí que el dolor es sólo de uno, así como que las alegrías, hoy en día, se me antojan unas invitadas, y además de paso.
Algunos salen a escribir el mundo y yo salí a vivirlo, No tengo otra teoría sobre la vida; ser un hombre de buenas constumbres e intentar seguir trabajando. Y es que yo no salí, creo que a mí me empujaron. No siempre son tristes las ausencias. Guardo en mi corazón tantísimas cosas bellas. ¿Miedo? Yo lo acepto porque me lo dices y esa es tu verdad. Amiga mía (sonrisas) en estos casos son las estaciones las que se acomodan a la tierra y no al revés. Un día, si tengo aún tiempo, te escribiré una carta sobre las estaciones de las emociones. Aún sigo sin saber a qué tierra pertenecen las mías, a menos que a mi corazón le llame "patria".
Decía Apollinaire; "ni siquiera han ahorcado a quienes no supieron aprovechar su vida". Tampoco creí, ¡Nunca! Que la vida fuese una mera sala de espera. ¿Serán estos los comienzos? Hacia un lugar que sea lo más parecido a una biblioteca, bibliotecaria incluida. Donde yo terminé y comencé a amarte. Entre tú y yo ¿la vida es un patio? Y ahora he de dejarte, me propongo escribir mi renacer.
Juan Antonio
P.D.
"Érase una mujer
que bajo una implacable, incesante lluvia,
se esforzaba todavía en limpiar
la barandilla del balcón de su casa,
con una balleta mojada".


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