viernes, agosto 29, 2008

Carta abierta a una amiga

Hoy, como jamás antes, he sabido el color del dolor. Y no me gusta. A todo lo que renuncié, a todo aquello que me llevo la desesperación, amiga mía, y sólo existe el camino a través de nosotros mismos. Y lo quieras o no, tarde o temprano, el destino se cumple. Es tal el grado de humillación que no lo siento. Pero el color sigue ahí delante, y me ciega, la conciencia no es más que esa visión que aún me despierta a lo poco que queda de esa vida que un día fui, “no puedo más” y sin embargo sigo.
Mis únicos refugios: regresar, impedir y luchar contra ese destino a la vez real, con las armas, mínimas, a mi alcance. Y resisto. Resistir, permíteme una sonrisa, ¿a qué resistimos? Resistir no es más que luchar contra corriente, no dejarte llevar. Antiguamente decían; “lo lleva en la sangre”, hoy es diferente; “debe ser genético”. He negado tantas realidades como ficciones he llegado a vivir. Ni en la sangre, ni en la genética, pero sí en los laberintos circunstanciales de un poderoso devenir, que lo quieras o no, positivo o negativo, es el que te pertenece. Y no digo que sea el que te mereces, aunque algunas veces sientas que sí. (¿Sentimiento de culpa?).
Mi único árbol prohibido, los dos sabemos cual es. Me procuro una cierta amnesia, ya sabes mi manera de ser. Se han inventado tantos mundos sobre mí. Cada mundo una respuesta a sus miserias, a sus inconformismos, pero eso ya, ¿a quién le importa? Lo que me salva es (que no se enteren los enemigos) mi propia conducta, mi formación donde tu y yo sabemos. Lo poco que me queda de la conciencia sobre el bien y el mal.
Amiga mía a través de estas palabras, dirigidas a ti yo me salvo. Y quisiera que pudieras alcanzar con lo que te digo esa libertad y paz que te mereces. Es cierto, no puedo más, y sin embargo yo sigo.
Los colores del dolor, aún ciego, son ciertos. Y si decides “no pensar”, se agudizan. Huir no sirve de nada, y quedarse depende de uno mismo. Tal vez mañana, la paz, tal vez mañana un poco de olvido. Los colores del dolor son cómo olvidar el afecto. ¿Amiga mía es verdad que algún día encontraré un poco de sosiego? Yo sigo pensando que sí, pero necesito que me lo digas. Pues la realidad ahora no es otra que saberme al alcance de cualquier peligro. Lo podré evitar o no, pero nada de lo que he llegado a encontrar y encuentro es mi vida. Entonces ¿dónde está la mía?
Un tiempo ocupado donde me pueda sumergir y llegar de la noche al día. Sólo eso. Un poco de afecto y conseguir mirarme de nuevo al espejo.
Amiga mía, acabo de descubrir que te sigo queriendo. Cuidate

Juan Antonio

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