martes, junio 10, 2008

¿Estúpidos?

Cuando las cosas vayan bien, algo habrá que haga que vayan mal. Me resulta difícil a estas alturas de mi vida creer en otra cosa que no sea el respeto. Hacia los demás y hacia mí mismo. Cuando las cosas vayan mal, acuérdate, que una vez fueron bien. Llegar casi al infierno, y no pasar de la puerta. Lo intentas todo; el reproche educado, las manos vacías y limpias, la sinceridad, la catarsis, la comprensión, el renacer a dos, y no hay manera. No hay más sordo que el que no quiere oír. Reconoces que en ocasiones fuiste excesivamente duro, despiadado tal vez. Que intentaste agitar los cimientos de muchos universos. Pero, vano intento, no hay más ciego que el que no quiere ver.
Salir de estos abismos, me ha llevado a varias conclusiones. Si la gente empleara su tiempo en mostrarse tal y como es, y no como dicen o quieren que se les vea, ¡qué ahorro de tiempo y de complicaciones para todos! Pero, también que hay que tener en cuenta este tipo de gente; los que nunca dirán sus verdades. No se atreven, no pueden, no saben, nadie les enseñó, y lo que es peor; ya no quieren aprender. El dato es importante.
Me voy a permitir dar una idea, por si estas palabras caen en manos de algún escritor; “indague en las excusas de esta gente, sería el libro perfecto y manual para la adquisición de argumentaciones delante de sus miserias”. Ese decir, el disfraz de sus debilidades expresado en múltiples y consideradas disculpas que les llevan a la propia conformidad. Sinceramente, el que no se conforma es porque no quiere, aquí es válido. Sí, “habla a tu corazón y no confíes en nadie, pues la falsedad del mundo está en el aire.”
Cómo para explicar a toda esta gente las reglas que rigen la comunicación entre los intelectuales, ¡Vamos, ni en Lourdes! “La cultura debe ser la capacidad de mantener una conversación con personas cultivadas sin producirles una sensación desagradable”. Yo me atrevo a decir, desde mi humildad, que la cultura debe ser algo así; poder hablar con todo el mundo, y que la conversación gire sobre el tema que ocupa a los interlocutores, sin llegar a esa pregunta fatídica; ¿pero, bueno y con quién hablo yo? Claro que la “capacidad temática” es cuestión de abrir libros, investigar, etcétera y no de un estado de ánimo que jamás se siente satisfecho a menos que alguien le de la razón.
Necios, faltos de inteligencia, sí, pero lo malo no es esta bolsa de gente; masa, sino que ese “ente” por sí mismo no llega a conclusión alguna, que no sea calmar sus apetitos (de toda índole) y además, no sólo eso, sino que también quieren que Televisión ( es su becerro de oro) les confirme su estupidez. “¿Lo ves? lo dice T.V. y si lo dice T.V. es verdad”. Podría citar algunas anécdotas, pero aún no, seamos respetuosos. Pues el pensamiento es diálogo y no monólogo, y esto lo vincula a la democracia. Pero cualquiera le dice a esta gente-masa, que el arte de la discusión es para permitirnos considerar un mismo asunto desde todos los puntos de vista posibles.
Decía un buen amigo mío, que quien se crea a sí mismo debe ser una persona culta. Tengo que decirlo, si hoy en día padecemos terrorismos, uno de ellos es la estupidez. Claro está que he conocido a gente que al arte de cocinar albóndigas lo llamó; “el arte de pensar en los demás”. Eso sí, como no te gusten las albóndigas, lo llevas claro. Claro que, siempre nos quedará hablar de cine, ¿de qué cine?....

Juan Antonio

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