miércoles, septiembre 17, 2008

Dolor...

Y dices, y quieres decir, pero ya no sabes qué, ni a quién, ni cómo…

Vivir en esas circunstancias, imagino yo, debe ser un infierno. Aferrarse a los instantes que sólo suponen “algo de vida” (no entraré en detalles). Que te posee, que te destruye. Que te abandona a la suerte de las aventuras. Atados a las transgresiones sucesivas, en busca de no sé sabe bien qué. ¡Qué amargura de vida! Ha pasado otro día y ni siquiera has sido consciente del tiempo, de las horas, de los momentos, te has limitado a ver pasar como el sol dibuja un arco, en un vacío insufrible que te hunde más y más. El grito es un alarido; “¡desnáceme!” El espejo, aquel donde te mirabas, el espejo de tu verdad se ha hecho añicos, y en cada pedacito buscas una excusa por cada asesinato de tus tiempos muertos. Te has ido, y no sabes porqué ni a dónde.
¿A qué le llamas vida? No, no me lo digas, no quiero saberlo. Un camino, ya no hay polvo. Titubeas y te derrumbas. Huyes, no la verás más y el dolor se niega a abandonarte. Pero debes regresar, por mucho que duela, al calor de la calma. Aunque te duela por brotes la existencia en esos momentos. Y loco de mí salí a escribir el mundo. En busca del caballo del olvido. ¿Qué puedo añadir? Triste como la ausencia, y sigo de pie. Y el pulso del corazón se acelera.
Érase una mujer…y cierras los ojos, aprietas los dientes..y callas..y sientes que el silencio se encoge. Pero el corazón aguanta, no se rompe y prolonga la existencia. Y estás seguro que las mariposas siguen volando, sólo que ya no puedes verlas. Hay muchas clases de vida, necesitas que te lo afirmen. Cómo ibas tú a saber que en ella estaba escondida el alma de tu vida. Que no te importe, que no te importe lo que pasó, y sigue recordando, sigue, sigue…. Tal vez, cuando la luna, venga a salvarme de este lago de desolación.
¿Qué distancia habrá al techo de la vida? Cómo se sale de la noche de los pensamientos. ¿Podré salir? Pero, algún sonido habrá que ordene las ruinas. Una simple voz que te llame, pues ni el viento cree que existes y te traspasa. Crees que en tu infancia, fuiste ave, estás seguro. Lo has recordado, a golpe de vientos, de mares, para alejarte de estas brumas. Y en este mar nuevo buscarás caracolas que te lleven al eco de la vida.
Nunca te gustó el mundo carente de sonrisas. Un mundo que mata poetas y asesina inocencia. Destino, llévame al mar, al fondo, quiero ser “pastor de algas, de peces y corales”. Destino ¿existe la vida?

Juan Antonio

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