Aclaración
Se debería materializar el milagro que siempre soñé. Si quieren que me quede, claro está. Acostumbrado como estoy a mis silencios, cómo cuesta explicarse. Si nadas en los mares de la supervivencia, cuando te encuentras con esa gente que sólo sabe nadar en aguas de errores, es difícil la comunicación, lo comprendo, pues suponen que tu voz aireó cuanto ellos secretan, y no es así.
A mí se me dio la voz para preguntar y en la medida de mis posibilidades, para contestar cuando me solicitan alguna valoración o información sencilla, ¡qué más da! Lo primero que aprendí en esta vida fue; ¡tanto tienes, tanto vales! Y llevo luchando 55 años, casi, en contra de esa sentencia, pues yo suelo decir; se trata de ser.
Diferentes paisajes me confundieron, todo hay que decirlo. Pero tarde o temprano la verdad flota. Y sí de algún error estoy convencido es de mí mismo. Yo soy el error. Claro que también soy un proyecto y como tal intento superarme a diario. Sin dejar de ser ese chiquillo que siempre fui.
De qué sirve el odio, el rencor, la difamación, no, no quiero nada de eso, pasar página y seguir caminando. “A veces, ante la mala manera de ser de los otros, uno se siente orgulloso de ser uno mismo y no otro.” Pero insistiré en la buena educación, y que todos tenemos derecho a una nueva oportunidad. Sea cual se la culpa, salvo raras excepciones, lógico.
Como existe el bien y el mal, existimos los buenos y los malos, y en medio muchos matices. ¿Quién se salva? El que esté tan seguro, que tire la primera piedra. No, no creo en la perfección, y menos en aspirar a ella. Pero si creo en “vivir”, pues no sólo basta con existir. Me lleve donde me lleve la vida, miraré o no atrás, pero mi certeza es que mantuve aquello que pensé en lo más hondo de mi corazón.
No sé de cuentos y siempre me sentí cuentero. No sé de amores y me sentí amado y amé, incluso, algunas veces, hasta rechazado. Pero, seguí creyendo en el amor, sin excusas, sin pretextos, o amas o no, es así de sencillo. Padecí dolor, llanto, alegrías, vivencias, ausencias, despedidas, encuentros y desencuentros. Pero nunca necesité justificar absolutamente nada, la verdad es así, no necesita de mentiras. Y valoro por encima de todo la amistad, si es incondicional. Y en mi propia piel comprobé que existe.
Exigimos, creo yo, lo que nunca estamos dispuestos a dar, y lo hacemos como una defensa. Por si a alguien se le ocurre pedírnoslo. En mi caso es sencillo; nunca aprecié tanto la libertad que cuando sentí que mi corazón dependía de otro. Buenos modos, educación, respeto, solidaridad en la medida de lo posible. Y ¿porqué no? Sonrisas que decoren nuestro día a día. Aunque de vez en cuando sea bueno enfadarnos un poquito..
Juan Antonio
P.D. Para todos aquellos que alguna vez creyeron en el amor y sin saber porqué se alejaron al país de “las torturas propias”. Y si me lo permiten, a la isla donde se justifican todas las bajezas humanas.


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