La fuerza que nos acomoda...
La fuerza que nos acomoda los pensamientos.
A mí la vida me llamó a cada instante. No tuve tiempo para pensar, como esos otros que mientras piensan la vida, y mientras lo hacen, no la ven pasar. O acomodan sus vidas a lo que haya de pasar. Haciendo planes a cada instante. Vivir debe ser más sencillo, creo yo. Luchar por lo que quieres, poner los medios, tener objetivos, disfrutar a cada momento los segundos, los minutos, sacarle partido a las horas. Estirar los días, hay tanto por aprender.
Lo quieras o no, todo se escapa al final. En cada tramo de la existencia, la de cada uno, supongo que existe un objetivo. Aunque en mi caso me vinieron impuestos. Sueños que quedaron por el camino, no sólo sueños rotos, sueños que no se dieron pero sí se pensaron. Qué podría decir yo que quise ser, si aún lo estoy pensando. Alguien me debió dejar en esta vida, como la madre que le dice al hijo; “no te muevas de aquí, ahora vengo”. Y como tardaba tanto salí a pasear, mientras venía. Supongo que volverá por mí.
Ahora comprendo, sin saber el motivo entonces, porque lloraba en las navidades. Decían que un niño nacía. Pero, hagas lo que hagas, o pienses lo que pienses es igual, los demás nunca te verán tal y como eres. Te verán según te acomodes a sus pensamientos. Nunca llegamos a ser lo que pensamos, claro está, tampoco como nos ven los demás. Lo único que dirá de ti es tu conducta a los ojos ajenos.
De dónde emergerá esa fuerza que dicta la ley de tu pensamiento, si esto es bueno o malo, no debí hacerlo, debí arriesgarme, son tantas las frustraciones y a la vez las compensaciones que buscamos para tranquilizarnos. Yo recuerdo una mujer que a su compañero lo cambió por un gato. Se trataba de cuidar a alguien, qué más daba, y además los gatos no son respondones. Y eso le permitía conocer a más gente, con la intención de seguir olvidándose.
Qué fácil justificarnos cuando la moral desaparece. Existen hombres que hacen posible la alegría, sin embargo otros, mejor no decir nada de lo que hacen posible otros. Tal vez sea el tiempo de volver a las cosas pequeñas, sencillas, a las de siempre, a la tradición, a las buenas costumbres en definitiva. Regresar al secreto de la lentitud o adaptar mejor esa velocidad que nos enloquece en nuestras vidas.
He oído tantas veces que la vida va en serio, he contemplado tantas veces las mentiras, que apenas si distingo una verdad en cualquier entorno conocido. Pero me resisto a la idea trágica que todo está perdido. No somos más que una parte, muy pequeña por cierto, de la historia que nos ocupa, sólo que podría ser de otra manera, más benevolente, más justa. Hablo de todos, sabiendo que queda mucho por conseguir, por alcanzar.
No quiero escribir la esperanza, es el tiempo de acción, de actuar desde nuestra parcela, el día a día, hacer es también amar, hagamos pues, seamos coherentes con el mundo que nos rodea. Exijamos la justicia, la solidaridad, las libertades, seamos ciudadanos de nuevo.
Peatón


<< Home