Cuántos mundos más necesitamos vivir...
El fin del mundo, de nuestro mundo, tal y como lo conocemos.
Cuántas veces no hemos tenido esa misma sensación, dentro de nosotros mismos, el final de un mundo, de nuestro mundo, y sin embargo, para mejor o peor, hemos vuelto a renacer.
Una idea, un pensamiento, una ilusión, un deseo, quieres el encuentro de la pasión nueva. Olvidas todos los pasados, dolores y sufrimientos. Te lo crees; puedes volver a amar. La idea toma forma, quieres el encuentro, no quedan otros espacios, abrazar a esa otra persona, conocerla, saberla, y a ser posible, tenerla. Comprobar que sea recíproco.
Las palabras se ensanchan, alcanzas los compromisos, defines tus tiempos, te armas de paciencia, crees entregarlo todo, esperando poder entregarte, a ti mismo. Idealizas, sueñas, no quieres habituarte a la distancia, te incomoda, ni a la ausencia, te precipitas, dudas, desconfías, vuelves a amar, mueres y renaces a cada instante. La esperanza es impotencia, no la quieres, y exiges el principio y el final de la historia de manera intemporal, quieres una historia fuera de todas las historias, juntos.
Te desprendes de los absurdos, concretas tus días, todo gira en torno a este nuevo amor, ensayas todas tus verdades, desaparecen utopías ficticias, melancolías, nostalgias, el pasado es olvido, y te sumerges en esta nueva posibilidad, amar. Ordenas tus días, los articulas, nuevas oportunidades, cómo alcanzar el objetivo, la meta, besar. La idea que todo renacerá con esa otra persona, que el destino, por fin, te tiene en cuenta.
Lo sabes, debes alejarte de todas las historias que no sean tu propia y nueva historia, el corazón te guía, una historia común a esa persona, a su vida. Lo piensas, la carne son cristales y como tal el agua lo purifica todo, te arriesgas, aceptas el nuevo reto. Piensas de nuevo la fidelidad, un amor que ni siquiera conoces pero que viene con las mismas exigencias que cualquier otro amor, pero quieres creer, que este amor es el que siempre buscaste. Lo deseas, lo intentas, tu vida cambia de nuevo, recuerdas las sonrisas, las carcajadas sinceras, y los fantasmas del pasado se disipan.
Sólo falta el encuentro y decides la nave de la paciencia. La espera. Y alimentas cada instante dibujando paisajes, caminos, que te lleven al amor, al nuevo amor, a tu amor.
Bendita capacidad de las que no se rinden ante los fracasos amorosos. Y aprovechan de nuevo las oportunidades que el amor les da.
Yo te pienso amor, yo te pienso, paciencia, pronto salgo, pronto voy, a tu encuentro, a nuestro encuentro.
Peatón


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