miércoles, noviembre 21, 2007

"La tierra de nadie"...

Existe un lugar que yo llamo “la tierra de nadie”. Donde absolutamente todo puede pasar. Un mundo paralelo que a la mínima que te descuidas, te atrapa. Ubicándote sobre el centro de un punto, que tarde o temprano, es capaz de engullirte. La tierra de los espejismos, de los cristales rotos, donde el paisaje es siempre el mismo y lo mismo; tú. Donde se agudizan todas las contrariedades, las frustraciones, donde al mismo tiempo se cuestiona la existencia alejándote de tu vida real. La tierra que te hace descender a los abismos de tus propios fantasmas. Donde la luz brilla por su ausencia, un pozo sin fin que te quiere sólo a ti.
Y lo peor es que nunca llegas a saber qué o quién te ubicó en dicho lugar. Son muchos los que creen, al pisar dicha tierra, que han encontrado su propio lugar. Son muchos los que se alejan de cualquier responsabilidad conocida, y ausentes de cualquier entorno conocido y real, lo único que quieren es experimentar todo tipo de sentimientos y sensaciones, las que sean. Invenciones, ilusiones, marginándose cada vez más y adentrándose en la más absoluta de las oscuridades. Estás frente a ti mismo. Tu película, tu verdad, tus mentiras. Delante de tos los inicios y finales conocidos, en el amor, el desamor, el pasado, lo que queda de las aspiraciones de futuro, el laberinto de lo que ha sido tu vida y de lo que pudo ser. Una sed insaciable se apodera de ti. Lo que te impide distinguir entre lo real y lo virtual, entre la verdad y la mentira. Poco a poco te vas sabiendo otro, carente de felicidad, pero ya no puedes dejar de caer.
Para regresar a la realidad y para abandonar esos abismos, me dije que debía aceptar ese tiempo, sabiéndome en la noche del pozo. Aceptarlo como una realidad que debía cambiar. Y me serví de las armas que siempre me han caracterizado; un buen sentido del humor, alegría de vida, afrontar con la máxima dignidad cualquier laberinto que me saliera al paso y al que debiera enfrentarme. Que tarde o temprano, una buena dosis de esperanza, un rayo de luz conseguiría introducirse por algunas de las rendijas del pozo y me indicaría la salida. Y es lo que hice y lo que hago, nada más. De qué sirven los lamentos. Reconozco que los fantasmas de la oscuridad son poderosos, te atraen, te engañan, te equivocan los caminos. Pero tienes que seguir, seguir según tu conciencia, y ahí está el éxito, no olvidar nunca quién eres. Aprender a decir que no, y nunca detenerte. Seguir y seguir pensando, imaginado la luz, y que la final de ese rayo de luz existe una posible salida.
Cuando alguien llega a mi corazón y entra sin pedir permiso, la mayoría de veces sé a lo que viene, pocos me sorprenden ya. Buscan amor, otros huyen del amor, de la rutina, del aburrimiento que los mata lentamente. Otros aún no han cruzado la frontera hacia la tierra de nadie, aún buscan desesperadamente lo que les de sentido a sus vidas. Y mucho son los que vienen a buscar un remedio y un perdón que no está en mis manos conceder; los hijos de sus propias mentiras.
Qué fácil es inventarnos un mundo a nuestra propia medida, y qué difícil aceptar y luchar por mejorar nuestra realidad asumiendo las responsabilidades que tocan a cada uno. Pero hay que decirlo, hay que asumirlo, que la vida va en serio. Que el mal existe, tan cierto como soñamos y creemos en un hipotético Bien.
Siempre he creído en mi mundo mágico, en ese cuento de príncipes y princesas en cuanto al amor se refiere, y además, con ojos de Peterpan. Y no sé, ya no lo sé, si se dará o no se dará, pero yo necesito seguir creyendo. Para ser, para estar, para la vida. La vida aprieta y no ahoga sin con las armas que posees aprendes a nadar, en este mundo loco, loco, loco de verdad. Y no es cierto que lo bueno sólo les pasa a los demás, los demás también somos nosotros, tristezas e ilusiones incluidas. Y no te preocupes, aquí no se queda nadie, y los que ya se fueron nunca volverán. Pero sí queda lo que nos enseñaron, todo aquello por lo que lucharon, en lo bueno y en lo malo.
Di conmigo que lo vamos a encontrar. Di conmigo que ese deseo es el que nos mantendrá en la lucha. Que si no existe ni principio ni final, tú y yo ya lo sabemos, pero que tú y yo, un nuevo mundo más justo, sabremos diseñar, dibujar, pensar. Un mundo y una historia que jamás nadie llegó a imaginar. Porque tú y yo sabemos, que seguiremos desesperadamente buscando el verbo amar.

Peatón

domingo, noviembre 18, 2007

Gracias Vida,,,GRACIAS...

Llega la noche, y sin saber porqué ni cómo, te entregas, a ti mismo, como una mujer que acaba de saber que va a ser madre. Con la ilusión y el temor que conlleva. Las paredes de la soledad se me antojan hoy estrechas, y por las voces de las tinieblas, sé que he triunfado, de nuevo voy a ser yo. Vuelvo a ser compulsivo y caótico y tengo el alma en paz a punto para volar. Qué poco duelen los recuerdos esta noche. Paredes estrechas pero dibujadas por un manto de estrellas que me anuncian los nuevos días.
La vida viene marcada por la lucha contra el destino. Y cuando brotan en todo su esplendor las nieves, sabes que lo importante no es el destino, pero sí la lucha. No importa ya detrás de lo que corres, pero sí cómo corres. Las amenazas exteriores, incomprensiones, el mundo y selva de la oscuridad, ni tan siquiera el abismo de las mentiras pudo conmigo. Yo tengo duende, duende de un corazón sincero, duende de amor verdadero, duendes de ese mundo aún por venir, y que sé que vendrá.
El territorio que me ocupa se me antoja lejano, tierra de los que ya se han ido, de los que nunca estuvieron, de esos personajillos que hace mucho desparecieron de la superficie real del mundo, y cómo gritan para hacerse notar. Pero ya son invisibles a la verdad. Hoy, y en esta noche preñada de esperanzas, veo otra gente. Cada individuo con su historia personal a cuesta. Los que se empeñaron en ser, esos sí están. De los otros nada más puedo decir, son el olvido. El fulgor de lo intenso lo llevan en las manos. Supieron arar la tierra de la vida y esperar, y amar, y cuidar, y compartir. Solidaridad, responsabilidad, respeto, libertad, ciertas palabras no se pueden traducir.
Por fin una noche sin fantasmas, por fin la noche es el puente entre el mundo de las tinieblas y la esperanza hacia “las claras del alba”. Una vida de ilusión, de emociones y tragedia. Y lo sabes, cuando algo ha ido mal se pagan las consecuencias. Es la historia de siempre, la experiencia del amor y el sufrimiento que cobija pasiones, miedos y frustraciones. Esta noche no puedo controlar lo que escribo, la garganta es un nudo que poco a poco se va aflojando. Y siento que por fin respiro.
Nada envidio, nada, absolutamente nada, tengo y me tiene; la vida. Padezco la salud que corresponde a mis edades y mi corazón vuelve a ser un niño. Hoy recuerdo vida, como los trapecistas, tú y yo vida, besándonos en el aire. El sabor del tiempo, aquellos lugares comunes a la alegría, con esa gente buena, la que me quiso, la que quiere. Hoy recuerdo lo que fui, lo que soy y lo que siempre seré; mortal como todos los demás. La luz de aquella anciana que con sus ojos que me decía; “ama la vida y ella te amará”. Cómo te echo de menos abuela mía. La que le robaba los juguetes a la Navidad para dárselos a los niños en busca de sonrisas.
Yo soy ese momento en que tu mirada y la mía fueron cómplices y se prometieron en un cruce divino, luchar siempre en contra de cualquier destino. Gracias, es lo único que conseguirá que esta noche yo pueda dormir, dar las gracias, a todos, al cielo, a los caminos, a los amigos, a los que me tendieron la mano, a todas las sonrisas que se cruzaron conmigo. GRACIAS A LA VIDA.

Juan Antonio

lunes, noviembre 12, 2007

Se trata de amor, ¡sólo de amor!

Esto no va de despechos, ni de rencores, a quién le interesa la revancha, sino a los perdedores. Esto va de un gesto tranquilo que se desprendió de una nube de desesperación. Cuando un corazón ama, a pesar de las derrotas, siempre es vencedor. “Perdedor puede ser, pero jamás vencido”.
Me prometiste la luna y yo me lo creí. Mis pocos espacios eran lo que queda después de la batalla. La batalla de un matrimonio que hacía tiempo perdí. Como gané la muerte y no la quise, los cobardes no van a ninguna parte. Venías con el disfraz de la ternura, esgrimiendo soledades que empaparon mis ojos, los mismos que enamoraste. Haciéndome creer en unos horizontes nuevos, que por lo visto, sólo existen en el país de “nuncajamás”.
Pero venías para salvarte, no para salvarnos, y yo no lo vi. Llenaste mis vacíos con promesas que calman heridas pero no las curan. Venías a consolarte no a consolarnos. Venías para amarte, no para amarnos. Y yo enamorado, y sólo de ti. Tu nunca abandonaste “tu guerra”, la que te venció. Destrozando, por el camino, como depredador experimentado, cuantos corazones te salieron al paso. Pero no supiste caminar, caminar es de gigantes. ¿Cómo amar cuando las únicas armas son las mentiras?
Cuando saliste de mi corazón quedó el vacío de una presencia que jamás existió, pura ausencia. Hoy la presencia es un campo de batalla donde sólo existo yo y cuantas soledades pueda encontrar. Nunca lo sabrás, nunca lo vas a saber, lo quieras o no, la vida consiste en amar y ser amado. Y tarde o temprano quien utiliza el amor como arma arrojadiza, muere en el desamor más profundo.
Me lo dicen los vientos y las lluvias, que tarde o temprano, brotará de la tierra, la tierra que me hiciste sembrar con lágrimas de amor, de sangre y dolor en surcos de sufrimiento, y porqué no, de vida. Brotarán árboles, árboles de savia nueva, y nacerán ramas amorosas de nuevo, y surgirán hojas verdes que llevarán mis cicatrices; vida y amor, vida y amor, vida y amor. Pues yo no entiendo cómo se arrastra una vida de cuerpo en cuerpo, de miseria en miseria.
Pero, por fin sé quién eres; no eres. Y si algo eres, el ladrón que después de un terremoto se arrastra entre la ruinas de las desgracias, de las vulnerabilidades, del sufrimiento y debilidades ajenas. Pero, no te preocupes, somos lo que comemos, Y tú no eres más que un empacho de complejos y dolores ajenos. Que vas a padecer, durante toda tu vida, léelo bien, dolor de muelas en el corazón, en cada soledad que te vuelvas a refugiar, esto te lo auguro yo. Y que todas las empresas amorosas que emprendas, te pase lo mismo que a mí contigo multiplicado por siete, en arameo, aunque no lo entiendas, y eso ya no te lo auguro yo, sino el cielo que es quien premia y castiga.
Anoche me vistió el ángel de la guarda, ante tanto dolor, vino a consolarme. Me contó que soñar también es amar. Y estas cosas me dijo.
Verás que ya no es un día más o un día menos. Que los acontecimientos se sucederán con calma. Y verás cómo vuelan las almas. Que nos podemos separar de las cosas, de casi todas, pero no del espíritu. Porque espíritu es lo único que somos. Energía viva, y si te la ganas, amorosa. Que comprenderé que el tiempo sólo es un marco y que lo que llamo vida es una casualidad necesaria. Que un día abandonaré los paisajes que me sirvieron para comprender el ayer, el presente y el futuro. Y que cuando regrese a la vida podré decidir no regresar jamás a siempre, es decir, a la nada, a nunca. La instantánea de la contemplación, de la verdad absoluta hará estallar todos los tiempos conocidos y vividos. Y seré y me sabré parte de lo absoluto. Lo que veo es lo que soy.
Después, depositando su mano sobre mi frente, me dio paz, me relajó, y me dormí, oyendo esa música infantil, duerme, duerme, duérmete mi niño, Mañana, de nuevo te toca renacer, mañana, de nuevo, la vida.
Buenas noches, noche.

Peatón

P.D. Gracias, Diosito, por bendecidme con la paciencia y el amor

sábado, noviembre 10, 2007

Cuando la noche penetra en mis silencios...

Para reencontrarme sólo accedo a palabras sencillas. Imagino que intento alcanzar un sosiego antes de la tormenta. Me acecha la soledad. Pero ya no sé desde qué lugares escribo. Asirme a través de estos pensamientos a un espacio vacío ocupado, ese vacío del cual necesito emigrar. No, no son días, no, no son tiempos, ni tan siquiera un lugar. Sólo son situaciones que necesito aclarar. Conseguir separar lo que soy, lo que siempre fui, de todo lo demás. Un hombre de bien y seguir trabajando. No existen tiempos vacíos a menos que los acompañe la soledad. Después, y con la paciencia que me caracteriza, intentaré, de nuevo, alcanzar el olvido.
Atrás queda lo que viene y se va; recuerdos espontáneos. El presente como trampa, días y engaños, momentos quebrados de esperanzas, y en el futuro ni quiero pensar, ni hablar. ¡Qué cierto es! Pasa la vida no el tiempo. El tiempo siempre está. Mi memoria es una fotografía en blanco y negro donde los colores van tornándose colores sepia. Como si todos los personajes que la ocupan quisieran desaparecer. Aunque también pienso, todavía, que algún valle verde encontraré. Por muy pequeño que sea, donde leer y seguir escribiendo todo aquello que veo, todo aquello que siento.
Me relajé bastante en cuanto a las verdades de la vida. Me cuesta mucho reconocer dónde están los buenos, dónde se esconden los malos. Empiezo a no saberlo. Imagino que sí, que deben quedar algunos buenos. Como tampoco consigo olvidar que hoy en día sólo cuenta lo material. Yo que siempre navegué en esa nave llamada corazón, ahora me siento preso de los vientos de los sentimientos. Pero el cielo y yo nos hemos vuelto a reconciliar y de vez en cuando me envía algunos brotes de felicidad, y eso me sirve para seguir soñando. Aparentemente controlo las emociones, espero que nadie me rete, los miedos no, y son muy fuertes. Cualquier día se me antoja una vida entera.
Debo regresar a las selvas del conocimiento, tarde o temprano regresaré. Donde las alegrías constan en conocer y aprender, descubrir cada día algo nuevo. Ya no me fío de doblar las esquinas, me informo mucho antes. Pues las mentiras son capaces de esconderse en cualquier rendija. O todo o nada no es más que un cuento infantil que de tanto decirlo se desdibujó. Ya no apuesto a ningún número conocido, del cero al diez, no. Ya no apuesto por nadie ni por nada. Ahora sólo soy yo y algunos personajes demasiado sabidos. He llegado a pensar en emigrar a otras galaxias, al ver que la topografía de mi sensibilidad se podría confundir con un páramo. Sinceramente, no me llamo Noé ni quiero llamármelo.
Las madres suelen y deben poner los nombres a sus hijos, las madres son las que se anticipan, en sus entrañas, a la eternidad. Como ama una madre no ama ni te quiere nadie.
Acaba de aparecer. La noche. La hora donde todos se van pensando que llegan. Mis noches las ilumina una lámpara tímida y silenciosa. Con los pies y las manos fríos, cuando el alma se calienta. Divago por estos caminos con la verborrea que me es habitual, intentando alcanzar el sueño, intentando un poco de paz. Pronto se cerrarán los sonidos y mis silencios gritarán. No es cansancio, no es hastío, la noche cerrada y mi mente en paz, se trata de otra estación, de otro andén, que me saque de este horrible lugar. Pase o no pase el maldito tren que todos llamamos; “las cosas de la vida”.
Abandono los sentidos, el todo, la nada, voy a las orillas del siempre, más allá de las fronteras de mis cielos despejados. Pero no es cierto, me he vuelto a engañar, no son más que mis ojos azules, bañados por el mar, que se reflejan en esta eterna oscuridad, la noche que te engulle aún más en la soledad.La noche invade mis silencios.

Peatón.

domingo, noviembre 04, 2007

Cartas a una mujer

No sé si lo recuerdas, pero en uno de mis descuidos, uno de esos momentos en que el día aprieta y parece que aún no amaneciera, te hablé de mí. No sabía cómo decirte que el amor nunca muere en soledad. Y me dispersé en conceptos confusos, sobre las cosas, sobre momentos que de alguna manera u otra ya pasaron al olvido. Pero reconozco, mortal como todos, que a veces necesitamos decir. A medida que te fui diciendo comprendí que la historia que narraba, hablaba de un pasado extraño, de una persona que apenas si tenía que ver conmigo, pero que obviamente, una vez fui yo.
Creo haber aprendido que las verdades hay que decirlas con voz tranquila, y en esa ocasión, cuando te expliqué algunas de mis lágrimas, me exalté. Discúlpame, pero hacía tanto tiempo que no decía, que temí quedarme mudo, y aceleré el ritmo de las palabras, alzando la voz más de lo debido. Me dijiste que esas cosas se hablan en silencio, aunque estés mirando unos ojos que no son los tuyos, y llevas razón. Pero es tan bonito, tan reconfortante tener a quién decir.
Siento una fuerte empatía por la gente que ha sufrido atropellos, y al decírtelo me reconozco entre ellos. He aprendido a callar durante toda mi vida. El día que me dio por aclarar las cosas, supe que no había nacido para decir, sino para escuchar y narrar. Dejar pasar las cosas, dejar que las aguas sigan su cauce. Qué locura la mía querer vaciar un mar en un amor no correspondido. Pero como dice el refrán, agua pasada no mueve molino.
Estoy sosegado, tranquilo, esperando el momento oportuno para embarcarme de nuevo. Pero ya en ninguna historia. Desde ahora en adelante me quedo en los camerinos. Mi ciudad sigue igual, mis calles perviven a todos los tiempos y el reloj de la catedral sigue atrasando el tiempo. A veces camino de revés para recuperar el tiempo perdido, pero no sé, de verdad que no sé si lo consigo. Al menos he tomado conciencia del tiempo, de un tiempo, que aunque no sea el mío me sirve para seguir luchando. Pues como decía mi abuela materna, las de los ojos azules y pelo nieve; “quien no es agradecido es un mal nacido”.
Descubrí otros caminos, otras posibilidades, y no son las de siempre, son caras diferentes y se dicen “amigos”, pero sabes de mis desconfianzas, de lo que he sufrido, y ahora temo que de nuevo me engañe el destino. He rectificado mi conducta, y cuando camino siento un asomo de sombra que parece mía, tal vez haya regresado y me ilumine los caminos. Al final conseguirán que crea que el cielo existe. Que lo mágico siempre va conmigo.
No he dejado de soñar, ni he podido olvidar el verbo amar. Así que tendré que acostumbrarme a las ausencias y al olvido. Al menos me quedará la soledad y ese eterno silencio que siempre fue mío. Veo las cosas diferentes con los mismos ojos, y no sé si eso tiene sentido. Pero también creo que lo importante es ver, aprender a mirar, observar en ese abanico de percepciones que significa lo que vemos, lo que creemos ver, y cómo los demás nos ven. Siempre me ha gustado ver las cosas a cámara lenta, como si el tiempo se fuera ido y sólo quedara la impronta de aquellas huellas que fueron, pero que ya se han ido.
Espero que aquellas lágrimas no te sobresaltaran, ahora lo sé, fue en un descuido. Quién gobierna un corazón como el mío, no lo sé, la verdad es que ya tampoco quiero saberlo. En estos días, lo más importante, es llevarme bien con la vida, conmigo, con los demás, y ejercitar la coherencia que me caracteriza; educación, calma y paciencia. Pues quién, en alguna ocasión, no se sintió perdido. Y una lágrima dejó escapar…

Peatón

P.D. Todos los días están llenos de secretos e intimidades. Como también sé que he dejado de prometerme la luna.

Permíteme un discreto gesto...

Tal vez no podemos conocernos, pero, estoy seguro, que intentamos narrarnos a diario. Y con esa idea vivimos, dándonos falsos impulsos a través de historias nuevas. Ayer me sorprendí preguntándome; ¿queda lejos lo imposible? Me contestaron que siguiera el camino de lo bello, hasta dar con lo auténtico. Y que una vez allí preguntase de nuevo. Cuántas barreras más habré de eliminar, cuántos obstáculos. Estoy más que harto de encontrarme cara a cara con lo perdido. Nunca tuve miedo, miedo de qué, a qué…
A mí el pasado nunca me sirvió de experiencia. Yo soy de presentes enigmáticos, de abismos abiertos, de mañanas preñados de fe. Anegado siempre en la sinceridad de la imaginación. Yo soy de los que camina sobre el viento, la única manera de saber quién soy. Soy de aquí y de allá, sabiéndome ni de aquí ni de allá. Y es que a mí me gusta llevar mi país allí donde voy. “Soy lo que soy, y lo que seré”. Como también sé que no puedo ni quiero regresar a lugar alguno.
Incluso cuando sentí que la vida me abandonaba supe vivir. Porque me quedaban las palabras, que juegan conmigo, lo sé, que me enloquecen, que me aman, que me consuelan y me miman. Sólo la palabra me hizo ver que soy un discreto gesto de una sombra que ya no percibo. Entregado a cualquier acertijo que se me presente en los caminos. De qué me puede servir preguntarme ¿para qué, o porqué vivo? Yo vivo y punto. Pues quién te enseña a vivir sino la vida misma. “Cada cosa tiene su belleza pero no todos pueden verla”.
Y sólo opino sobre las impresiones obtenidas de mi universo vivido. Cómo voy a saber lo que pesan los recuerdos, lo que pesa el daño recibido, yo de esas cosas me olvido. De qué sirve perderse engañado en los reflejos. Pero sé mucho, y de esto no me olvido, de los amargos aromas de amores derramados. Como también sé que amé y me amaron. La luz, la vida, siempre vuelven, te lo digo yo que regreso de las noches más largas. Yo no percibo la vida bajo mis pies, yo la siento en mí. No huyo del tiempo sino hacia otro tiempo.
Recuerdo cada instante en los que me fui de la vida, olvidándome. Para regresar al siguiente instante, recordándome. Eran tiempos, los recuerdo bien, donde siempre llovía, y yo andaba sin paraguas. Y aprendí el amor en cada uno de los corazones que me amaron. Sujetándome a las palabras, las que ya existían y las que inventaba. Porque sé que cuando amé siempre estuve en mi tierra. Y ahora lo sé, la tierra no existe pero el amor sí.
Sólo soy ese gesto, reflejo de lo vivido, deseado o no, pero vivido hasta las últimas consecuencias. Es cierto, yo sé que amé.

Peatón

viernes, noviembre 02, 2007

Somos nosotros los que venimos...

Somos los que vivimos en la misma casa con diferente educación, pero hijos del mismo tiempo y de los diferentes lugares que nos puedan ocupar. El movimiento de migración, antiguamente, se estudiaba por distintos factores, hoy en día, son otras cuestiones las que obligan a millones de personas a emigrar de sus países. Y la principal de todas es el hambre. Somos una sola ciudad con diferentes etnias que la representan, somos la humanidad, os que aún no se han enterado algunos…
Esta época, la que vivimos, me hizo recordar la historia de todas las historias por excelencia; Roma. Claro está que en aquella época se contaminaba menos. El auge y caída de los imperios. Pero esta vez es diferente, es la supervivencia del planeta o el desastre total. En su defecto llevarnos a una época donde unos pocos, muy pocos, van a vivir muy bien a costa de todos los demás.
No creo que sea el fin de la historia, ni mucho menos, pero sí creo que es urgente que los organismos que nos representan a nivel mundial tomen medidas de urgencias. Que ese orden mundial al que todos estamos supeditados económicamente, cambie. Que lo social emerja para articular formas de vida. Que lo enseñen en los parvularios. Que lo impartan como materia obligatoria en todos los países; los que vienen somos nosotros. Y todos, absolutamente todos, tenemos derecho a la vida, y a una vida digna.
Cualquier modelo económico conocido ha fracasado, si bien no sobre el papel, sí en la aplicación, en la práctica. Debemos reconstruir los parámetros que hasta ahora han regido ser o no ser persona, esta o no estar incluido. Pero con mano firme y desde ya. El hombre ha sido y es capaz de verse como un animal, y si dejamos el canibalismo fue porque perdimos la forma de los dientes incisivos. Fuimos capaces de comercializar con esclavos, negros o no, fuimos capaces de matarnos los unos a los otros, fuimos capaces en nombre de todos los dioses de las formas de horror más inverosímiles. Fuimos capaces de inventarnos todas las guerras posibles y justificarlas con todas las armas disponibles. Y ahora hemos de ser capaces de parar tanto horror y decidirnos por una humanidad global, y no se trata de “globalización”, sino de la gente, de la que muere por inanición, por enfermedades ancestrales, por el nombre de un dios inventado.
Debemos dejar Caín a un lado y abrazarnos a Abel. Ya es hora. Debemos dejar de consumir las atrocidades que nos venden. Dejar a un lado “yo tengo” y volver a “yo soy”. Encontrar alternativas que mejoren la globalidad del planeta y sus gentes. Y para ello yo propongo la cultura, la educación, un solo idioma, una palabra común a todos; somos todos. La moral no ha de ser otra cosa que la mejora de la evolución de la humanidad, en todas sus vertientes.
Estamos dentro de un círculo vicioso que incluso las formas atípicas nos sorprenden, otro tipo de familias, otro tipo de relación, las exclusiones, las diferencias, los del otro lado, el terrorismo despiadado de la ignorancia en nombre de no se sabe quién. O compartimos el granero, o lo poco que queda, se nos pudre. Y compartir es abrir horizontes, buscar otras soluciones, otras tierras donde sembrar, otras lluvias que recibir. Otros mares donde pescar.
Es cuestión de tiempo y de cultura, no de ricos y pobres. Es cuestión de sabernos los otros, no diferentes. No conozco una sola revolución anterior que no haya desembocado en una dictadura militar. Y es que no se trata de gobernar, se trata de compartir, de vivir, pero viviéndonos los unos a los otros, es decir, sabernos de la misma casa. El mejor gobierno es el que dura poco, y da paso a otro, como si de un relevo se tratase, Como el profesor de un pueblo que da paso a unos de sus alumnos para que asuma sus funciones. Es cuestión de cultura, repito, y la cultura somos nosotros, los que vienen y los que estamos, para encontrar mejorar la vida, calidad de vida que nos englobe a todos, no sólo a unos pocos.
Yo propongo la revolución cultural de todos los tiempos y caminar unidos hacia una misma lengua; la de todos.

Peatón

Ir hacia donde duele...

A veces ir hacia el dolor, hacia la fuga, no representa peligro alguno, sino que, por el contrario, permite alimentar el sueño de amor y propicia la salida de los fantasmas. No hay que temer a los fantasmas del amor, hay que hacerles frente. Lo que ves, lo que te molesta, lo que te duele, lo que no comprendes, o simplemente lo que no quieres.
Las debilidades personales, propiciadas por la atracción pasional hacia lo extraño, nos empujan a argumentaciones de pasión y frustraciones. Contradicciones, rencores, grandezas y miserias de la naturaleza humana. Cuesta reconocerse perdedor en el amor. Deja un gusto agridulce. Como si la tierra que pisas desapareciera. Y si ganas (¿se gana alguna vez?) los malos recuerdos desaparecen, te sabes acompañado. Pero quién no se ha preguntado alguna vez en la vida; ¿qué tendrá el amor que es capaz de dártelo todo, para un segundo más tarde, si quiere, quitártelo?
Creo que poco a poco nos vamos aproximando a otra dimensión del amor, que los viejos cánones que nos rigieron hasta hace poco, ya no son válidos. Es obvio que todo o casi todo, siempre es cuestión de dinero, de intereses; ¡tanto tienes, tanto vales! Pero hablo de una forma de vida que nos permita estar, ser y vivir sin que pese sobre nosotros la espada de Damocles “amor”. Al menos tal y como lo vivimos hasta ahora. Pues si el amor salvaba, también hay que decir que hundía.
Esto va de amor en la relación de parejas, pues los otros amores, son más tiernos, más llevaderos; la familia, los amigos, encuentros pasajeros, los afectos vinculados a la sangre, a unos lazos de promesas y necesidades conjuntas, amor a la naturaleza, a la vida, etc. Pero en la vida existen otros objetivos aparte del amor y de la felicidad.
Creo que se debe ser exigente en el amor desde un principio, para evitar males mayores en un futuro. O es amor o no lo es. Y decidir que más vale la amistad que un amor que incluso niegue esa posible amistad. No, no debemos conformarnos, es un grave error. Por piedad, por pena, pon interés o simplemente porque no teníamos otras cosa que hacer. O por el simple engaño de creernos que esa otra persona, a través del tiempo y del roce, llegaría a amarnos. Ni engañarnos, ni engañar, ni dejar que nos engañen.
Para que el amor se de, necesita ser correspondido. Cuántas veces nos hemos enamorado de alguien que ni siquiera ha notado nuestra existencia. Como un amor platónico, o no, sino que era sólo un sueño que nos permitía soportar el desengaño en que vivíamos. Si el sentimiento del amor se encuadra en el respeto, en el saber perder y ganar, en el cariño hacia la otra persona, a pesar de todo, consigues salir ileso. Pero, qué cierto es, existen amores muy egoístas y posesivos.
Llego a la conclusión, no sé si me equivoco, que es importante la calidad de vida. Sabernos nosotros, lo que queremos, lo que hacemos, a los demás, cuidarnos en la medida que podamos hacerlo. Estar definidos personalmente en lo político, lo social, lo económico, pues ya lo sabemos, algunas veces las cosas se dan bien y otras no tanto. Disfrutar con lo que haces es importante, saberte útil, necesario, aunque sólo sea a la hora de leer un libro que lleva siglos esperándote. Aficiones que nos hagan crecer. Que nos hagan llevadero el tiempo, dominarlo, superarlo, organizarlo. Un tiempo para cada cosa, una trayectoria de vida que nos permita la lucha constante sabiéndonos finitos.
Yo siento una ligera pena, una extraña melancolía al pensar el amor, por mi manera de ser sentí que debía vivir por él y para él. Pero, más vale tarde que nunca, creo también en la conducta de las personas, y ahí radica una buena parte de nuestros éxitos y fracasos en cualquier aspecto de la vida. No creo no haber tenido suerte en el amor, tal vez sean otras cosas, tal vez pensé que todo lo demás se nos daba por añadidura. Y veo que no es así, que si realmente quieres algo has de luchar con todas tus fuerzas por conseguirlo. Superar obstáculos, solucionar problemas, ceder a veces, creer que las traiciones son posibles, así como la lealtad, que todos cometemos errores, que la perfección es un cuento y no chino. Siempre con metas que nos supongan retos, aprendiendo hasta la saciedad, olvidándonos cuando convenga. ¡Dios! ¡Qué hermosa es la vida!
Y yo que me siento un privilegiado por haber nacido en un punto del mal llamado mundo desarrollado. Y en cuanto al rencor, el odio, la venganza, el despecho, la envidia, o joder al prójimo por joderlo, pues nunca lo aprendí y creo que ya soy demasiado mayor para hacerlo, además que no quiero. Me tuve que ir de tantos sitios por no destruir ciertos tiempos, por no arrasar vidas que no tenían culpa alguna del comportamiento de algunos energúmenos. Pero la vida es justa y tarde o temprano pasa receta. Yo ni lo pienso. Ojalá que les permitan otra oportunidad y recapaciten, saber pedir perdón es tan gratificante. Pero sí creo que “el cielo” castiga y premia.
Eres importante, en la medida que creas que lo eres. Y debes creértelo, sólo por haber nacido, ya lo eres. Grita, pero con voz, grítale al viento; ¡soy importante! Te escuchará, asomarán lágrimas pero serán lágrimas de consuelo, de alivio, lágrimas que regeneran. Que sí, que vale la pena amar, y sobre todo si es a la vida. No dejes que te arrinconen, lucha, sal de cualquier forma de sombra, de tinieblas inventadas, de los horrores de los supuestos, eres tú, el eterno viajero que siempre vuelve al territorio de la infancia, donde los nobles sentimientos, los tuyos y de nadie más. Qué hermoso es compartir aunque sólo sea un momento.

Peatón

P.D. ¡En nosotros está cambiar la fatalidad del abismo!

ecoestadistica.com