Ir hacia donde duele...
A veces ir hacia el dolor, hacia la fuga, no representa peligro alguno, sino que, por el contrario, permite alimentar el sueño de amor y propicia la salida de los fantasmas. No hay que temer a los fantasmas del amor, hay que hacerles frente. Lo que ves, lo que te molesta, lo que te duele, lo que no comprendes, o simplemente lo que no quieres.
Las debilidades personales, propiciadas por la atracción pasional hacia lo extraño, nos empujan a argumentaciones de pasión y frustraciones. Contradicciones, rencores, grandezas y miserias de la naturaleza humana. Cuesta reconocerse perdedor en el amor. Deja un gusto agridulce. Como si la tierra que pisas desapareciera. Y si ganas (¿se gana alguna vez?) los malos recuerdos desaparecen, te sabes acompañado. Pero quién no se ha preguntado alguna vez en la vida; ¿qué tendrá el amor que es capaz de dártelo todo, para un segundo más tarde, si quiere, quitártelo?
Creo que poco a poco nos vamos aproximando a otra dimensión del amor, que los viejos cánones que nos rigieron hasta hace poco, ya no son válidos. Es obvio que todo o casi todo, siempre es cuestión de dinero, de intereses; ¡tanto tienes, tanto vales! Pero hablo de una forma de vida que nos permita estar, ser y vivir sin que pese sobre nosotros la espada de Damocles “amor”. Al menos tal y como lo vivimos hasta ahora. Pues si el amor salvaba, también hay que decir que hundía.
Esto va de amor en la relación de parejas, pues los otros amores, son más tiernos, más llevaderos; la familia, los amigos, encuentros pasajeros, los afectos vinculados a la sangre, a unos lazos de promesas y necesidades conjuntas, amor a la naturaleza, a la vida, etc. Pero en la vida existen otros objetivos aparte del amor y de la felicidad.
Creo que se debe ser exigente en el amor desde un principio, para evitar males mayores en un futuro. O es amor o no lo es. Y decidir que más vale la amistad que un amor que incluso niegue esa posible amistad. No, no debemos conformarnos, es un grave error. Por piedad, por pena, pon interés o simplemente porque no teníamos otras cosa que hacer. O por el simple engaño de creernos que esa otra persona, a través del tiempo y del roce, llegaría a amarnos. Ni engañarnos, ni engañar, ni dejar que nos engañen.
Para que el amor se de, necesita ser correspondido. Cuántas veces nos hemos enamorado de alguien que ni siquiera ha notado nuestra existencia. Como un amor platónico, o no, sino que era sólo un sueño que nos permitía soportar el desengaño en que vivíamos. Si el sentimiento del amor se encuadra en el respeto, en el saber perder y ganar, en el cariño hacia la otra persona, a pesar de todo, consigues salir ileso. Pero, qué cierto es, existen amores muy egoístas y posesivos.
Llego a la conclusión, no sé si me equivoco, que es importante la calidad de vida. Sabernos nosotros, lo que queremos, lo que hacemos, a los demás, cuidarnos en la medida que podamos hacerlo. Estar definidos personalmente en lo político, lo social, lo económico, pues ya lo sabemos, algunas veces las cosas se dan bien y otras no tanto. Disfrutar con lo que haces es importante, saberte útil, necesario, aunque sólo sea a la hora de leer un libro que lleva siglos esperándote. Aficiones que nos hagan crecer. Que nos hagan llevadero el tiempo, dominarlo, superarlo, organizarlo. Un tiempo para cada cosa, una trayectoria de vida que nos permita la lucha constante sabiéndonos finitos.
Yo siento una ligera pena, una extraña melancolía al pensar el amor, por mi manera de ser sentí que debía vivir por él y para él. Pero, más vale tarde que nunca, creo también en la conducta de las personas, y ahí radica una buena parte de nuestros éxitos y fracasos en cualquier aspecto de la vida. No creo no haber tenido suerte en el amor, tal vez sean otras cosas, tal vez pensé que todo lo demás se nos daba por añadidura. Y veo que no es así, que si realmente quieres algo has de luchar con todas tus fuerzas por conseguirlo. Superar obstáculos, solucionar problemas, ceder a veces, creer que las traiciones son posibles, así como la lealtad, que todos cometemos errores, que la perfección es un cuento y no chino. Siempre con metas que nos supongan retos, aprendiendo hasta la saciedad, olvidándonos cuando convenga. ¡Dios! ¡Qué hermosa es la vida!
Y yo que me siento un privilegiado por haber nacido en un punto del mal llamado mundo desarrollado. Y en cuanto al rencor, el odio, la venganza, el despecho, la envidia, o joder al prójimo por joderlo, pues nunca lo aprendí y creo que ya soy demasiado mayor para hacerlo, además que no quiero. Me tuve que ir de tantos sitios por no destruir ciertos tiempos, por no arrasar vidas que no tenían culpa alguna del comportamiento de algunos energúmenos. Pero la vida es justa y tarde o temprano pasa receta. Yo ni lo pienso. Ojalá que les permitan otra oportunidad y recapaciten, saber pedir perdón es tan gratificante. Pero sí creo que “el cielo” castiga y premia.
Eres importante, en la medida que creas que lo eres. Y debes creértelo, sólo por haber nacido, ya lo eres. Grita, pero con voz, grítale al viento; ¡soy importante! Te escuchará, asomarán lágrimas pero serán lágrimas de consuelo, de alivio, lágrimas que regeneran. Que sí, que vale la pena amar, y sobre todo si es a la vida. No dejes que te arrinconen, lucha, sal de cualquier forma de sombra, de tinieblas inventadas, de los horrores de los supuestos, eres tú, el eterno viajero que siempre vuelve al territorio de la infancia, donde los nobles sentimientos, los tuyos y de nadie más. Qué hermoso es compartir aunque sólo sea un momento.
Peatón
P.D. ¡En nosotros está cambiar la fatalidad del abismo!


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