Lo que depende de nosotros…
Estoy en ese punto, de mi propia desconstrucción, donde no me quedara otra alternativa que volver al punto de origen. Pero si se trata de un círculo que alguien lo quiebre. Nos está permitido volver a empezar, y eso sí depende de nosotros, sólo de nosotros. Hoy me quiero de nuevo, hoy me siento el que siempre fui y no osé encontrar. Por miedo, por circunstancias ajenas y propias, por muchas cosas más. Pero, hoy soy yo de nuevo y consigo mirarme en el espejo.
Mi único pasado es lo que construyo a partir de hoy. Mi presente; la decisión de volver a ser yo mismo. Y mi futuro; los pasos a seguir. Son tantos los caminos. Y yo que no consigo pasar por alto ningún signo de afecto. En el gesto de intentar lo imposible, lo que me enseñaron de niño, ahí me perdí.
No somos voluntad sino destino. No somos más que el estrato de nuestros estados de ánimo. Nunca conseguí entender los sueños, a menos que estuviera enamorado. Nunca renegué del mundo, ni de la realidad pero sí de su doliente vivencia alienada. Aprender a vivir parece incluir aprender a morir. Pero en mi caso, ni vida ni muerte, la guerra es conmigo mismo. Ubicado en los lugares claves de la vida de un soñador utópico.
Aprendiz de sabio, meteco en cada cuerpo que visité, huyendo siempre de los multiplicadores de la mentira ancestral; el engaño. En las antípodas de los fracasos melancólicos. Yo viajé en los vientos. Fui pedacitos de “montones”, y me iré, sé que me iré, en una nube llamada despedida. A ese lugar donde nunca tenga que pensar dónde ubicarme.
Quemar etapas. No se trata de quemar etapas sino de destruir de una vez por todas las naves. Ir un poco más allá de cualquier conclusión, incluso de ti mismo. Escapar del castillo de corazas que nos construimos para esquivar el dolor y la verdad. Ser capaces de destruir los muebles de las justificaciones y habitarnos en la casa sosegada. Si no puedo o no consigo ser yo y mis circunstancias, al menos seré yo, con mis virtudes y mis defectos. Para poder regresar a la singularidad propia.
El feroz dominio del imaginario sofoca, absorbe, anula la fuerza de la imaginación singular. La simulación secreta el mundo real como producto suyo. Estamos en la era del dominio de la simulación, pero yo sigo apostando por los orígenes. Por lo que somos cada uno y no por lo que tenemos.
“Es especialmente duro predecir, sobre todo si se trata del futuro” Pero ahí estamos, soñando de nuevo, queriendo siempre, imaginando el amor. Frío e insípido es el consuelo cuando no va envuelto en algún remedio. Pero lo importante lo queramos o no, es que todo depende de nosotros. Y de eso se trata; de nosotros mismos.
Peatón


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