Nómadas somos y nómadas volveremos a ser...
Cuántas palabras más necesitaré escribir para encontrarme, para encontrarte. De qué tiempos escaparé cuando el tuyo no me alcance o me rebase. Para esta culpa no hay expiación posible; te amo. En este desasosiego que me devuelve una y otra vez a la esfera de mis pensamientos, porque sé que te pierdo amor, porque sé que te he perdido, yo te pienso. Pero eso ya de qué sirve.
Las últimas palabras fueron las que nunca dijimos, ¿Te acuerdas? Nos fuimos sin decir nada, en silencio, como la costumbre nos indicaba. Sabíamos lo imposible. Sabíamos lo que no ocurriría y nos empeñamos en un destino imposible.
¿Cuándo monologamos con nosotros mismos nos desnudamos más que cuando dialogamos? ¡En absoluto! ¿Quién sería capaz de sincerarse consigo mismo? Nos dejamos llevar por el cortejo de las sensaciones, de las palabras. Y yo no dudé en ofrecerte mi s manifestaciones de torpeza. Peor me confundiste con un contenedor de respuestas e intuiciones.
Mi mundo es la palabra, el tuyo el haber y el deber. En tu mundo brilla la mediocridad, la ausencia de cimas. La estrechez de miras, los horizontes replegados. Tu mundo y el absurdo de las superficies banales. Son aquellos que pertenecen a las superficies, que, propiamente hablando, carecen de “mundo interior” a los que en general el “mundo interior”, el suyo y el de los otros les trae absolutamente sin cuidado. En el mío si muere una hormiga hay luto. Son los reticentes a cualquier tentativa de interpretación esencial , los de tu mundo.
De nuevo confundí el mapa con el territorio, nunca aprenderé. En busca de la esencia del ser me encontré, una y otra vez, con la naturaleza humana, esa que nunca aprenderá que la culpa tiene que ver mucho con la inocencia, con la sinceridad, pero es como si predicase en el desierto. Sólo encontraría reptiles sedientos de sangre, no de otras cosas.
Soy el nómada que buscaba un oasis en el desierto de los amores. Un escéptico que procede como un fanático pero sin conseguir renunciar a su escepticismo. El que basa su pensamiento no sobre lo mucho, sino sobre la escasez. Estoy harto de levantar “casas” sobre la ausencia de buena parte de su armazón. Ahora te sé bien; eres la falta de matiz, el vacío, el silencio oculto de la nada. Eres la cara oculta de cualquier manifestación de vida.
Lo dado se da en la superficie, a manos llenas, pero a lo dado se le llama generosidad. Yo soy la respuesta a cualquier problema que surge de la confianza en el destino, y tú la desconfianza, el lado oculto de la luna, las sombras de las verdades.
Soy nómada, nómada de oasis y desiertos. Nabateo instruido y los cielos son mis testigos. Mi ley es el amor, mi única ley. Yo no juzgo, yo sólo voy de paso…yo soy el arco, la flecha y la diana. Y tú el fango a evitar….
Lo siento amor, el cielo me hizo decir la verdad… y me debo a él.
Peatón


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