No te amoldes nunca...
Determiné no amoldarme. Intercambiando personajes avancé y retrocedí en el tiempo. Era el portavoz de los monólogos interiores transferidos. Es cuando descubres que tu única facultad y castigo es verte condenado a pensar por tu cuenta. Cuando nunca te acostumbras a las sorpresas y piensas que fuera se está mejor. Los sentidos en esa época dependían del entorno.
Yo sé que las palabras del amor siempre pertenecen a un juego. Soy el epicentro de una relación que respira aire de cripta. Buscando un espacio donde las palabras echen a volar, lo único que aún no han sido capaz de tasar; el olvido jamás deseado. Debí sobreponerme a mí mismo y a mis excesos. Y aún no sabía que daba forma al poema que soy hoy en día.
La identidad es tan innumerable como la realidad que la rodea y la habita. Pero yo nunca supe ser dueño de mis silencios. Otros a su historia personal suman la colectiva. Al impulso juvenil, imaginativo, la intención estética. Y yo que sólo en mis noches supe expresar y anotar lo inexpresable. Al ser capaz de fijar la locura me supe poeta, sin saber que ya era el poema.
Ese lugar donde coincides contigo mismo, donde aparece la conciencia, y la sinceridad se torna humilde. Y de parte de las víctimas sólo recibes crónicas de la lucha contra el sufrimiento. Y todo es un juego de amor contigo mismo. Para pensar el tiempo, la vida propia, como saber que eres hijo de un tiempo que pertenece a todos. Y nunca te conformas, quieres más.
Me negué a ser el retrato de ese intelectual que alcanza su libertad interior al precio de sufrir miseria y desamparo. ¿sobre qué animal cabalgamos al cruzar el tiempo de nuestra existencia? Creo que sólo sufrimos una cosa; la idiotez. Nos olvidamos de la risa, de las bromas, de esa capacidad de encajar lo otro que nos relega al olvido. Las eternidades de los instantes.
Nuestra vida toma conciencia en el borde de las orillas del fraude amoroso. Pero yo no quise amoldarme. Y me negué el mar. El tormentoso mar del olvido y sus mentiras. Si alguien hubiese sido capaz de contarme el amor yo pido no nacer. Aquí, ni los poetas hablan de amor, sólo de olvido, fraudes, desengaños, traiciones, desamor y soledad.
La melancolía y la constante advocación de la soledad y el desamparo del individuo en la naciente sociedad tardo-moderna. El pensamiento no es nada si no está informado por la pasión y por la propia experiencia del hombre. Y la vida, nuestra vida, es el lugar en el que la naturaleza, la historia y el pensamiento forman un todo.
Si ese todo en tu vida es amor abandona las dudas, los fracasos, quema naves y adéntrate en la patria de las oportunidades que representa el vivir a diario. Deja de medir la magnitud de las pérdidas. El triunfo eres tú, el logro de la vida tú. No te amoldes nunca al horror de las multitudes.
Vale la pena seguir intentando ser uno mismo.
Peatón
P.D. “CUANDO un hombre planta árboles bajo los cuales sabe muy bien que nunca se sentará, ha empezado a descubrir el significado de la vida.”


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