Bailando con los recuerdos...
Hasta qué punto soy yo, personal y autónomo, cuando se disparan los recuerdos. Esas ideas incrustadas en la mente que surgen sin previo aviso. Esos pensamientos que me ubican como espectador en el escenario del mundo. Y los recuerdos bailan al compás de mi estado de ánimo.
Quiero cerrar los ojos, y aprender los pasos que separan la sinfonía y distancia que supone cada recuerdo. Dominar esos tiempos. La orquesta en su conjunto. Si yo pudiera elegir la música del viento de mis recuerdos, si yo pudiera. Todo sería Mozart, lo sé de cierto.
Aunque hoy tal vez necesite a Vivaldi en su concierto para flauta. Para no quedarme en ningún recuerdo y seguir volando, volando entre recuerdos.
Nunca nada te fue suficiente. Nunca osaste quemar la nave del regreso.
Y no te bastará con penetrar en una nueva conversación. Querrás escuchar sólo lo que te gusta. Querrás comprender sólo lo limitado. Cómo querrás decir para ser escuchada. Sólo lo que te lleve a sentirte feliz y satisfecha. Aprender y sentirte enseñada. Partir siempre de lo nuevo, olvidar lo viejo. Como en cualquier relación amorosa, si se diese el caso. Y de eso se trata precisamente el amor: de una eterna conversación.
Yo nunca quise un estado permanente de felicidad. Pero sí que creciéramos juntos. En el amor, claro está. En las otras cosas cada uno crece por su lado. Para encontrarnos en cada principio, en cada final. Esas cosas que nos unen, las que no nos separan. Yo he visto construir una familia a dos y acabar siendo la de casa de uno, para más tarde ser la casa de nadie.
Si cualquier engaño hizo que te sintieras más libre, a los ojos de los otros y a los tuyos, es que no estás con la persona adecuada y mucho menos con la soñada. Y debes tener el valor de decírtelo, de decírselo. No te acomodes en un inconformismo que tarde o temprano te pagará con la misma moneda; la deslealtad. Y puede que ni llegues a saberlo. Tu libertad no tiene precio. Yo he soñado tantas veces que me iba, que ahora ya no sabría cómo llegar. Pero, sigo pensando, no me cabe la menor duda, que el amor es cosa de dos.
En el amor siempre fue ayer, nunca hoy y suele comer mañana. No te niegues esa parte de felicidad que sabes que te toca. La que siempre soñaste, a la que nunca renunciaste a pesar de las circunstancias. El amor no entiende de tiempos. Puedes disfrazar tus días de olvido, de ocupaciones, de “a mi manera soy feliz”, pero la melodía verdadera del amor jamás te abandonará. Por muy sorda que te creas. Piensa que el que inventó todas estas cosas, tan sólo nos las prestó, tiempo incluido.
Yo nunca soñé el amor, cómo soñarme ( a mí mismo). Tal vez por eso siempre, y contigo, anduve perdido. A mi el amor se me tiene que decir, y no pretender que lo adivine. Pues sólo entiende de palabras libres, las que nunca se inventaron, y no de arbitrarias. El amor requiere que entre dos creen su propio tiempo y así superar una vida conjunta.
Bueno, ya me sabes, mis cosillas y yo, y el tormento, esa crueldad atroz, de haber nacido poeta. Me lo sigo preguntando; ¿Desde qué lugar me hablo cuando tú no estás? Qué belleza absoluta la del silencio sincero.
Peatón
P.D. Hoy me siento como ese hombre que nunca duerme.


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