jueves, mayo 31, 2007

Yo tengo las noches enamoradas...

Mi amigo el tiempo y yo…

Un instante crucial en tu destino hacia un mundo desconocido. Que surgirá, gris y dramático, de las propias ruinas. Yo no domino los impulsos sexuales de mi corazón. Nunca supe hacerlo. Amores consumados, amores frustrados. Historias de sueños, historias de desencuentros. Y el tiempo, mi único consuelo.
¿Cómo se disfrazan las flaquezas sentimentales? Pero mis paisajes, en el amor, siguen vírgenes, nunca asociados a un yo. Aunque sean paisajes sobre cimientos del olvido. Siempre he pensado y creído que el sentido del amor está en el amor mismo. Lo digo desde la base de una realidad efectiva y no desde unas esperanzas frustradas. ¿Cuántas realidades habré creado en mi interior?
Y ahora, nunca lo que veo se corresponde a lo que fue. Unas interrupciones, que acaban señalando hacia un antes y un después inasimilables. Todo lo que pudo ser y no fue. Humano, me siento demasiado humano y esta energía imaginativa que me proporciona buen humor y comprensión. Adoro mis tiempos en el amor.
El juego del amor, cambiante de suertes y perspectivas, no sería posible sin la ironía. Saber burlarte de todo el espejismo que conlleva la vida. Y hacer que esa burla sea el secreto de tu vida. “Lo real en el espejismo no es el agua, sino la sed que la produce”. Algo parecido acontece en los tiempos del amor.
De qué sirve guardarle rencor a la vida. Prefiero ser amante de las cosas antes que juez. Amante, sí. Desengañado, sí. Pero comprensivo. Haber sufrido tanto que seas capaz de sonreír a todo. Un modo único de abrir mundo y habitar en él.
Encontrar esa persona que te destine para sabernos ausentes del destino. El silencio me sella los labios y la soledad se ausenta. Destinarnos los dos en ese camino que sólo lleva a nosotros mismos. Para hacernos el amor sin intermediarios. Y el tiempo esperará porque sabrá de nosotros al vernos enamorados. Un tiempo nuestro. De los dos.
Se me va la tarde enamorada, olvidando el día de preguntas, acudiendo la noche a mi llamada. Y la luna llena, la de hoy, se me antoja enamorada.

Peatón

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