No sufras amor...
Si algo hay que saber ganarse es la vida. Conviene recordarlo. Y sentirás que habrán surgido dudas, más dudas que certezas. Tantos proyectos como improvisaciones, miedos y arrogancias, violencia y pactos. Y el resultado de todo no es otro que el tiempo que te queda. Un tiempo que nunca consigues medir. Y ese tiempo implica la conjunción particular de memoria y esperanza, de pasado y presente, de plenitud y deficiencia, de origen y de fin.
El pasado que perdura como imagen, o como figura, no sólo se conserva sino que da sentido al presente, que lo interpreta a la vez que se interpreta a sí mismo.
Yo no sé qué caminos emprendí para encontrar el sentido de mi vida, yo sólo sé que amé y viví. Que más allá de los tiempos una luz me guiaba, y yo le puse nombre; amor. Y que sin esa luz yo no sé ni puedo caminar. Como también sé que los peligros del amor son los peligros de la vida.
Me hablan de un sufrimiento, de unos caminos inciertos, me hablan de razones que justifican una vida. Me hablan, en definitiva, del dolor. Y cada vez que oigo esas palabras, a mí me da por pensar en la belleza que existe a pesar de las circunstancias adversas. ¿Qué sería una vida sin dolor? Yo que sólo he sabido ser paciencia y dolor. Yo que aprendí la tolerancia en miles de labios agrietados.
“Lo malo de una persona con un corazón roto es que empieza a repartir los pedazos.” Y lo único que puedes hacer es ayudarle a recomponer ese puzzle, sabiendo que jamás lo lograrás. Reconstruirnos, alzarnos de nuevo, ocuparnos en otros espacios que nos den el horizonte propicio a otro tablero. Si supieran, muchos, la de veces que hube de reconstruirme, si supieran el dolor. Sabrían de los tiempos y de la paciencia que se necesita para acunar un corazón herido. Yo me gané la vida a golpe de codazos. Pero siempre con la sonrisa en los labios.
“No sufras mucho”, me dicen. Si dejara de sufrir, dejaría de pensar el mundo. Si dejara de pensar desertarían las palabras. Y si me abandonan las palabras yo dejaría de amar. He deseado tanto ese amor imposible que casi muero en las esperas. Y ahora que peino canas, yo no me bajo de esta nave, la del amor, claro está.
Si supieran la fuerza de los fracasos, si supieran la perseverancia, si supieran que es mejor vivir erguido a tener que fingir el amor. “ No sufras mucho amor” y mi capacidad para lo minucioso se ensancha. En tiempos de guerra se escoge olvidar lo que de noble hay en el otro. ¿Entonces? ¿Qué amamos cuando amamos en el otro, tan ciego fuimos? No lo creo.
Yo apuesto de nuevo y siempre, y a pesar del dolor, por el amor, ¿quién apuesta conmigo?
Peatón


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