Un lugar donde haya luz...
Siempre he pensado que somos nosotros los confusos, no la vida. Pero que si tenemos conciencia de esta incertidumbre nos estamos acercando al lugar donde puede haber luz. A veces me pregunto, desde qué lugar nos asomamos al mundo.
Con los recuerdos alborotados, como ese rayo de sol o ese golpe de lluvia que se cuelan por una ventana mal cerrada, uniendo recuerdos a mi piel, como en las noches sin sueño, detrás de la ventana iluminada, hoy pienso en algún otro lugar.
Sigo creyendo que debe existir “otro lugar”, donde pueda ser yo más que nunca. Donde la lluvia limpie los deseos frustrados, la sinrazón del mundo. Donde las verdades se sepan oportunas. También es cierto que me resulta difícil escribir a la luz de la sentimentalidad de nuestros días, la mayoría mudó de lugar y los pocos que quedamos andamos algo despistados.
Encontrar ese otro lugar debe significar huir de los sentimentalismos, de la cursilería, de los consuelos fáciles, erguirte y saberte. Disponerte para el camino. Recuperar la dignidad como persona. Persona que reconoce las insatisfacciones, la amargura de los deseos no cumplidos. Y que sabe del deber de no engañarse con pinturas ingenuas. Que nunca decora su soledad con papeles falsos.
Debe encontrarse en latitudes cálidas, pues al escribir esto el corazón me abrasa. Me lleva lejos. Hacia noches profundas y discretas, en las que llueve dentro de los silencios. Cómo me gustaría huir por unos momentos a la playa más cercana. Para recordar esa luz, de ese otro lugar. Lugar que nunca dejaré de amar.
Estos pensamientos se me hubieran antojado mucho más extraños, cuando todavía no me había convertido en lo que aún no soy. Pero sigo firme en mis verdades, “como el astro, sin aceleración y sin descanso”. Lejos, aún, de la sumisión que exigen las mentiras para ofrecer consuelo. Ausente de esas sombras que un día fueron amores. Sin obsesiones que me obliguen a recordar historias. Aunque, eso sí, me reconozco en un temblor que permanece bajo el no y el sí de esta vida mía. Temblor que no me atrevo a llamar la antesala de ese otro lugar.
Son muchos los que se asoman repetidamente al abismo, pero sin separar los pies del seguro suelo del borde. Yo me lancé sin paracaídas. Huyendo de una realidad que me anunciaba asfixia. Yo me lancé pensado que así huía.
El mapa de los hombres y su mundo ( o sus mundos ). El laberíntico mapa humano que nos exige la identificación. Qué habrá de verdad en una vida. Cómo reconocer el arte de las defensas íntimas contra las pasiones espontáneas y peligrosas. ¡Ay, corazón! Dónde tu lugar, dónde. Febril pulso, aliento de una voz que tiembla, verdad y vida.
Me propongo un lugar en mí mismo. Y si puede ser compartido. Y si todo ha de ser en solitario, que sea sosegado, como en esos lugares donde siempre hay luz. Esa luz que te permite ver incluso con los ojos cerrados.
Peatón
P.D. “Quien desee progresar deberá esforzarse por dirigir ordenadamente sus pensamientos, si quiere llegar a una representación objetiva de sí, del mundo y de la realidad.”


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