Te quisiste extensa....
Si de mí salieran todas las verdades que contigo escondí te confundiría, y no pretendo hacerlo. Verdades sofocadas. Qué difícil la palabra cuando dos sólo buscan el olvido. Abrir una puerta a un universo nuevo y que detrás quede el trastero de las decepciones. Un puerta bisagra que te dé la razón para aceptar que los muebles viejos, para quien los quiera.
No sé si con estas palabras intento convencerme (yo) de todo lo que pasó o simplemente descargar un poco de lastre. En cuestiones de relaciones amorosas nací tan icárico que al final me harán creer que soy inmortal. Pero, cierto es, necesito decírtelo. Que esperé y seguí esperando una sola de tus verdades. Que entre tantas sombras jamás apagué la vela de la esperanza. De que, al menos, como mínimo, me explicaras el guión de tus verdades. Pues las películas que me mostraste me supieron a “repetidas”, “ya vistas”.
Escribo desde el trastero, entre los claroscuros. Por aquí deambulan aquellos zapatos viejos que compramos juntos, que tanto me hicieron caminar. El espejo que nos llegó, el que jamás compramos, algo sucio, con aspecto de viejo, que me devuelve esa imagen del corte de pelo que me hiciste llevar. Reflejando la poca prominencia que me queda de barriguita. No te culpé nunca de mis grasas. Una vida sin un toque de grasa no es vida. Y ahora, de nuevo, soy puro nervio. Por aquí deambulan también, en silencio, las risas y los llantos.
Fuera de aquí la vida sigue, fuera de los trasteros. Es curioso lo limpio que está el piso. Como reclamando otros muebles, otras historias que contar que no sean sólo recuerdos. Es relevante la presencia aséptica en tanta ausencia. Pero ahora ya no sé desde qué lugar te escribo. Se detuvo el tiempo. Siempre lo hace cuando inicio otros caminos.
No sé si algún día te volveré a ver, no sé si algún día te volveré a pensar. Pero hoy eres tú mi lugar. El único rincón donde mi alma puede descansar. Y aunque todo esto suene a despedida, tú y yo, no lo sé de cierto, pero tal vez nos volvamos a encontrar.
Me gustaría saber a qué llaman “una nueva vida”. Yo creo que es al revés, que nacemos con muchas vidas y sin saber porqué nos las van arrebatando. El trastero huele a humo de vela recién apagada. Pero también es verdad que la sangre sabe reconocer y recordar.
¡Me voy! Con la ilusión sosegada he conseguido, a través de los laberintos de las palabras, irme desde ese lugar donde te ví por primera vez. Donde dijiste “¡Hola!” y pronunciaste mi nombre por evitar decir “¡Hola mi amor!” Sigo sin saber porqué el amor nunca acaba por donde empieza. Y claro está tampoco supe que la extensión es enemiga de la intensidad. Y tú te querías extensa..
Peatón


<< Home