lunes, marzo 19, 2007

Siempre habrá una puerta abierta...

Una puerta abierta…

Así como creo que todo va al corazón, también creo que transcurrido un tiempo, todo se vuelve serenidad. Que incluso la horrenda brecha de las esperas se apacigua y cierra. Y desde estas palabras como aire contenido en los silencios yo te escribo. Símbolo, metáfora y corazón. Todo se ha desvelado. Ahora el corazón recupera su ritmo, eso sí, aún desnudo.
Nunca he dejado de sentirme como un títere en un destino errático. Pero siempre fui fiel a mi tiempo. Sin principio ni final en el centro neurálgico de una tormenta inesperada. En el lado incógnito de las cosas y las vidas y su apariencia real. Yo no sabía que para muchos los sueños son limitados.
Tu eras esa puerta abierta a no sé qué mundos. Y me maravilló cómo eras capaz de rehabilitarte a ti misma en las emociones. Una belleza acomodada, una ternura que asomaba a veces, un corazón sin límites y una acuciante falta de cariño. Tu eras todo aquello que quisiste ser, sin llegar a serlo nunca. A lo único que siempre fuiste fiel; lo que siempre quisiste ser. Ese “algo” excesivo.
¿Qué convierte en fácil lo difícil? Sólo la paciencia amiga mía, sólo la paciencia. Y en una sola nota tú eras capaz de dar el testimonio amoroso de tu existencia. Como una sonrisa perdida que buscase unos labios donde sostenerse. Adónde se te fue la vida. Qué te hizo viajar sin mapa al corazón de un universo caótico y enloquecido. Ese amor excesivo que pronto mutaba y danzaba hacia lo inalcanzable, hacia el dolor y locura soterrada, hacia el ensueño y la grandeza. Hacia esa otra puerta abierta también imaginada.
En la torre de marfil que te has construido nada es duradero. Salvo tus recuerdos. Y con el tiempo dejó de interesarte la vida. Y esos sueños ya no llegan tan lejos. Mujer de imágenes helicoidales. Cuándo tus imágenes dejaron de ser reales y empezaron a ser abstractas. Donde la esperanza suena a delirios masturbatorios de fantasmas. Espacios para una torre de marfil. Espacios que necesitan una puerta de salida.
Yo sé que la hierba también crece en el desierto del olvido. Por eso, y porque eres mi amiga, yo te propongo crear un espacio que te ayude a vertebrar los muchos entornos con los que convives. Que te ayude a desplegar todo tu potencial. Que te ayude a explicar tu inmensidad íntima, que te lleve a descubrir el lugar más bonito de tu mundo. Donde el verde tiña las pendientes de tus primaveras. Donde los sueños no se resistan. Donde si te sientes a solas siempre te veas acompañada por los dioses, para que tus noches ardan en llamas.
Yo seguiré creyendo en la naturaleza, como esa presencia constante y sutil, selectiva y vital. Yo sigo soñando la belleza de las dunas y los atardeceres del oasis. Me sigue obsesionando la inteligencia, la serenidad, la hondura y gustos. Ya sabes de mi adicción a la belleza. A mi manera seguiré siendo el mismo hombre con los sentimientos y las contradicciones humanas. Siempre contra corriente. Que sabe y padece que la reconstrucción del pasado es un desafío. Un hombre al que ya no le interesa ni el principio, ni el fin. Sin libertades que perder secretamente. Mis únicos lazos siempre fueron la vida.
Y ahora bésame en la boca y dime que te vas lejos. Y si algún día regresas hazlo con el amor sobre los hombros; tu peso así no será en vano. Yo me condené a viajar por riscos y montañas, no por valles amables. Y en mi locura y mi desdicha, no me está permitido descansar ni reconciliar el sueño.

Peatón

P.D. “Los sentimientos, amiga mía, son estrellas que sólo nos guían con la luz del día”. (Schumann)

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