Paisaje obsesivo...
Hoy no estoy. Huyendo hacia delante me perdí. Y esto debe ser el camino a ninguna parte, pues estoy solo. Aquí, en esta soledad donde no caben ausencias que recordar, me he propuesto encontrar lo que sólo sirve para salvar una verdad. La de mi vida, claro está.
Yo quería una vida bohemia, una vida de artista, pero mi obstinado espíritu de contrariedad me hace ver la realidad como leyenda, la historia como ficción. Y lo que me inquieta, a veces, es si tendré que rendir cuentas de todo lo que digo.
Mi vida es un filo hilo. Sostenido de un lado por la ilusión y por el otro la esperanza. A veces pienso que me anticipé a todos los finales y en otros momentos, que nunca me enteré de nada. En esta soledad, como en todas las crisis, predomina el yo abrumador. Yo que me he pasado la vida huyendo de mí mismo, conecto, por fin, con esa conciencia inútil que no puede dejar de existir y se manifiesta.
Aquí se mezcla todo, la eterna sorpresa infantil de “ser en el mundo”, y la angustia de dejar de ser. Como “una lucha para integrar la sombra en el ser”. Creo que para calmar las obsesiones hay que saber fijarlas. Pero, porqué son tan obsesivos estos paisajes, si yo tampoco, como Cervantes, ignoré a los gigantes.
Atmósfera gótica, ausencia de culminación, una tarde gris en el terreno del vacío. Y si no hay nadie es porque todos crecieron menos yo. Quién o qué se ajusta a la realidad hoy en día. Y por cierto, adónde fueron, todos aquellos que un día desaparecieron. Todos los que consiguieron crecer, dónde están ahora. La trampa no es la vida, la trapa somos nosotros mismos. Cada uno con su propia trampa a cuesta. Y el paisaje no existe, te lo creas tú mismo.
Nunca le pedí nada a la vida, en un intento de dárselo todo. Y ahora espero los colores para el paisaje prometido, y no el obsesivo. La vida y yo; un compromiso de amor. Pero lo que nunca me dijeron es que también existía y existe el desamor. Es cierto, si alcanzas la verdad, alcanzas la libertad.
Y por fin consigo la llave que abrirá la puerta a la vida; una sonrisa generosa y enamorada, que no una mueca humillada.
Peatón
P.D.Si uno rige su vida por el sentido común, ¿cómo puede dejar de ser profundo?


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