Que me presten un día..
Que me presten un día, Quiero contar una vida. Se trata de una historia sencilla. Con pretensiones modestas. Quiero narrar el tiempo. El tiempo y yo, y la mochila de la paciencia.
Casi todos me contaron lo que querían ser de mayor. Algunos lo lograron y otros no. Es extraño, pero en mi caso, no debí estar atento en el momento de la salida, sigo en el mismo sitio. En ocasiones llegué a pensar que me colé en la vida. Que todo esto no va conmigo, que de un momento a otro me llamarán; “ahí está tu puerta, la de la salida, la de la vida”. Pero aún espero.
Mientras, observé desde las ventanas y balcones, todos los paisajes habidos y por haber. Fueron tantos los personajes, tantas las vidas. Que la vida es un soplo ya no me queda la menor duda.
Si en algo me aventaja el tiempo es que no lo domino, y sin embargo él a mí me ve pasar. No pasa la vida, no fluye el tiempo, cruzamos nosotros. Un origen, demasiados destinos, un mismo final.
Ya no importa lo que pasó, este tren va rápido y hemos de sujetarnos. Dicen que la vida es para vivirla no para que te viva. Pero son tantos los pliegues del tiempo. Los que provocamos, por descuido. Los que nos llegan, que nos ausentan. Y la esperanza sigue aunque tenga forma de tristeza.
Son tantas las emociones, tantas las sensaciones. Qué de vida nos inventamos. Porque sabemos que este tren sólo tiene dos paradas, la del principio, la del final. Aunque a veces nos cueste reconocerlo.
No aspiramos a la eterna juventud, no es cierto. Aspiramos a saberlo todo, a tenerlo todo por hacer, a esos impulsos que nos dan la vida. Al sueño de amor prometido. Aspiramos a todo, porque nos sabemos nada.
Mi tiempo se disipa entre tinieblas de paciencia. Y si recupero la memoria que sea vida. A lo mejor es la salida. De todas maneras, ¿a quién le interesa ya salir?
Peatón


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