Toca mi boca, amor, y besa...
“La luz huele a encierro, el día amanece seco.” Pero nunca estamos a salvo del amor...
Yo sé que tengo que escapar, y al mismo tiempo no soy capaz de hacerlo. Yo sé que algún día habré de encontrar esa persona que conmigo quiera vivir el presente. El presente y nada más. Sin pasados, ni futuros, vida, escalofrío o carcajada, pero nunca indiferencia. Yo sé que un día lograré desprenderme del hechizo del vacío.
Tan viejo como el mundo me embarco en la nave del presente. Porque la vida es un tejido. Y yo un navegante que perdió la gracia de los vientos. Porque la vida es la mar. Iluso de mí pretendí atravesar el tiempo para alcanzar la inmortalidad. Buscando ese lugar donde mi historia aún tuviera un devenir. Buscando quien no me exija la vida para amar.
Adelgazó de tal manera mi pensamiento que era incapaz de darme respuestas. A quién se le ocurre intentar separar lo humano de lo divino. ¿A quién? Sino a un loco como yo. Y me encontré en esa línea que separa el bien del mal, la que llamamos vacío. Pero quién me trajo a este lugar, cómo llegué. Soy una herida abierta. Partícula de un sol despedazado.
En el andén del deseo perdí el tren de las caricias. Una piedra, en el agua de mi cordura, abisma las coordenadas que me sostienen entre perfectos círculos. Y siento que me hundo en una espiral desconocida que no me atrevo a llamar vida. Un agujero negro, un sumidero, pero, ¿dónde están las aguas? Sólo soy ese cuerpo en combustión que sabe que se agota. Apenas claridad, apenas consciente. Incandescencia pura.
Un muelle convertido en aro que tiende, con las mínimas fuerzas, a recuperar su forma. Yo soy todo aquello que jamás fui; una invención de mí mismo. Yo sólo soy el reflejo de miles de miradas. Un espejo cóncavo, una imagen distorsionada, luz de una estrella acabada. Vida en sí mismo, mientras dure la escapada.
Pero fue un beso o un llanto lo que me despertó. Eso que todos llaman amor. Una caricia perdida, loca, despistada, un roce ajeno al universo, un suspiro en llama que abrasa y nunca consume. “Te amo”, me dijo. Y yo la creí. Y ahora quién pone fin a esta caída. Caída que nunca fue premeditada. Dónde se encontraron nuestros ojos para detenernos en este vuelo misterioso. ¿Caías tú también?
Ya no caemos, ni subimos, ahora, los dos sólo somos contemplación. Y yo me muero por el tacto. Y yo resucito en tu corazón. Toca mi boca, amor, y besa.
Peatón


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