Nuevos sistemas, nuevas creencias...
Los valores de un pasado y de una sociedad que están apunto de desaparecer para siempre. Pero ¿qué es para siempre? Cuántas veces se ha repetido la historia, cuántas veces hemos cometido los mismos errores.
Estoy viviendo con una sombra de melancolía la recta final hacia lo desconocido. Qué tiempos aquellos donde creímos en la libertad. Donde todo era posible y lo imposible se nos antojaba deseable. Qué tiempos aquéllos, que nada nos doblegaba, que nada nos abatía.
¿Qué podíamos hacer en aquellos tiempos? Sino soñar un mundo mejor. Lo pensamos y lo dibujamos. Y el mundo debía intentar olvidar sus guerras. Creer en la paz nos elevaba en nuestros más íntimos anhelos.
El amor libre, que no era otro que casarte y tener hijos. Que se acabara la dictadura. Perpiñán quedaba lejos y era costoso. Endeudarte en un apartamento de por vida, tener una casita en la playa donde ir a sufrir el fin de semana. Haber visto la película “Helga”. Fumar unos petas. Hablar continuamente del pasado, de lo felices que fuimos.
Es decir, sentar la cabeza y engordar. Soñar con las loterías y presumir de haberlo leído todo. Al menos, eso sí, se compraban libros. Hasta los curas hablaron de comunismo, cosa inaudita en España. Y no para hablar mal. España accedía a la democracia. Y el centro era lo mejor. No piensen mal, me refiero a la política.
Pero ahora todo es distinto. Ahora o tienes un ordenador o no eres nadie. Ahora o estás enchufado a la red o te conviertes en un ser sociable. Y eso la moda no lo puede permitir. Las empresas con sus beneficios ya no piensan en agrandarse, no. Ahora si consiguen sus objetivos, reducen personal y cotizan en bolsa. El dios del mundo, el nuevo dios; LA BOLSA.
Por fin se aprobó el divorcio. Es decir, cuando uno se casa ahora ya no es para toda la vida, Es como un decir, ¿lo probamos? Total, si no tenemos otra cosa que hacer. Los demás salieron del armario y lo reivindican, como tiene que ser ¡somos gays! Aquí el que no reivindica algo no sale en la foto. Ahora la gente se siente inmortal y pobre de aquel que se atreva a envejecer, ese no cuenta, es un estorbo.
Cómo ha cambiado el mundo. Se quejan de los inmigrantes, ¡leches! ¿Es que son extra terrestres?, joder!!!! Que somos nosotros mismos que regresamos donde encontrar un plato de comida. Qué poca memoria tenemos cuando no nos interesa el tema. Hace tres días estábamos subidos a un árbol y fíjate ahora, hasta nos imaginamos dioses a la carta.
Es la época donde todo el mundo se aburre, nadie está contento y todos sufren algo, no importa de qué, lo importante es declararse “incomprendido”. Eso se lleva mucho. Ni decir tiene que no conozco a nadie que esté contento con su cuerpo. No veas cómo se engordan las empresas relacionadas con la anatomía. Los del colectivo social individualista, hasta se permiten votar lo que les viene en gana, qué importa el programa, el caso es votar. Qué somos una democracia, ¡leches! Bueno, algunos no votan porque se declaran “cansados”, “estresados”.
Si es que España trabaja mucho, vamos no para. Me remito a los escándalos inmobiliarios y otros. El país del lazarillo. España sabe de trabajos ocultos, ¡sí señor!
Los de un bando aclaman el vicio oculto y los del otro no aclaman nada, pecan sin más. Para qué esconder los vicios, si eso es de izquierdas, vamos que tenemos la derecha más santa de toda Europa. Un turnismo desesperante y tira porque me toca. Son los mismos con diferentes collares. Pero España madura, España se rompe, dicen.
El nuevo sistema consiste en eso que han llamado “Globalización”, como aquella vez que hablaban de la sociedad del bienestar, se inventan lo que quieren. Eso sí, a costa de los demás.
A mis edades sólo me queda pensar que tarde o temprano algo cambiará, que al menos, aunque sea por miedo a que la Tierra se rompa, se unirán un poco más.
Yo sigo siendo un espíritu viejo que se resiste a la eternidad, de la generación de los invisibles. Proyectándome siempre internamente. Enamorado del absurdo, del humor irreverente, de la invención de historias. Y mi casa no es otra que mi silencio y mi quietud, final de partida, punto de partida.
Y sigo creyendo que no somos tan tontos ni tan idiotas, que esto se solucionará. Al mundo me refiero, a qué si no. Bueno, me voy, no sé dónde, pero me voy...
Peatón


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