Voy a comprarme un faro de orientación
Un faro de orientación
Estoy seguro que para ti es hoy; el dolor. Hoy, no importa el tiempo perdido. No importa el pasado, es hoy. Qué será lo último que muere en el amor. Y se impone, lo más difícil de todo; salvar el presente. Librarlo de las hipotecas dolorosas de ese pasado, ponerlo en función de porvenir. Huir de esos dos vacíos, el amor pasado y la soledad reciente. Necesitas dos ausencias en ti, operando de trasfondo, para evitarte el recuerdo.
Yo sé de un dolor diferente, ese dolor, ese profundo echar de menos lo que nunca se tuvo, esa herida es la más honda que se pueda sufrir. Naces a la orfandad en el amor. Y tocas cosas, demasiadas a veces, que no hacen sino profundizar en las heridas. Pero, saber acercarse a las cosas es todo un arte. Tal vez necesitemos del culto a la espontaneidad creadora y a la vida inmediata, no lo sé.
Cómo encontrar el antídoto contra el dualismo desamor y soledad; la convivencia entre la razón y la vida. Cómo sobreponerse al dolor. Huir de los síndromes no es fácil, lo sé. Pero quedarse en ellos es mortal de necesidad. Anudas una existencia contradictoria. Existes en el tiempo. Pero bajo vocación de eternidad. Por tanto una existencia que se niega de continuo a sí misma.
A modo barroco, es cuando más necesitamos una regeneración mediante el desengaño. Salir al encuentro del amor es como salir para encontrarte a ti mismo. Descubrir tu misión, tu vida. Con todos sus aciertos, con todos sus errores. Lo digo sin serenidad ni severidad, a veces se pierde, a veces se gana.
Yo creo que se trata de mentalidad o de actitud ante las adversidades, incluso diría más, ante el mundo. Pero para salir del desamor necesitas una visión integral del universo y de la vida. Somos tan poca cosa delante del dolor. Esto no va de una terapia de reflexión. Sino de un intento de alcanzar el camino más corto a la plenitud del significado “desamor”. En todo cruce hay una fecundación recíproca. Y en el amor todos sufrimos de alucinaciones quijotescas.
En el amor me propuse esta frase; “yo soy el hombre; ni lacayo ni señor”. Y necesité de muchos mares para saber de faros luminosos. ¡Qué de naufragios! Pedí una visión y me dieron una esperanza que no cesa. Yo sigo creyendo en el amor.
Si tanto amaste, algo te debe quedar. Aunque sea sólo una lágrima, de amor, claro está. No la derroches en lamentaciones, vívela. Y si no lo consigues yo te propongo un faro nuevo que ilumine el mar donde van a morir las lágrimas enamoradas.
Peatón


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