Un mundo que se sabe atemporal...
Los tiempos de nuestra vida. El tiempo consiste en las distancias entre los recuerdos, que a veces se ensanchan, que a veces se estrechan. El presente no es más que una inmensa brecha. Brecha que decoramos con las pinturas del pasado, en un intento de alcanzar un futuro inexistente. ¡Qué cierto es! La vida es minuto a minuto. El delirio de los momentos. Pero sin tus tiempos estás perdido. Eres pasado, presente y futuro.
Mi único y verdadero tiempo es la comunicación con los demás. Descubrir circunstancias que me lleven a parajes que tan sólo imaginé. Lugares indescriptibles. Sensaciones enormes. Y una multitud de presentes que unen y desunen. La vida de los otros son tiempos y mundos paralelos a la propia vida. Por lo tanto, cada uno de nosotros es un mundo. La sensación de sentirte en el fin del mundo solo, no es otra cosa que la soledad. Y la soledad es propia, jamás ajena.
Creo que muchos errores en la comunicación con los otros, nacen de ahí. No nos atrevemos a compartir mundo. Compartimos soledades, sentimientos, sufrimientos, alegrías (pocas), y miles de anécdotas que un día vivimos como mundo. Aunque suene triste escribirlo, sólo nuestro mundo contiene la verdad. Mi madre conocía mi mundo como nadie. Y lo conocía a través de mis reacciones. Nunca tuvo la necesidad de interiorizarme. Me sabía.
También es cierto que conocerse uno mismo, tal y como es, sin alguna dosis de olvido, puede llegar a ser trágico. Necesitamos de los demás para compartir cómo ocultamos nuestras verdades. Necesitamos mundos.
Cuando miras fijamente a los ojos de alguien, se sorprende. ¿Estará descubriendo lo que pienso? ¿Me sabrá? Pero en ciertas ocasiones es molesto mirar fijamente a los ojos. Como el que juega a las mentiras y se encuentra con una verdad que no le gusta.
Qué fácil es llegar al centro del corazón de una mujer y qué difícil quedarse en él. El mundo de la mujer es tan auténtico (hablo en general ) que el hombre siente miedo y se refugia en él como si de un niño se tratase. Sin la mujer el hombre no le encuentra sentido a las cosas, a su vida.
La vida está hecha de lo que vamos acumulando. Y yo me pregunto qué se necesita para que dos mundos, el del hombre y el de la mujer, se fusionen. Para que a su vez vayan creando más mundo. Si te niegas a tu mundo, te niegas la vida. Que siempre nos una el deseo de vivir.
Permitir que nuestras habitaciones personales se preñen de sol. No huir nunca de la verdad. Llenarte de palabras, de sentimientos profundos y de impulsos que ensanchen la vida. El camino, si existe, está dentro de cada uno de nosotros, no fuera.
Yo he visto describir el amor aconsejando una receta de cocina. También contemplé cómo se retiraba un mar para dar lugar a todas las formas del sufrimiento. Pero lloró tanto que creo su propio océano y aprendió a nadar entre lágrimas agridulces. Aprendió la vida, su mundo.
Dibújame un paisaje que me permita la proximidad entre nuestros mundos, de los colores no te preocupes, los descubriremos juntos. Que nuestros corazones canten la melodía del universo.
Yo sólo busqué un mundo, otro mundo, para fusionarlo con el mío…
Peatón


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