Mis edades y yo...
Intento ordenar mis edades sin encontrar donde ubicar mi real tiempo. Como el resto de todos los fugitivos, mi reloj se detuvo en esa escapada o huida hacia el abismo de la inconformidad. Y es que nada es peor que un mal sueño que pretendía ser vida. Me aferré a mis costumbres, a esos hábitos que siempre me permitían el regreso a la normalidad. Y ahora decido dejar de sufrir en silencio, divulgar mi intimidad, y si me atrapa la eternidad que nunca sea en soledad.
Estoy más que harto de una humanidad que se empeña en ser inmortal. ¡Yo que siempre me supe de paso! Qué hace que todo no sea más que un sueño, Qué hace que olvidemos los sonidos de libertad. Que hizo que a mi casa yo la llamara soledad. Porqué ahora mi vida siempre es mañana…Auguro, con tristeza, que los que sufren en silencio, un día, desaparezcan. Los que el amor cautivó.
Cuándo aprenderemos a quejarnos los del silencio, para que esta isla llamada Tierra no se nos hunda. Han convertido este mundo en una pecera de peces anónimos con muchos problemas. Ya nadie reconoce el lugar donde nació. Los que soñaron que la vida podía ser mejor. Los que pensaron que las amenazas nunca serían azules. Y es que ahora siempre llueve torcido.
A la sombra de la cordura “bien entendida”. A la sombra de una vida que sólo exige una cosa; “siéntate y comparte conmigo”. A la sombra de un suspiro, yo ya no pido, pero si busco otra gente que piense como yo. Que vivir vale la pena. Los que nunca aprendimos a traducir en términos de rentabilidad. Sabiendo que sostenemos esta isla tú y yo y el resto de la humanidad. Los de la avenida de un mundo mejor, vecinos de continentes, hermanos en soledad, los que no aprendimos a quejarnos.
No permitamos que los susurros existenciales de nuestra vida desaparezcan, ni los paisajes de nuestros recuerdos. Que sea todo un estado constante de flujo. Nuestra utopía personal. Descubrirnos. No tener miedo de hablarnos cara a cara. Que nuestra imaginación y nuestro sentido de la moral sean siempre capaces de reconciliarse. Y desde nuestro propio descubrimiento ser capaces de cambiar nuestra realidad, la realidad.
“Un hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre.” Cuándo fue la última vez que arriesgué, ya no lo sé. Pero aquí me tienes divulgando mis intimidades, pues por algo se empieza.
Peatón
P.D."La lucha diaria es la madre de todas las cosas."


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