lunes, julio 30, 2007

Descensus ad inferos

Permíteme la tristeza, hoy paseo solo.
Cuántos infiernos más habré de vivir para salvarme, claro que a lo mejor esto es la vida y yo sigo sin enterarme. Apenas si recuerdo, hoy, ese otro que una vez también fui. Saltando de ilusión en ilusión, sabiéndome por momentos más lejos de la verdad, mi verdad. ¡Qué lejos me queda todo! Aquí pensando en las orillas y sus habitantes.
Camino y observo costumbres, dichos, gestos y personajes. Viendo el tormento de una humanidad que sufre las prisas por llegar a ninguna parte. Desde un presente donde adivino la confusión futura, las batallas de la ideología, la necesidad de sobrevivir en definitiva. Reconstruyendo, como puedo, las diversas capas de un hombre cuyos perfiles se modifican constantemente. Como ese loco al que tan sólo le queda caminar, su única manera de esquivar la muerte. El testigo privilegiado del lento agonizar hacia el final.
Quién me bañó con el desencanto, quién me arrebato el coraje. Yo creo que antes la gente vivía otra vida más interesante que la actual, la gente era menos egoísta, menos cínica, menos implacable. Gente que tenía algo nuevo que proyectar a diario, lo que les suponía un cambio, aunque fuera inventado, como una válvula de escape, de salvación. Y lo que no entiendo, ahora, es porque toda esta gente se ha empeñado en ver la misma película de horror, la que todos llevan en su mirada, en su semblante. Personajes, sí, pero qué mentalidad los guía.
El pensamiento siempre será un acto de supervivencia. Y permite a hombres y mujeres vivir hacia dentro en un mundo en el que apenas pueden encontrarse. Todo esto no es más que el perfil impreciso de una humanidad en construcción. Y a mí que el universo siempre se me concentró en un pueblo de mar. Ahora es cuando soy consciente; yo padezco la capacidad de percibir la vida como totalidad cuyo sentido es inmanente tanto a los acontecimientos grandiosos como a los mínimos de la vida cotidiana. El dolor del silencio que nada ni nadie podrá colmar ni aplacar ni consolar.
Para un soñador irónico, rebelde y romántico, como yo, el paisaje no es más que un ir y venir por ver si encuentro donde quedarme. Aunque ese lugar sólo sea mental. Creo que el sentimiento de piedad y ese puto talento que me dieron para captar los matices hacen de mí un músico que toca para sordos. Entre el “fuego abrasador de los sentidos” y la “espiritualidad glacial” de la vida. Pero, quién nos habrá vendido el delirio de normalidad.
Yo soy ahora la mirada agotada que encuentra, lo que otro impone, en todas partes. Aquí las preguntas son redundantes con respuestas igual de ignotas que de precisas. El mundo avanza hacia la exclusión del acto de mirar. La gente desconfía de la imagen que es lo mismo que renunciar al mundo. La visibilidad externa y cegadora permite el no-pensamiento. Y, estoy seguro, nos han robado el contraste entre lo invisible y lo visible.
Arrastrado y devorado por este momento yo sólo me hago preguntas, ¿cuándo se vive?, ¿cuándo es el presente? En este descenso a los infiernos, de esta tarde de verano surcada por rayos insolentes, cuántas veces habré de morir…

Peatón

P.D. “….una de las maravillas de la literatura es que lo imaginado por un hombre llegue a ser parte de la memoria de otros.”

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