sábado, julio 28, 2007

Hoy reconozco que no existe un lugar para la salvación...

Hoy reconozco haberme construido un lugar de salvación; la razón de mi existencia. Cuando el espacio privado se convierte en una cascada de decepciones sólo te queda la resignación, a la que sueles llamar soledad. Cuando eres incapaz de reconocer lo que es tuyo, en esta vida, te identificas con todas las contradicciones que te salen al paso. Y te inventas tantas vidas como fracasos llegaste a vivir. ¡Qué poderosa es la imaginación! Te sientes como el invitado que todos desean pero que ninguno se queda.
Cuántas revoluciones, propias, nos inventamos a lo largo de nuestra vida. Inventos imposibles encerrados en discursos alucinados, locos. Donde crecen, viven y mueren esos sentimientos que jamás nos atrevimos a contar. Pero cuando descubres que tu lugar de salvación es un pasado idealizado ya es demasiado tarde para todo. Vives un presente extraño. Presente que te obliga a pensar en ese futuro imaginado, con la intención, deseada o no, de olvidar ese pasado.
Pertenezco a esa época donde todo valía algo más que un duro. Y ahora que todos hablan de euros, soy consciente que me quedé sin cambio. Lo mío siempre fue la calderilla, el sueño de encender un habano con un billete de cinco mil pesetas. Pero, ¡la gente ya no está para romanticismos! Ahora hasta Don Juan “sale del armario”, y según me cuentan viaja en carroza rosa. Añoro eso días de radio cuadrada, botones, aguja, de lámparas incandescentes, la que me largaba los chistes de Gila, las ocurrencias de Álvaro de la Iglesia, la irónica guitarra de Emilio el Moro, o el cocidito madrileño. Ya no quedan románticos, no.
Que no decline el presente, que se joda el futuro y que el pasado deje de ser un rechinar de dientes. Que me devuelvan el bolero, el tango y la milonga, mojaditos de pasodobles. Ese otro pensamiento, el que me hacía madurar, pensando que lo original siempre estaría en cualquier ciudad del mundo menos en la mía.
Hoy siento que dejé de mirar fuera. Que ahora sólo me miro dentro. Que ya no sé dónde están los límites entre la verdad y la mentira, o todo lo que me invento. Y que en este lugar donde creo que me salvo, ya no suena ni el piano del diablo.
Hoy, para encontrar un lugar de salvación sólo basta una cosa; protestar por todo, qué más da si sabe o no se sabe, el caso es protestar. O protestas o te paralizas en el asfalto, tú mismo.
Hoy necesito que alguien me diga que una vez yo fui niño…

Peatón

P.D. "Ves cosas y dices ¿por qué? pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo ¿por qué no?"

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