Si no va de tiempo, me lo devuelves...
La única función del tiempo es consumirse: arde sin dejar cenizas. "Tempus fugit".
De qué tiempo disponemos realmente…Claro que, no siempre importa saber o no saber, de qué tiempo disponemos. La mayoría de las personas empiezan a pensar en el tiempo cuando empiezan a envejecer. A menos que el tiempo se detenga en algún lugar de su vida El tiempo de otros, claro está..
Aunque tampoco se trata de descubrir el corazón de la gema. Creo que la única muerte que no se supera es la propia. Y también es cierto que en la circunferencia, el comienzo y el final coinciden. Pero nada de todo esto importa ya, ahora lo importante es “sentirse vivo”. Pero ¿ha de ser a cualquier precio? Todo es válido, cualquier cosa menos quedarse o volver. Para huir de las sucias cavernas de la realidad.
Nunca me gustó el maniqueísmo, ni las dicotomías, ni lo excluyente, pero algo me avisa que el mundo se está dividiendo ( al menos, el mundo desarrollado) en dos bandos. Sí, he dicho dos bandos. ¡Esto es la guerra! Por un lado; los que se quejan por lo que no son, y nunca llegarán a ser. Por el otro; los que saben sacarle partido a lo que son y como son (éstos son minoría).
De ahí que los gobernantes, de cualquier país, cada día lo tenga más fácil para ejercitar su profesión; nadie les escucha. O negro o blanco. Se acabaron los grises. De un extremo al otro. No me extraña que se esté diciendo que ya no existe la izquierda. Y es que a los hombres les encanta estar y ser “en contra de algo”, y si pueden llamarle injusticia, alcanzan un orgasmo cósmico. Eso sí, los problemas y los dilemas a los que me refiero no alcanzan más allá de sus radios, televisores u otros medios de comunicación que han inventado que jamás sabré cómo funcionan.
Hay que comprender que la prensa ya no se lee, se ojea. Pero qué bonito es saberse los titulares; “¡ah! Sí, eso venía en tal periódico o en el otro, sí, sí, ya sé de que va” Y la verdad es que no se tiene ni puta idea. La desinformación es un virus muy peligroso que nuestros expertos gobernantes saben aprovechar muy bien. Que se lo digan a las derechas. Ahora avanza mucho la forma, y el contenido, pues eso, ya se verá, el caso es que se venda, audiencia, gente que hable de esto, ya sea mal o bien, pero que hable. Mientras no piensen en ningún tipo de interés, sabremos que el país va bien, o al menos llevamos las riendas.
Pero no pasa nada, somos eternos, vamos a vivir siempre, así que bueno, ya habrá tiempo de recuperar el tiempo perdido. “No conozco ningún otro signo de superioridad que la bondad” decía Ludwing. Pero claro, de eso hace mucho tiempo. No me imagino a Gandhi, a Cristo, Mahoma, etc. Al estilo “Rambo”, no lo consigo. Ni podría encasillar a Teresa de Calcuta en una película de James Bond. Ni tan siquiera sueño con ver un día al Papa en el ensanche izquierdo de Barcelona, y lo digo con el máximo respeto.
Yo soñaba con un mundo mejor, que no perfecto, sería horrible. Y es que ya nadie quiere madurar, no, eso no se lleva. Claro que todos padecen de lo mismo; ¿cómo superar la nostalgia insufrible? Pero no queda ahí la cosa, no. Ninguno quiere envejecer, y todos quieren encontrar el hechizo que les proteja del dolor. Permíteme una sonrisa; siempre he pensado que amar es hacer. Y eso es precisamente lo que te permite y te otorga el poder supremo de transfigurar las cosas. Aunque para muchos, muy poquitos, la simple presencia de las cosas es más importante que las explicaciones que podamos tener. Y es que todos, aunque te digan lo contrario, somos capaces de romper una promesa y abandonar una isla.
El otro día, o era otro momento, no lo recuerdo, pues la vida es una sucesión de momentos, algunos agradables, otros no tanto, leí algo que me maravilló; “Como un grano de arena que entra en la ostra le causa dolor. Entonces la ostra la rodea de nácar y crea la perla. Sin dolor no hay perla y sin hechizo sólo queda la arena”. Y es que yo nunca me cansaré de contemplar el extraño e inagotable espectáculo de la vida. Y defenderé la infancia, la vida como creación incesante, de su capacidad para surgir luminosa de la noche.
Me contaba un amigo ciego lo siguiente; “Juan Antonio, el amor es un juego de malabarismo. Hay tres pelotas en el aire; la primera son las palabras; la segunda, el cuerpo, y, la tercera, el corazón”. Que ponga a ciegos como mi amigo en los gobiernos.
Y todo esto te lo cuento como ese niño que fui, que quiso sentir la belleza que le estaba destinada. Entre tú y yo, ahora, ¿A qué jugamos?
Peatón
P.D. A la llegada del otoño me pongo muy cariñoso, espero lo sepan disculpar.


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