viernes, octubre 12, 2007

En un momento dado...recuerdas....

Te propongo una meditación sosegada sobre el paso del tiempo, desde la serenidad y el diálogo íntimo. No te asustes “cada distancia tiene su silencio”. No se trata de lo que ocultaste, sino de lo que nunca dijiste; tu verdad. Vayamos al encuentro de ese baúl donde guardaste todas esas cosas que te resististe a tirar, a arrancar de tu vida. Subamos despacio al desván, allá arriba, y en cada escalón que vayamos venciendo iremos retrocediendo en el tiempo. Llegaremos a la niñez, y con cada objeto que vayamos extrayendo de ese baúl reconstruiremos nuestra vida. Lo que pudo ser y no fue, lo que hoy en día es.
Quién, en cualquier momento de su vida, no regresa al baúl de los recuerdos donde ha ido escondiendo sus lágrimas, sus derrotas, aquellos fracasos que jamás llegó a confesar. Aquel encuentro que nunca se dio y sólo tú sabes de su existencia. El primer beso, las primeras caricias. La cosas que nunca contamos por miedo a que nos las mancillen, ya que siguen puras e intactas en nuestros recuerdos. Nuestra otra realidad, nuestros misterios mejor guardados. En definitiva, lo que a los ojos de los demás siempre será invisible.
¿Qué queda de lo que quisiste ser? “La poesía es capaz de crear una realidad (La de esa realidad por ella creada)”. Cuántas veces fuiste poeta a lo largo de tu vida. Tu baúl no es más que un poema preñado de poesía, objeto a objeto, verso a verso, historia a historia. Un espacio (el baúl) donde acudes cuando sientes que tu alma quiere separarse de tu cuerpo. Qué queda de ese hombre que no consiguió borrar sus límites, ni destruir sus fronteras. El baúl. Y sabes, aunque cueste reconocerlo, que ese espacio no es otra cosa que trocitos de ese otro que siempre quisiste ser. Y es, precisamente, donde “vas hacia lo invisible y sabes que es real lo que no existe”.
Aparece una lágrima, se desliza por tu mejilla, al encuentro de tus labios; el sabor de los recuerdos. Un modo de olvidar la existencia vivida más allá de ella de la que sólo queda el vacío; su ausencia. ¡Qué de cosas hemos llegado a ser en nuestra vida! Qué de instantes dejamos atrás.. un tímido rayo de luz seca tu boca y el aleteo de un pájaro inoportuno te devuelve a la vida; tu vida actual. Y decides la escalera hacia abajo.
A medida que vas bajando, escalón a escalón, consigues progresar en el olvido. La bajada no es más que el momento de la desaparición donde se cultiva la lengua del olvido. Y cuando llegas al último escalón notas un cierto triunfo en la derrota, una cierta esperanza ante aquellos fracasos que se niegan a abandonarte. Esa alegre derrota te devuelve a ti mismo.
Yo “nunca aprendí a quedarme”. Y aquí me tienes sembrando de palabras este silencio de la nada. Pero nadie, absolutamente nadie, conseguirá arrebatarme el amargo sabor del vacío de la nada.
Creo que sí es posible mirar de otra manera, que sí es posible recordar sin nostalgia. “Nuestra palabras son el espacio que le falta al mundo”. Pero si tu soledad es una luz cerrada, créate un rayito de luz en esa otra realidad, y envuélvela en un hálito mágico.

Juan Antonio

P.D.A los que nunca fuimos vacunados contra la nostalgia.

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