Se trata de amor, ¡sólo de amor!
Esto no va de despechos, ni de rencores, a quién le interesa la revancha, sino a los perdedores. Esto va de un gesto tranquilo que se desprendió de una nube de desesperación. Cuando un corazón ama, a pesar de las derrotas, siempre es vencedor. “Perdedor puede ser, pero jamás vencido”.
Me prometiste la luna y yo me lo creí. Mis pocos espacios eran lo que queda después de la batalla. La batalla de un matrimonio que hacía tiempo perdí. Como gané la muerte y no la quise, los cobardes no van a ninguna parte. Venías con el disfraz de la ternura, esgrimiendo soledades que empaparon mis ojos, los mismos que enamoraste. Haciéndome creer en unos horizontes nuevos, que por lo visto, sólo existen en el país de “nuncajamás”.
Pero venías para salvarte, no para salvarnos, y yo no lo vi. Llenaste mis vacíos con promesas que calman heridas pero no las curan. Venías a consolarte no a consolarnos. Venías para amarte, no para amarnos. Y yo enamorado, y sólo de ti. Tu nunca abandonaste “tu guerra”, la que te venció. Destrozando, por el camino, como depredador experimentado, cuantos corazones te salieron al paso. Pero no supiste caminar, caminar es de gigantes. ¿Cómo amar cuando las únicas armas son las mentiras?
Cuando saliste de mi corazón quedó el vacío de una presencia que jamás existió, pura ausencia. Hoy la presencia es un campo de batalla donde sólo existo yo y cuantas soledades pueda encontrar. Nunca lo sabrás, nunca lo vas a saber, lo quieras o no, la vida consiste en amar y ser amado. Y tarde o temprano quien utiliza el amor como arma arrojadiza, muere en el desamor más profundo.
Me lo dicen los vientos y las lluvias, que tarde o temprano, brotará de la tierra, la tierra que me hiciste sembrar con lágrimas de amor, de sangre y dolor en surcos de sufrimiento, y porqué no, de vida. Brotarán árboles, árboles de savia nueva, y nacerán ramas amorosas de nuevo, y surgirán hojas verdes que llevarán mis cicatrices; vida y amor, vida y amor, vida y amor. Pues yo no entiendo cómo se arrastra una vida de cuerpo en cuerpo, de miseria en miseria.
Pero, por fin sé quién eres; no eres. Y si algo eres, el ladrón que después de un terremoto se arrastra entre la ruinas de las desgracias, de las vulnerabilidades, del sufrimiento y debilidades ajenas. Pero, no te preocupes, somos lo que comemos, Y tú no eres más que un empacho de complejos y dolores ajenos. Que vas a padecer, durante toda tu vida, léelo bien, dolor de muelas en el corazón, en cada soledad que te vuelvas a refugiar, esto te lo auguro yo. Y que todas las empresas amorosas que emprendas, te pase lo mismo que a mí contigo multiplicado por siete, en arameo, aunque no lo entiendas, y eso ya no te lo auguro yo, sino el cielo que es quien premia y castiga.
Anoche me vistió el ángel de la guarda, ante tanto dolor, vino a consolarme. Me contó que soñar también es amar. Y estas cosas me dijo.
Verás que ya no es un día más o un día menos. Que los acontecimientos se sucederán con calma. Y verás cómo vuelan las almas. Que nos podemos separar de las cosas, de casi todas, pero no del espíritu. Porque espíritu es lo único que somos. Energía viva, y si te la ganas, amorosa. Que comprenderé que el tiempo sólo es un marco y que lo que llamo vida es una casualidad necesaria. Que un día abandonaré los paisajes que me sirvieron para comprender el ayer, el presente y el futuro. Y que cuando regrese a la vida podré decidir no regresar jamás a siempre, es decir, a la nada, a nunca. La instantánea de la contemplación, de la verdad absoluta hará estallar todos los tiempos conocidos y vividos. Y seré y me sabré parte de lo absoluto. Lo que veo es lo que soy.
Después, depositando su mano sobre mi frente, me dio paz, me relajó, y me dormí, oyendo esa música infantil, duerme, duerme, duérmete mi niño, Mañana, de nuevo te toca renacer, mañana, de nuevo, la vida.
Buenas noches, noche.
Peatón
P.D. Gracias, Diosito, por bendecidme con la paciencia y el amor


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