miércoles, noviembre 21, 2007

"La tierra de nadie"...

Existe un lugar que yo llamo “la tierra de nadie”. Donde absolutamente todo puede pasar. Un mundo paralelo que a la mínima que te descuidas, te atrapa. Ubicándote sobre el centro de un punto, que tarde o temprano, es capaz de engullirte. La tierra de los espejismos, de los cristales rotos, donde el paisaje es siempre el mismo y lo mismo; tú. Donde se agudizan todas las contrariedades, las frustraciones, donde al mismo tiempo se cuestiona la existencia alejándote de tu vida real. La tierra que te hace descender a los abismos de tus propios fantasmas. Donde la luz brilla por su ausencia, un pozo sin fin que te quiere sólo a ti.
Y lo peor es que nunca llegas a saber qué o quién te ubicó en dicho lugar. Son muchos los que creen, al pisar dicha tierra, que han encontrado su propio lugar. Son muchos los que se alejan de cualquier responsabilidad conocida, y ausentes de cualquier entorno conocido y real, lo único que quieren es experimentar todo tipo de sentimientos y sensaciones, las que sean. Invenciones, ilusiones, marginándose cada vez más y adentrándose en la más absoluta de las oscuridades. Estás frente a ti mismo. Tu película, tu verdad, tus mentiras. Delante de tos los inicios y finales conocidos, en el amor, el desamor, el pasado, lo que queda de las aspiraciones de futuro, el laberinto de lo que ha sido tu vida y de lo que pudo ser. Una sed insaciable se apodera de ti. Lo que te impide distinguir entre lo real y lo virtual, entre la verdad y la mentira. Poco a poco te vas sabiendo otro, carente de felicidad, pero ya no puedes dejar de caer.
Para regresar a la realidad y para abandonar esos abismos, me dije que debía aceptar ese tiempo, sabiéndome en la noche del pozo. Aceptarlo como una realidad que debía cambiar. Y me serví de las armas que siempre me han caracterizado; un buen sentido del humor, alegría de vida, afrontar con la máxima dignidad cualquier laberinto que me saliera al paso y al que debiera enfrentarme. Que tarde o temprano, una buena dosis de esperanza, un rayo de luz conseguiría introducirse por algunas de las rendijas del pozo y me indicaría la salida. Y es lo que hice y lo que hago, nada más. De qué sirven los lamentos. Reconozco que los fantasmas de la oscuridad son poderosos, te atraen, te engañan, te equivocan los caminos. Pero tienes que seguir, seguir según tu conciencia, y ahí está el éxito, no olvidar nunca quién eres. Aprender a decir que no, y nunca detenerte. Seguir y seguir pensando, imaginado la luz, y que la final de ese rayo de luz existe una posible salida.
Cuando alguien llega a mi corazón y entra sin pedir permiso, la mayoría de veces sé a lo que viene, pocos me sorprenden ya. Buscan amor, otros huyen del amor, de la rutina, del aburrimiento que los mata lentamente. Otros aún no han cruzado la frontera hacia la tierra de nadie, aún buscan desesperadamente lo que les de sentido a sus vidas. Y mucho son los que vienen a buscar un remedio y un perdón que no está en mis manos conceder; los hijos de sus propias mentiras.
Qué fácil es inventarnos un mundo a nuestra propia medida, y qué difícil aceptar y luchar por mejorar nuestra realidad asumiendo las responsabilidades que tocan a cada uno. Pero hay que decirlo, hay que asumirlo, que la vida va en serio. Que el mal existe, tan cierto como soñamos y creemos en un hipotético Bien.
Siempre he creído en mi mundo mágico, en ese cuento de príncipes y princesas en cuanto al amor se refiere, y además, con ojos de Peterpan. Y no sé, ya no lo sé, si se dará o no se dará, pero yo necesito seguir creyendo. Para ser, para estar, para la vida. La vida aprieta y no ahoga sin con las armas que posees aprendes a nadar, en este mundo loco, loco, loco de verdad. Y no es cierto que lo bueno sólo les pasa a los demás, los demás también somos nosotros, tristezas e ilusiones incluidas. Y no te preocupes, aquí no se queda nadie, y los que ya se fueron nunca volverán. Pero sí queda lo que nos enseñaron, todo aquello por lo que lucharon, en lo bueno y en lo malo.
Di conmigo que lo vamos a encontrar. Di conmigo que ese deseo es el que nos mantendrá en la lucha. Que si no existe ni principio ni final, tú y yo ya lo sabemos, pero que tú y yo, un nuevo mundo más justo, sabremos diseñar, dibujar, pensar. Un mundo y una historia que jamás nadie llegó a imaginar. Porque tú y yo sabemos, que seguiremos desesperadamente buscando el verbo amar.

Peatón

ecoestadistica.com