jueves, mayo 31, 2007

Yo tengo las noches enamoradas...

Mi amigo el tiempo y yo…

Un instante crucial en tu destino hacia un mundo desconocido. Que surgirá, gris y dramático, de las propias ruinas. Yo no domino los impulsos sexuales de mi corazón. Nunca supe hacerlo. Amores consumados, amores frustrados. Historias de sueños, historias de desencuentros. Y el tiempo, mi único consuelo.
¿Cómo se disfrazan las flaquezas sentimentales? Pero mis paisajes, en el amor, siguen vírgenes, nunca asociados a un yo. Aunque sean paisajes sobre cimientos del olvido. Siempre he pensado y creído que el sentido del amor está en el amor mismo. Lo digo desde la base de una realidad efectiva y no desde unas esperanzas frustradas. ¿Cuántas realidades habré creado en mi interior?
Y ahora, nunca lo que veo se corresponde a lo que fue. Unas interrupciones, que acaban señalando hacia un antes y un después inasimilables. Todo lo que pudo ser y no fue. Humano, me siento demasiado humano y esta energía imaginativa que me proporciona buen humor y comprensión. Adoro mis tiempos en el amor.
El juego del amor, cambiante de suertes y perspectivas, no sería posible sin la ironía. Saber burlarte de todo el espejismo que conlleva la vida. Y hacer que esa burla sea el secreto de tu vida. “Lo real en el espejismo no es el agua, sino la sed que la produce”. Algo parecido acontece en los tiempos del amor.
De qué sirve guardarle rencor a la vida. Prefiero ser amante de las cosas antes que juez. Amante, sí. Desengañado, sí. Pero comprensivo. Haber sufrido tanto que seas capaz de sonreír a todo. Un modo único de abrir mundo y habitar en él.
Encontrar esa persona que te destine para sabernos ausentes del destino. El silencio me sella los labios y la soledad se ausenta. Destinarnos los dos en ese camino que sólo lleva a nosotros mismos. Para hacernos el amor sin intermediarios. Y el tiempo esperará porque sabrá de nosotros al vernos enamorados. Un tiempo nuestro. De los dos.
Se me va la tarde enamorada, olvidando el día de preguntas, acudiendo la noche a mi llamada. Y la luna llena, la de hoy, se me antoja enamorada.

Peatón

miércoles, mayo 30, 2007

Nuevos sistemas, nuevas creencias...

Los valores de un pasado y de una sociedad que están apunto de desaparecer para siempre. Pero ¿qué es para siempre? Cuántas veces se ha repetido la historia, cuántas veces hemos cometido los mismos errores.
Estoy viviendo con una sombra de melancolía la recta final hacia lo desconocido. Qué tiempos aquellos donde creímos en la libertad. Donde todo era posible y lo imposible se nos antojaba deseable. Qué tiempos aquéllos, que nada nos doblegaba, que nada nos abatía.
¿Qué podíamos hacer en aquellos tiempos? Sino soñar un mundo mejor. Lo pensamos y lo dibujamos. Y el mundo debía intentar olvidar sus guerras. Creer en la paz nos elevaba en nuestros más íntimos anhelos.
El amor libre, que no era otro que casarte y tener hijos. Que se acabara la dictadura. Perpiñán quedaba lejos y era costoso. Endeudarte en un apartamento de por vida, tener una casita en la playa donde ir a sufrir el fin de semana. Haber visto la película “Helga”. Fumar unos petas. Hablar continuamente del pasado, de lo felices que fuimos.
Es decir, sentar la cabeza y engordar. Soñar con las loterías y presumir de haberlo leído todo. Al menos, eso sí, se compraban libros. Hasta los curas hablaron de comunismo, cosa inaudita en España. Y no para hablar mal. España accedía a la democracia. Y el centro era lo mejor. No piensen mal, me refiero a la política.
Pero ahora todo es distinto. Ahora o tienes un ordenador o no eres nadie. Ahora o estás enchufado a la red o te conviertes en un ser sociable. Y eso la moda no lo puede permitir. Las empresas con sus beneficios ya no piensan en agrandarse, no. Ahora si consiguen sus objetivos, reducen personal y cotizan en bolsa. El dios del mundo, el nuevo dios; LA BOLSA.
Por fin se aprobó el divorcio. Es decir, cuando uno se casa ahora ya no es para toda la vida, Es como un decir, ¿lo probamos? Total, si no tenemos otra cosa que hacer. Los demás salieron del armario y lo reivindican, como tiene que ser ¡somos gays! Aquí el que no reivindica algo no sale en la foto. Ahora la gente se siente inmortal y pobre de aquel que se atreva a envejecer, ese no cuenta, es un estorbo.
Cómo ha cambiado el mundo. Se quejan de los inmigrantes, ¡leches! ¿Es que son extra terrestres?, joder!!!! Que somos nosotros mismos que regresamos donde encontrar un plato de comida. Qué poca memoria tenemos cuando no nos interesa el tema. Hace tres días estábamos subidos a un árbol y fíjate ahora, hasta nos imaginamos dioses a la carta.
Es la época donde todo el mundo se aburre, nadie está contento y todos sufren algo, no importa de qué, lo importante es declararse “incomprendido”. Eso se lleva mucho. Ni decir tiene que no conozco a nadie que esté contento con su cuerpo. No veas cómo se engordan las empresas relacionadas con la anatomía. Los del colectivo social individualista, hasta se permiten votar lo que les viene en gana, qué importa el programa, el caso es votar. Qué somos una democracia, ¡leches! Bueno, algunos no votan porque se declaran “cansados”, “estresados”.
Si es que España trabaja mucho, vamos no para. Me remito a los escándalos inmobiliarios y otros. El país del lazarillo. España sabe de trabajos ocultos, ¡sí señor!
Los de un bando aclaman el vicio oculto y los del otro no aclaman nada, pecan sin más. Para qué esconder los vicios, si eso es de izquierdas, vamos que tenemos la derecha más santa de toda Europa. Un turnismo desesperante y tira porque me toca. Son los mismos con diferentes collares. Pero España madura, España se rompe, dicen.
El nuevo sistema consiste en eso que han llamado “Globalización”, como aquella vez que hablaban de la sociedad del bienestar, se inventan lo que quieren. Eso sí, a costa de los demás.
A mis edades sólo me queda pensar que tarde o temprano algo cambiará, que al menos, aunque sea por miedo a que la Tierra se rompa, se unirán un poco más.
Yo sigo siendo un espíritu viejo que se resiste a la eternidad, de la generación de los invisibles. Proyectándome siempre internamente. Enamorado del absurdo, del humor irreverente, de la invención de historias. Y mi casa no es otra que mi silencio y mi quietud, final de partida, punto de partida.
Y sigo creyendo que no somos tan tontos ni tan idiotas, que esto se solucionará. Al mundo me refiero, a qué si no. Bueno, me voy, no sé dónde, pero me voy...

Peatón

martes, mayo 29, 2007

Voy a comprarme un faro de orientación

Un faro de orientación

Estoy seguro que para ti es hoy; el dolor. Hoy, no importa el tiempo perdido. No importa el pasado, es hoy. Qué será lo último que muere en el amor. Y se impone, lo más difícil de todo; salvar el presente. Librarlo de las hipotecas dolorosas de ese pasado, ponerlo en función de porvenir. Huir de esos dos vacíos, el amor pasado y la soledad reciente. Necesitas dos ausencias en ti, operando de trasfondo, para evitarte el recuerdo.
Yo sé de un dolor diferente, ese dolor, ese profundo echar de menos lo que nunca se tuvo, esa herida es la más honda que se pueda sufrir. Naces a la orfandad en el amor. Y tocas cosas, demasiadas a veces, que no hacen sino profundizar en las heridas. Pero, saber acercarse a las cosas es todo un arte. Tal vez necesitemos del culto a la espontaneidad creadora y a la vida inmediata, no lo sé.
Cómo encontrar el antídoto contra el dualismo desamor y soledad; la convivencia entre la razón y la vida. Cómo sobreponerse al dolor. Huir de los síndromes no es fácil, lo sé. Pero quedarse en ellos es mortal de necesidad. Anudas una existencia contradictoria. Existes en el tiempo. Pero bajo vocación de eternidad. Por tanto una existencia que se niega de continuo a sí misma.
A modo barroco, es cuando más necesitamos una regeneración mediante el desengaño. Salir al encuentro del amor es como salir para encontrarte a ti mismo. Descubrir tu misión, tu vida. Con todos sus aciertos, con todos sus errores. Lo digo sin serenidad ni severidad, a veces se pierde, a veces se gana.
Yo creo que se trata de mentalidad o de actitud ante las adversidades, incluso diría más, ante el mundo. Pero para salir del desamor necesitas una visión integral del universo y de la vida. Somos tan poca cosa delante del dolor. Esto no va de una terapia de reflexión. Sino de un intento de alcanzar el camino más corto a la plenitud del significado “desamor”. En todo cruce hay una fecundación recíproca. Y en el amor todos sufrimos de alucinaciones quijotescas.
En el amor me propuse esta frase; “yo soy el hombre; ni lacayo ni señor”. Y necesité de muchos mares para saber de faros luminosos. ¡Qué de naufragios! Pedí una visión y me dieron una esperanza que no cesa. Yo sigo creyendo en el amor.
Si tanto amaste, algo te debe quedar. Aunque sea sólo una lágrima, de amor, claro está. No la derroches en lamentaciones, vívela. Y si no lo consigues yo te propongo un faro nuevo que ilumine el mar donde van a morir las lágrimas enamoradas.

Peatón

lunes, mayo 28, 2007

La eternidad de ayer, la fugacidad de hoy..

Las salas de la vida…

En lugar que se me antojaba equivocado. En un lugar que aún no sé cómo llegué, en ese mismo lugar donde todo estaba por llegar, y que si no era así, siempre podría regresar a mi propia vida. Donde el tiempo desaparecía según los estados de ánimo, donde las puertas se abrían o cerraban, como cuando la mar abre y cierra sus puertas para desatar o engullirlo todo. El lugar de los espejos rotos.
La tensión entre el azar y la determinación o voluntad propia decoraba las paredes; “yo soy así”, “yo me he hecho así”, “a mí me han hecho así”. Planeando, eso sí, lo desfavorable y favorable de la proyección del destino en curso. Flotando, los diferentes componentes de todas la vidas, en la atmósfera de la eterna pregunta; “¿Conoce usted mi lugar?”. Aunque no todo el mundo llegara a la sinceridad de la sencillez de la pregunta.
Hablar de uno mismo es del género idiota, teorizar sobre uno mismo lo eleva al cubo. De la idiotez, claro está. Has que por fin te das cuenta que la vida sigue fuera. Esa parte extinguida que aún podría salvarnos. Volver la vista hacia esa presencia extraña que en otro tiempo vivía en nosotros y hoy, parece retirada, ajena. Pero a nadie le interesa oír una vida, sino explicarla. A nadie le interesa nada más allá de su nariz.
Lo quiera o no pertenezco a un sistema. Otra cosa muy distinta es la explosión de la conjunción que se da en mis interiores. Y si consigues dominar esas explosiones subes un peldaño en la atemporal escalera del universo. Escalera que va a ninguna parte. Lo que yo suelo diseñar como “implosiones cósmicas”.
No sé de ningún camino que no se haya iniciado en mi interior. Para bien o para mal. Y de mis entornos conocidos u otros, sólo puedo decir que siempre los contemplé como tierra a sembrar. Tierra a veces agradecida y otras no tanto. Pero sí puedo decir que a pesar de los lugares, a pesar del brote de los deseos, equivocados o no, siempre me ha quedado la oportunidad de seguir decorando los muros de mis pensamientos con la mayor de las generosidades y la mejor de las sonrisas. Como una invitación a una conmovedora amabilidad.
Las adversidades, como las olas de la vida, van y vienen, pero siempre te quedará la sonrisa o el rictus amargo de los que no supieron o no quisieron preguntar; “¿Es este mi lugar?”. Los que no escucharon la vida, los que no dialogaron, los que no debatieron. Los que nunca sabrán que se sobrevive más como misterio que como realidad. “Aún sin tragedia, el hombre vive para su salvación”.


Peatón

P.D. ¿En qué sala de tu propia vida te encuentras ahora?

domingo, mayo 20, 2007

Sentido común...

Ese otro sentimiento que te eleva sobre todos los demás. Que te permite olvidar los paisajes de la tristeza, los pasados borrascosos, las eternas preguntas sin respuestas, el bosque de las lamentaciones. Y es que aunque no lo sepas te has vuelto a enamorar. Y pisas una tierra nueva, apenas conquistada, de nuevo desembarcas en las orillas del amor.
Recuperas el sonido de tus pasos, dejas de inventarlos. Atrás las confusiones, ¡qué lejos! Cualquier otro relato que no sea, precisamente, esos nuevos ojos donde mueres y vives por mirarte. Tu vida recupera los colores del sentido. Dominas tu tiempo y tú escoges los momentos. Sintiendo que puedes salvar tu futuro con mayores oportunidades de cielo.
Siempre me he dicho que vale más un rato de felicidad que veinte de sufrimiento. Quién no tiene un viejo amor que recordar. Quién no ha sufrido por amor. Quién, a pesar de saberse feliz, no ha recordado otra piel, una vez nuestra, que nos hizo soñar el perfume ideal.
Mi lado positivo de las cosas, de la vida, se agita y me exige un enfado. Y lo tengo que decir. Cómo es posible que esperemos comprender nuestra propia vida según la de los demás. “Lo que a mí me pasa no le pasa a nadie”, “Esto sólo me pasa a mí”, “No aprenderé nunca”. Y lo malo de todo esto es que intentamos cobrarnos la deuda, de amor o desamor, en nuestra vida y entorno actual, o en la que acabamos de dejar. “Nunca debí casarme”, “Nunca debí dejar, ¿¡¡qué!!?”.
Por el amor de Dios, qué nos hace tan únicos, tan exclusivos, tan predispuestos, tan irresponsables a veces. Qué nos exige el sentido de eternidad.
Yo tengo, tatuados en mi corazón, dos poemas de amor que contienen el misterio y la verdad de la existencia; nacer y morir. Y como decía Groucho “Yo soy inmortal mientras no se demuestre lo contrario.” Qué bella poesía la del sentido común.
Yo reivindico que me dejen envejecer en paz. Que la moda no me atrape nunca. Que mis arrugas, testimonio del tiempo pasado, justifiquen siempre y después mi presente enamorado. Yo soy el que siempre ama. El incondicional del amor. Un eterno romántico. Y para mi gloria, eternamente niño y despistado.

Peatón

P.D. Leve anécdota de amor.
Viviendo en un apartamento, donde me cuidaba una señora de 74 años, observé en una de mis noches, en las que suelo conversar con las estrellas, esta escena de amor.
Desde el ático, vi como llegaba la señora Esperanza. En un coche muy lujoso, era tarde, y ya las sombras dominaban.
- Sra. Esperanza, la vi llegar, ¡qué coche más bonito!
- Sí, Juan. Se trata de un nuevo amigo, lo conocí en la sala de baile que sabes que frecuento. Pero no sé qué decirte, me lleva 10 años, en fin, ya veremos qué pasa.
Durante varias noches, la seguí viendo llegar, siempre en sábado. Hasta que una noche la vi llegar sola y en taxi.
-Sra. Esperanza, ¿cómo tan tarde?, ¿porqué sola? –le dije-
-Sí, Juan. Te lo dije. Cuando a un hombre no le das lo que te pide, ya sabes, al final se va con la primera que sí se lo da. No se puede una fiar de nadie.

martes, mayo 15, 2007

No sufras amor...

Si algo hay que saber ganarse es la vida. Conviene recordarlo. Y sentirás que habrán surgido dudas, más dudas que certezas. Tantos proyectos como improvisaciones, miedos y arrogancias, violencia y pactos. Y el resultado de todo no es otro que el tiempo que te queda. Un tiempo que nunca consigues medir. Y ese tiempo implica la conjunción particular de memoria y esperanza, de pasado y presente, de plenitud y deficiencia, de origen y de fin.
El pasado que perdura como imagen, o como figura, no sólo se conserva sino que da sentido al presente, que lo interpreta a la vez que se interpreta a sí mismo.
Yo no sé qué caminos emprendí para encontrar el sentido de mi vida, yo sólo sé que amé y viví. Que más allá de los tiempos una luz me guiaba, y yo le puse nombre; amor. Y que sin esa luz yo no sé ni puedo caminar. Como también sé que los peligros del amor son los peligros de la vida.
Me hablan de un sufrimiento, de unos caminos inciertos, me hablan de razones que justifican una vida. Me hablan, en definitiva, del dolor. Y cada vez que oigo esas palabras, a mí me da por pensar en la belleza que existe a pesar de las circunstancias adversas. ¿Qué sería una vida sin dolor? Yo que sólo he sabido ser paciencia y dolor. Yo que aprendí la tolerancia en miles de labios agrietados.
“Lo malo de una persona con un corazón roto es que empieza a repartir los pedazos.” Y lo único que puedes hacer es ayudarle a recomponer ese puzzle, sabiendo que jamás lo lograrás. Reconstruirnos, alzarnos de nuevo, ocuparnos en otros espacios que nos den el horizonte propicio a otro tablero. Si supieran, muchos, la de veces que hube de reconstruirme, si supieran el dolor. Sabrían de los tiempos y de la paciencia que se necesita para acunar un corazón herido. Yo me gané la vida a golpe de codazos. Pero siempre con la sonrisa en los labios.
“No sufras mucho”, me dicen. Si dejara de sufrir, dejaría de pensar el mundo. Si dejara de pensar desertarían las palabras. Y si me abandonan las palabras yo dejaría de amar. He deseado tanto ese amor imposible que casi muero en las esperas. Y ahora que peino canas, yo no me bajo de esta nave, la del amor, claro está.
Si supieran la fuerza de los fracasos, si supieran la perseverancia, si supieran que es mejor vivir erguido a tener que fingir el amor. “ No sufras mucho amor” y mi capacidad para lo minucioso se ensancha. En tiempos de guerra se escoge olvidar lo que de noble hay en el otro. ¿Entonces? ¿Qué amamos cuando amamos en el otro, tan ciego fuimos? No lo creo.
Yo apuesto de nuevo y siempre, y a pesar del dolor, por el amor, ¿quién apuesta conmigo?

Peatón

lunes, mayo 14, 2007

Brevemente, ¿quién soy?

Los que no se atrevieron son los que hablan de las cosas. De las cosas de los que sí se atrevieron. Y los que se atrevieron hablaron de las cosas antes de verlas. Cómo transforma el poder de la imaginación. Una enseñanza útil, no arqueológica. Para establecer contacto con otras personas, un contacto auténtico. Buscando la libertad en las cosas de todos y no en la casa de nadie. Y mucho menos en las miserias ajenas. De la libertad de mis acciones pretendo hablar. Y en algunos casos de la inconsciencia del daño no voluntario, no intencionado.
Yo hoy me declaro poeta y amoroso. Yo hoy me declaro el eterno amigo, jamás el amante. Y no es una derrota. Es un grito a la calma, un grito desesperado en busca de la paz que sé que jamás encontraré.
Pertenezco a ese grupo, a los que se atrevieron y jamás se conformaron, pertenezco a una estirpe ya extinguida, a los que aman a la antigua. A los que gustan llamar las cosas por su nombre. Pertenezco a los hijos de la verdad.
Por eso necesito decirlo; en el amor o te atreves o mejor andar caminos en las soledades del solitario.
He desnudado este folio de cualquier otra palabra que no sea la verdad. Y eso duele. Pero me merecerá la pena pasar por este pasillo angosto. Ya no me queda sino la palabra, la que me redime, la que me basta, la que me aísla, la que me ensancha. Ya no me quedan más que unos trozos de leña para quemar y se habrán borrados todas las naves.
A pesar del dolor (dolor de muelas en el corazón), es cierto que más vale amar y perder que nunca haber amado. Pero, ya estoy cansado de perder. Que alguien me explique las reglas de este juego.
Yo no soy más que una palabra que insertaron en una historia que no me pertenece, sólo soy aquel que garabatea en busca de la forma adecuada. El lector de la vida del protagonista siempre ajeno, siempre soñado, siempre dibujado. El que se pregunta; “después del The End, ¿en serio fueron felices?” y creí que era para siempre.
Yo soy un eterno proyecto de mí mismo…

Peatón

martes, mayo 08, 2007

Mujer y metáfora...

Metáfora y mujer y yo que sueño versos.

Todo ocurre cuando el oleaje de la memoria se agita, te inunda, y por unos instantes el olvido te penetra. Te dispones a recordar y no lo sabes. Porque para recordar has de pasar antes por el olvido. Qué quieto el silencio, qué rapidez la de las sombras, y temes que lo que venga te sorprenda, te devuelva a imágenes ya olvidadas en el archivo de las querencias. El amor ya no te sirve de ceguera, el amor es ahora más vidente que nunca. Y en ese momento llega la memoria y sus naves cargadas de recuerdos. Quieres volver al presente y no lo consigues, debes dejar que te traspase.
Y el silencio hace acto de presencia. Silencio de masas que me obliga a bajar y escuchar atentamente. En este silencio nunca se ausenta la palabra. Habla calladamente. En ese diálogo eterno con nosotros mismos. Es cierto, a veces, el silencio esgrime palabras mudas.
Adivino el olvido y lo rehúso, no quiero, no quiero olvidar. Quiero, eso sí, no recordar, pero nunca olvidar. Silencio ruidoso que mezcla y aturde mis palabras. No quiero ponerle nombre a esta sensación. Que seca la garganta. Que hace tangible los sonidos. Que hace que el futuro, siempre anhelado, sea pasado.
Pero yo quiero recordar el futuro, no sabría vivir sin hacerlo. Como sé que las mujeres no sueñan caballos, sueñan hombres imposibles. Tal vez y por eso los caballos se alejen de los hombres, porque no saben soñar. Para el hombre la mujer es el mito infantil del amor. Para la mujer el amor es el hombre imposible.
Y yo que me conformé con soñar versos, amada palabra mía. Mi más vital significado. La mujer es una metáfora. El átomo motor de mi vida. Qué inmenso universo; mujer y metáfora. Y yo intuyo que debo creer en mundos paralelos, mis deseos y los suyos. Nunca fui tan completo como cuando amanecí con la mujer. Los versos soñaban mitos imposibles y de sus labios nacían oraciones irisadas; las metáforas y yo.
La verdad se muestra, a la vista, llena de autenticidad. Me intuye, la intuyo. Nos asomamos y mutamos sin dejar de ser nosotros mismos. El universo se expande en dos direcciones, la suya y la mía, para que al final, siempre nos podamos volver a encontrar. La metáfora y yo. Mujer metáfora y sus noches encendidas. ¿Quién me dio este corazón de mujer?
La esencia de la demencia es eso, exceso. Como lo que yo siento, como lo que yo padezco…

Peatón

jueves, mayo 03, 2007

Toca mi boca, amor, y besa...

“La luz huele a encierro, el día amanece seco.” Pero nunca estamos a salvo del amor...

Yo sé que tengo que escapar, y al mismo tiempo no soy capaz de hacerlo. Yo sé que algún día habré de encontrar esa persona que conmigo quiera vivir el presente. El presente y nada más. Sin pasados, ni futuros, vida, escalofrío o carcajada, pero nunca indiferencia. Yo sé que un día lograré desprenderme del hechizo del vacío.
Tan viejo como el mundo me embarco en la nave del presente. Porque la vida es un tejido. Y yo un navegante que perdió la gracia de los vientos. Porque la vida es la mar. Iluso de mí pretendí atravesar el tiempo para alcanzar la inmortalidad. Buscando ese lugar donde mi historia aún tuviera un devenir. Buscando quien no me exija la vida para amar.
Adelgazó de tal manera mi pensamiento que era incapaz de darme respuestas. A quién se le ocurre intentar separar lo humano de lo divino. ¿A quién? Sino a un loco como yo. Y me encontré en esa línea que separa el bien del mal, la que llamamos vacío. Pero quién me trajo a este lugar, cómo llegué. Soy una herida abierta. Partícula de un sol despedazado.
En el andén del deseo perdí el tren de las caricias. Una piedra, en el agua de mi cordura, abisma las coordenadas que me sostienen entre perfectos círculos. Y siento que me hundo en una espiral desconocida que no me atrevo a llamar vida. Un agujero negro, un sumidero, pero, ¿dónde están las aguas? Sólo soy ese cuerpo en combustión que sabe que se agota. Apenas claridad, apenas consciente. Incandescencia pura.
Un muelle convertido en aro que tiende, con las mínimas fuerzas, a recuperar su forma. Yo soy todo aquello que jamás fui; una invención de mí mismo. Yo sólo soy el reflejo de miles de miradas. Un espejo cóncavo, una imagen distorsionada, luz de una estrella acabada. Vida en sí mismo, mientras dure la escapada.
Pero fue un beso o un llanto lo que me despertó. Eso que todos llaman amor. Una caricia perdida, loca, despistada, un roce ajeno al universo, un suspiro en llama que abrasa y nunca consume. “Te amo”, me dijo. Y yo la creí. Y ahora quién pone fin a esta caída. Caída que nunca fue premeditada. Dónde se encontraron nuestros ojos para detenernos en este vuelo misterioso. ¿Caías tú también?
Ya no caemos, ni subimos, ahora, los dos sólo somos contemplación. Y yo me muero por el tacto. Y yo resucito en tu corazón. Toca mi boca, amor, y besa.

Peatón

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