jueves, enero 28, 2010

Y yo soñé que soñaba...

Anque no resulte un verdadero problema, Hoy en día, me resulta difícil, por no decir imposible, saber dónde ubicarme. De ahí que me guste el nombre de "Peatón", un exiliado venido de ninguna parte. Quiero que esta carta sea lo más parecido a un saludo retórico, un saludo que se eleve, y se dirija al punto exacto donde no quede nada que decir. Esperé, durante años, más allá de toda esperanza, que sucediera algo que fuera capaz de sorprenderme, como un acto de amor. Ahora, en este mi tiempo, ya no espero. La sensación, mis sentimientos, mis sensaciones, me suscitan una turbación extraña, como si hubiese atravesado la vida para nada; aunque no exactamente como pura pérdida. Lo digo a corazón abierto; lo mío es un intento continuado por ser invisible, pero sin conseguirlo.
Permíteme una reflexión, aunque suene a queja. Estoy solo, cada vez absolutamente solo ante este aislamiento, esta soledad, del otro "ante" la cual, para hablar con propiedad, no puedo ni mantenerme ni tocarla sin desfallecer, privado de ese sentido mismo y, en él, de todo sentido. ¡Qué horrible tristeza reina cuando no hay nadie! Fue el mundo aquí o allá y ya no estará en ninguna parte ni en ningún tiempo. Demasiados tránsitos furtivos. Y ahora el lugar, es como un no-lugar que al mismo tiempo aloja todas las ausencias. Con los ojos abiertos hacia la noche, en la noche y ellos mismos nocturnos; unos ojos que ven el fin de mis mundos, no representado ante ellos sino en ellos, desencadenando el derrumbe de la visión y el tacto de la noche misma. La noche frente a los ojos, como si se tratara de otros ojos que detendrían y ahogarían en aquéllos toda posibilidad de visión, de intencionalidad, de dirección, de orientación y de recurso fuera del adiós in retorno.
Amé reír junto a otra risa, soñar junto a otros ojos. Hablar de cosas nueva y lejanas. Pero me quedé sin tiempo para el amor. Y yo sin amor no sé reír, no sé soñar. Sería tan sencillo salir de nuevo al mundo, al aire de la vida. Pero no puede ser. Cerré todas las puertas. Necesito una cosa tan interior que no esté en posición de protestar al mismo tiempo contra su propia emanación. ¡Qué terca fidelidad a esa forma de pérdida en que consiste el pasado! Ya, ya lo sé, la amnistía no llega cuando quiere "el preso". Y no quiero repetir los amores frustrados, las renuncias, los engaños, los rotos horizontes. Yo quisera saberlo; "¿cuándo se despertó por vez primera la esperanza - exactamente lo que ahora estoy llamando esperanza - dentro de un corazón humano? Digo humano, por no decir casi humano.
De repente, el aire se ha vuelto más frágil, ¿no existe nada que me salve? Como una estrella azul caída ante mis pies, ¡tu recuerdo! Mi corazón, durante años dormido, despierta. Tu recuerdo crece, trepa, se hace viña. Como cuando tú leías entre líneas, esa gran aventura de mis paisajes perdidos; "cosillas mías". Eres tú, tú que me bebes, tú que no me orientas, tú que me adentras. Deseo, goce, y carencias.
Y yo que me he vuelto a quedar dormido. ¡Qué extraño sueño! Todo esto que yo te cuento.

Juan Antonio

P.D.

¿Alguna vez he de volverme y mirar hacia atrás?
Sólo existe una soledad,
sin sentido, que se empeña
en llamar Amor a las sombras.

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