sábado, diciembre 26, 2009

Ha debido marcharse algo de mí...

En la hora del sueño, ha debido marcharse algo de mí, algo que ni siquiera echo de menos porque el cansancio y la decepción me vaciaron y en mi ser sólo quedan los agujeros. Cuando llega la noche, inmune al desamor, como en aquellos veranos plácidos, converso con mis sirenas. La tarde fue tranquila, conseguí, por unos instantes, detener el tiempo. Eterno náufrago viviente, jardinero del profundo abismo, desde esta ventana, la que da a "la vida", contemplo el embudo por el que huyó el futuro. Acabo de recordar que si amé fue porque me nacieron amor. El invierno será largo y frío, pero yo le pondré música, la de mis silencios.
Perdido en el desconcierto de este bosque reflexiono sobre; ¿acaso para mi viaje ya no hay caminos? ¡La vida! ¿qué vida? "No soy de aquí". No. Tal vez proceda del alba de todos los tiempos. Pero, aquí estoy y aquí espero, aunque ya nunca llegue a saber qué. La noche está cayendo. Todo está vacío, las ventanas no dan a ningún sitio. ¿Será verdad que los muertos no mueren? Aquí estoy para siempre quieto y mudo, ¿mudo?
Quise perderme en la verdad, encontrarme, saberme, llegar a cimas que siempre estaban lejos. Viví en mí tantas promesas, tantas desolaciones y amarguras, tanta verdad que no me pertenece. Desesperado el alarido se estremece, se reinventa la tristeza, se suicidan las ganas de vivir de tanto querer ser y no ser vida. No me dejaron entregar mis palabras. ¿será que me robaron algo? El dolor se para indicando que hay algo extraño que no pasa; la noche se ha detenido. Necesita ser abrazada.
Sus latidos me enloquecen, el corazón del mundo, unido al mío por invisibles venas del misterio. Llega la mujer de la noche, la mujer que teje por las noches debajo de la angustia. Llega y me susurra; "¿estás?" Estoy aquí, pasa, un momento y termino. No amor, no temas, no moriremos, somos larva de dioses, confirmantes de eternidad, lengua a lengua, disfrutadores de una metáfora secreta -me dice-, supimos, ¡como nadie! vivir entres nosotros.
Hay un dolor del aire detenido y empiezo a creer firmemente que me robaron algo. Se pierde el misterio en el esfuerzo por recordar. No, no es un ángel quien tanto dolor siente. La verdad y la belleza. La ilusión no volverá a engañar mi mirada, como antes de aquel día, que salí para mi destierro. Aunque tampoco es útil esta máscara. Largo es el tiempo de la meditación frente al silencio, cuando la meditación es sólo un nombre; amor. Mi mente, la inundan los mares en la orillas de los lamentos. Y ahora, cuando la noche vuelve a caminar, yo camino sin ti en dirección al mar.
Asumiré sin reparos el papel de ser sombra, el signo oculto de ocultas mansedumbres.
Ahora tú terminas y yo seguiré, queriéndolo o no, amándote. Es tiempo, frío y sombras. Es la hora del sueño, de no saberse imaginar uno por dentro, de quedarse mirando las manos encalladas y la niñez perdida detrás de los cuchillos del dolor. Aquí terminas tú, aquí muero yo.
¿Cómo construir a partir de aguas inexistentes?

Juan Antonio

P.D. "Alguien me debe algo
que no estará en la muerte
y duerme sobre el pecho
estrellado del mundo."

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