martes, enero 26, 2010

Existir sobre todo....

Si de algo estoy seguro es que no le voy a pedir a nadie, absolutamente a nadie, perdón por mi existencia. Se trata, sobre todo, de existir. ¡Si el mundo supiera lo que me costó nacer! Y seguiré viviendo aunque madres y padres horrendos clamen sobre los montes, rasguen rostros y vendas y suelten sobre el mundo tijeras destructoras. Mentiría si dijese que poseo secretas fórmulas magistrales sobre la verdad. Pero sé que hay fuerzas espaciosas que pueden transportarnos muy lejos, a poco que permanezcan intactas algunas fibras del músculo de la generosidad. Yo te digo, lo digo hoy y nunca más, que un vendaval hediondo arrasó los lugares que yo solía habitar. Ese mismo huracán hediondo que intenta descarnarme los huesos, deshuesarme el ánima ¿Se puede reabsorber tanto dolor, tanta miseria, tal desconyuntamiento? No quiero saberlo y no lo pienso intentar. Esto va para los que aún no han aprendido que jamás se empieza desde cero. ¡Qué pocas páginas quedarán de mi asombro! Algunas páginas, sólo eso, por comprender, y unas pocas sobre mi forma de amar. Me dicen; "eso es mucho, es todo lo que te hace falta, todo." El dolor existe, es cierto, pero no haré una crónica de su estado actual. De momento, escribo esta carta, aunque se pierda.
De pronto, no recuerdo en qué tiempo, ni quiero recordarlo, me miré, me miré hacia dentro y comprendí que yo allí (en aquel tiempo) desentonaba. Lloré sordidamente por mi leve garganta, por donde resbalaron tímidamente palabras húmedas, palabras sin nombre todavía. Y lo supe en ese mismo instante, sólo el abismo me daría cobijo. ¡Dios! Qué cansado estoy de oír lo que desestimo como vanas lamentaciones. ¿Dónde demonios se habrá ido el bruñidor de consuelos ingenuos? Por favor, ¡una copa de amnesia! Ojalá mi memoria flaqueara. La que me recuerda, a cada instante, que cualquier lugar puede ser el paraíso, también éste. Por favor, que me dejen como cuando nací, desnudo y solo, vacío de palabras, con sólo aire en el pecho, y en mis venas los cursos de un arroyo. Que me dejen, como peatón y sin zapatos, seguir andando, y que regrese de muy lejos al pecho caliente de lo que me quede de afecto. Así podré proclamar mi secano y dormir para siempre soñando con la isla de "nuncajamás".
Necesito un vasto olvido. Sumergirme y dejar de saber. Exiliarme del jardín de la memoria. Sólo eso pido, que me dejen ir y venir, en libertad, por mis silencios. Secaré mis lágrimas, olvidaré mi vida, reverenciaré el olvido. Y si puede ser que me envíen aire, sin cauces, aire suelto. Una cima nevada que me mire desde arriba. Porque yo ya no recuerdo dónde dejé mi libertad. Si el cielo tuviese a bien enviarme una señal.
Leo tus palabras y sufro. Mira, estoy dispuesto, a ceder la existencia acumulada, para ti. Abro tus palabras y me pierdo en la enorme ola de antiguos suspiros líricos que viví inefables, desnudo. Si yo pudiese hacerte comprender cómo se habita la soledad. A ti, a ti que has conseguido que me sentara esta noche, mi noche, en mitad de un recuerdo. ¿Cómo rehacer el camino hacia lo que quizá no se perdió?

Juan Antonio

P.D. Delante de mis ojos
se borraba mi vida
Yo tenía sueño
Y me quedé dormido.

ecoestadistica.com