Sentido del humor...
Con los años he aprendido sobre nuestras calidades, defectos, inteligencia, emociones que cambian con la experiencia y el pasar de la vida. No existen verdades eternas sobre la vida. Pero sí sabemos que nacemos y morimos. Y que, de momento, nadie ha regresado de un supuesto más allá. Así pues, quién se atrevería a explicar la verdad, y no existe nada tan peligroso como la moral. Sí creo que el peor de los defectos pueda ser la ignorancia, la falta de educación, ese odio que no sirve para nada que no sea perder el tiempo, sinceramente es cruel estar rodeado de idiotas. Esos que no soportan ni su propia vida. Los que no entienden ni jamás entenderán que el pensamiento es independiente. Los que se rigen por esa atroz medida; “tanto tienes, tanto vales”.
Sin percatarme de ello, me exilié a un país lejano, mentalmente hablando, allá donde sólo habitan las ideas. Buscando un lugar, un bienestar que siempre me fue ajeno. Consiguiendo, tan sólo, el reencuentro con mi propia soledad y mi propio desconcierto. En esa cruel dualidad que supone, lo que realmente piensas y lo que la vida te impone. Hasta qué punto necesita un hombre desnudar su alma para llegar a sí mismo. Mi pesadilla nunca fue la búsqueda por sobrevivir y alcanzar los sueños idealizados. Mi angustia era cómo regresar de esos sueños a la realidad de las buenas costumbres del hombre que soy. ¡Qué largo recorrido para un viaje tan corto!
Ciertas personas se reducen a su propia opinión sobre todas las cosas. Opiniones inmutables, opiniones definitivas, opiniones determinantes. Toda opinión es válida si sirve a su propia opinión. Son los que emiten, a bote pronto, un juicio sobre los demás según sus propias debilidades. Los de “qué buenos somos, qué malos los demás”. Los que no van más allá de sus interiores a las orillas de sí mismos. En un destierro constante de su corazón a la piel y viceversa. Te aseguro que no son más que “una puesta en escena de sus propios fracasos”.
Y si te dejas te hacen depositario de todo lo vivido e inconfesable de su existencia. Como si tuvieras la capacidad de comprensión sin límites. Como si tu vida siempre la hubieran marcado los desórdenes y extravagancias. Los que se dirigen a ti intentando hallar una respuesta que les satisfaga. Te callas y sabes que no puedes hacer otra cosa. Porque no escuchan, sólo hablan, y hablan porque no soportan su propio silencio. ¡Y yo que sé si fue antes la gallina o el huevo! Que vayan al origen del mundo y pregunten allá. Cualquiera se atreve a explicarles la diferencia entre naturaleza y las leyes de la matemática.
Existen distintos tipos de sociedades, es obvio. Como el tiempo dejó de ser una magnitud fija, independiente y objetiva, y se hizo relativa. Si soy soñador, el mundo delira. Pero si se tiene sentido del humor, todo lo demás se vuelve secundario. Porque fue el sentido del humor lo que inventó la democracia y no los hombres. Y ahora, sólo ahora, comprendo porqué nunca fui aceptado en el club de la sociedad humana, no soy ignorante y tengo sentido del humor. Claro está que eso de “savoir-vivre” aún se me resiste. Mi imaginario creativo ciega, lo sé, pero ciega al estar entre esta gente. Esta gente que someramente acabo de describir. Así pues, sólo hay que hacer una cosa; mudar de ambiente.
¡Me fui!
Peatón


<< Home