Espacios reducidos...
Más allá de nosotros mismos, nos han llevado al espacio de individualismo, donde mejor se domina al animal salvaje y nómada que siempre hemos sido. La excusa, la única excusa, es el pretexto de mantener la especie, según “ellos”. Qué horror padezco cuando observo a esos animales que nacen en cautiverio. Enjaulados en un espacio, para justificar un orden inventado por un capitalismo desenfrenado que se devora a sí mismo, que nos devora a todos. Para ese individualismo-colectivo utilizan una metodología argumental muy sencilla. Sirviéndose de la publicidad (todas) pues aunque se niegue, la gente sigue viendo televisión, te hacen soñar y desear con aquello que jamás serás, con aquello que jamás tendrás. Y para colmo de los colmos te prometen con indicios muy sutiles la eterna juventud. Te ubican en el ansia del deseo, donde todo será posible mañana, para así hacerte olvidar el presente. Y al olvidar el presente, tu presente, tu futuro les pertenece. Cualquier valor humano no asociado al término rentabilidad, no es más que una quimera. En esta sociedad actual donde lo único que interesa es pasárselo bien, ser guapo, tener todas las necesidades cubiertas, con apariencias de normalidad, al precio que marque e indique el sistema, los espacios vitales y mentales se han reducido. Sólo cuenta el disfrute del momento.
Se trata pues de recuperar el presente, el que nos ocupa a todos. Sabiendo nuestros derechos y obligaciones respecto al logro de una sociedad cualitativamente mejor. En un orden mundial de todos y para todos, aunque la igualdad siga siendo una quimera, sí creo que luchar por ella, puede ser uno de los caminos que hagan viable una sociedad mejor. Pero las teorías culturalistas, hoy en día, se han convertido en sus propios programas: dado que consideran los sistemas simbólicos como mecanismos de denominación encubiertos, su único objetivo es conquistar los discursos apelando a la moralidad.
Creo y estoy convencido, que la razón nos puede guiar a esos espacios comunes a todos. Y no sólo a esos espacios residuales donde se empeñan en aislarnos de la verdadera realidad; la convivencia entre todos. Para fundar mejor nuestra confianza en el mundo y su concepto de verdad, es cierto, necesitamos de los espacios comunes a todos, de todos y para todos.
Tal vez sólo seamos parte de lo acabado en un mundo aún por acabar. De ahí que nos inventemos un más allá que nos aleje de la efímera eternidad a la que pertenecemos. Como inventarse un bosque del cual, vivos o muertos, nunca saldremos. Y eso es lo que importa ahora, tener un bosque donde escondernos, ubicarnos, con sus luces y sombras y sus misterios continuados. Sentirnos parte de la leyenda de la creación humana se hace cada vez más vital. Sabernos incluidos en un espacio que a su vez pertenece al espacio de todos los espacios; la humanidad. Huyendo de las falsas conclusiones que hoy en día nos llevan a decir; “es lo que hay”, en vez de decir; “esto no funciona, no me gusta, voy a cambiarlo”.
“Lo que tomáis por la verdad es un absurdo; no es más que un montón de prejuicios y de vuestra estrechez de miras”.
Peatón


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