lunes, diciembre 10, 2007

Irracionalmente inopinado...

Ya no puedo seguir lamentándome, ahora toca organizarme. No recuerdo qué quedó atrás. Salvo aquellos anhelos en que me creí en busca de la verdad. Aquellos refugios de dulces momentos de no hacer nada, salvo trabajar y ver pasar el tiempo. Una extraña historia que, a veces, pienso si realmente pertenecí a ella. Aquí el bien y el mal filtrado por las ausencias y los olvidos quieren llamarse paz, tranquilidad. Y ahora ¡Qué lógica se me antoja la espera! En estos días en que sólo yo estoy conmigo, curándome del veneno de la nostalgia, protegiéndome del abandono. Es “tan grande el silencio que percibo rumores de campanas que no tañen”.
Aunque aún me quede el ansia de ir más allá de cualquier horizonte. Qué sabor tan agridulce y sórdido tiene ahora el sentimiento de la vida. Pero es cierto, sigo amando la palabra recién nacida, en ese impulso irracional que me lleva a los abismos de lo imaginario. Yo pertenezco a los que saben que en el futuro sólo les espera la soledad. A los que buscaron desesperadamente un sabio, bello e imposible método de existir, guiado y conducido por misteriosas señales de amor.
Cuando los días se me antojan segundos, y sé que existe un mañana que domina mi presente, es cuando realmente siento que todo lo vivido hasta ahora, ha dejado de tener sentido. Y no eres más que una hoja muerta a merced del viento de las circunstancias. Pero la nada es tan poderosa que te proporciona dosis de comprensión para cualquier recuerdo y momento del pasado. Ahora lo sé, el tiempo no lo cura todo, el tiempo lo mata todo.
Me siento atrapado en un universo que sólo existe en mí. Al margen de todas las voces, al margen de todos los ruidos. Donde las palabras se evaporan para regresar a los orígenes. Ajeno a las oscuras invenciones de los recuerdos. Pensando irracionalmente inopinado que lo más cierto del mundo, es que el mundo es incierto.
“Que no hay ni ha habido nada importante en esta vida (destino, amor, amistad, felicidad) que sea racionalmente elegible o dominable, ni la vida misma, ni la llamada a ella, ni la muerte.”
¿Existirá un lugar en el tiempo, donde el destino y yo nos podamos poner de acuerdo?

Peatón

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