lunes, marzo 26, 2007

Vamos a pasear, por senderos conocidos…

Como diría el poeta, un deseo perdido en una realidad. Pero, ¿desde qué lugar se originó el deseo, la pasión? Y lo que es más insólito ¿qué lo originó? Porque justo en ese momento, cuando aparece el deseo, ya nada nos importa. Y las cosas tienen una importancia relativa, salvo el amor. Que todo lo absorbe.
Cuando los sufrimientos se apaciguan y todo aparece de otro color. La vida se llena de sentido y en los horizontes amanecen las alegrías. Ya no estamos solos, o menos solos. Alguien nos comprende, alguien nos quiere. Queremos y somos correspondidos, y la libertad se nos antoja pequeña. Las ilusiones empapan los días, de vehemencias, de gritos callados de emoción. Las tardes son doradas y sabemos que ese deseo siempre nos espera, allá en la noche iluminada, excitada y casi siempre caprichosa, las sábanas son entregas, esperanzas mojadas.
Hasta que por fin lo reconocemos; nos hemos enamorado. ¡Dios! Cómo rejuvenece el amor, cómo duele, cómo siente, cómo desarma, cómo satisface. En un suspiro, una vida. Todo emana en y desde nosotros. Extrañados aún por no saber con certeza quién o qué lo germinó. Aunque aquellos ojos, aquella mirada, delate la procedencia. Pero ya no queremos preguntas, queremos y necesitamos contacto, saber, que se nos diga sin preguntar, que se nos viva sin más. Besar y ser besados. Que no se nos rompa la vida. Y desaparece el tiempo para dar paso al momento.
Pensamos que lo que siempre buscamos o anhelamos se nos ha hecho tangible. Esa otra mitad que también somos nosotros, esa otra mitad que nos completa. Esa otra parte que nos puede reinventar o destruir para siempre. “El amor es un león, come corazón”. Pero la batalla se ha iniciado y nos disponemos a afrontarla casi desnudos. Qué nos llama. Y queremos ser “lo otro”, nosotros en uno. Cuando el tiempo se detiene, si se trata de amor, dos momentos se unen.
Pero, a veces, olvidamos esa otra parte que también nos pertenece. Por miedo a perdernos, a la vida, al amor en sí mismo, a la eternidad, a los abismos. Y nos adentramos en lugares que nos alejan de la realidad propia. De ese único deseo, el que nos hace vibrar. Y nos refugiamos en no sé qué abrazos de afectos pasajeros. De tiempos que nos impiden recordar “el momento”. Y arrugamos tanto la verdad que ningún espejo sería capaz de devolvérnosla. Cuando te vas de un momento es muy difícil recuperar el tiempo. Nos falta esa verdad. Es entonces cuando aparecen las máscaras y desaparecen las sonrisas. Nos negamos el deseo, nos negamos la realidad.
He cruzado todos los desiertos, todos los rincones de los deseos de cuantas realidades me salieron al paso. He hallado ruinas de todas las historias jamás contadas. Lo que una vez se deseó y se perdió. Paisajes que pertenecen a pasados borrascosos. ¡Qué pocos paisajes vírgenes! Qué lejos las realidades y sobre todo, que falta de deseos.
Es tan sencillo el amor que sólo se deja alcanzar y atrapar por la pureza del corazón. El paisaje sólo requiere verdad, honestidad, y se pierda o se gane, el amor siempre nos acompañará. No lo pienses más ¡El amor es cosa de valientes!

Peatón

P.D. Nadie es estatua, nadie tiene el corazón de piedra…

miércoles, marzo 21, 2007

Un momento, una decisión..

Hoy tengo que ser capaz de preguntarme cómo estoy. En qué lugar del camino me encuentro. Que si realmente ha valido la pena. Y lo más importante, saber e interpretar qué vientos me trajeron hasta aquí. Si lo vivido hasta ahora lo puedo llamar vida, qué hay más adelante. Que soy consciente que sólo tengo el pasado. La única fuerza que me permite avanzar. Ese vehículo llamado “mi manera de ser” que definió todos mis caminos.
Hoy decido plantarle cara a la vida, sacar fuerzas de flaquezas, y el poco pecho que me queda. Decido la vida y me anticipo. Hoy debo ser más yo que nunca, Que queden atrás las quejas, los lamentos, aquellos malos vientos, soltar lastre, caminar siempre hacia delante. Sabiendo que si paro soy hombre muerto. Andar los caminos, la vida debe estar a la vuelta de la esquina. ¡Fuera reproches! Que las circunstancias vinieron y otras se fueron. Y que otras me las hube de buscar yo.
Con lo que soy y tengo, yo soy la nave que me transporta. Y aunque los mares sean otros, yo me sé marino. Que la historia siempre fue la misma, que sólo cambiaron los personajes. Con esa única melodía del tiovivo, que yo me voy y sigo camino. Que ya no necesito ni brújulas ni mapas para sobrevivir. Que hubo de todo; sufrir y vivir. Pero también sé que yo jamás me vendí.
Puede que mañana empiece ese otro pasado que me lleve al final. Con los remos viejos pero aún fuertes. Y seré de nuevo el navegante extranjero en mares diferentes. La vida debe estar ahí, detrás de esas altas olas. Mi isla Ítaca, y por equipaje mis ganas de vivir. Ya no tendré que preguntar más. Y si el tiempo me alcanza no será para sufrir. Bailaremos en las orillas donde todo empieza, donde todo acaba, y mis ojos dibujarán y verán ese mundo mejor y soñado por mí.
Tal vez me haga pastor de delfines, o guía de aves, no lo sé, pero en las playas como en la piel, los granos y los poros respiran para permitirte ser. Ya no buscaré respuestas, ni horizontes nuevos. Ahora sólo seré una tímida palabra escondida en la mitad de un verso. Y si las noches me llevan, los días me devolverán. Yo soy un universo que jamás comprendí. Universo que necesitó de muchas estrellas para saber adónde ir.
Esta carta no es para ti, ni para mí, sino para el que aquí me hizo venir.

Peatón

P.D. Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche.

lunes, marzo 19, 2007

Siempre habrá una puerta abierta...

Una puerta abierta…

Así como creo que todo va al corazón, también creo que transcurrido un tiempo, todo se vuelve serenidad. Que incluso la horrenda brecha de las esperas se apacigua y cierra. Y desde estas palabras como aire contenido en los silencios yo te escribo. Símbolo, metáfora y corazón. Todo se ha desvelado. Ahora el corazón recupera su ritmo, eso sí, aún desnudo.
Nunca he dejado de sentirme como un títere en un destino errático. Pero siempre fui fiel a mi tiempo. Sin principio ni final en el centro neurálgico de una tormenta inesperada. En el lado incógnito de las cosas y las vidas y su apariencia real. Yo no sabía que para muchos los sueños son limitados.
Tu eras esa puerta abierta a no sé qué mundos. Y me maravilló cómo eras capaz de rehabilitarte a ti misma en las emociones. Una belleza acomodada, una ternura que asomaba a veces, un corazón sin límites y una acuciante falta de cariño. Tu eras todo aquello que quisiste ser, sin llegar a serlo nunca. A lo único que siempre fuiste fiel; lo que siempre quisiste ser. Ese “algo” excesivo.
¿Qué convierte en fácil lo difícil? Sólo la paciencia amiga mía, sólo la paciencia. Y en una sola nota tú eras capaz de dar el testimonio amoroso de tu existencia. Como una sonrisa perdida que buscase unos labios donde sostenerse. Adónde se te fue la vida. Qué te hizo viajar sin mapa al corazón de un universo caótico y enloquecido. Ese amor excesivo que pronto mutaba y danzaba hacia lo inalcanzable, hacia el dolor y locura soterrada, hacia el ensueño y la grandeza. Hacia esa otra puerta abierta también imaginada.
En la torre de marfil que te has construido nada es duradero. Salvo tus recuerdos. Y con el tiempo dejó de interesarte la vida. Y esos sueños ya no llegan tan lejos. Mujer de imágenes helicoidales. Cuándo tus imágenes dejaron de ser reales y empezaron a ser abstractas. Donde la esperanza suena a delirios masturbatorios de fantasmas. Espacios para una torre de marfil. Espacios que necesitan una puerta de salida.
Yo sé que la hierba también crece en el desierto del olvido. Por eso, y porque eres mi amiga, yo te propongo crear un espacio que te ayude a vertebrar los muchos entornos con los que convives. Que te ayude a desplegar todo tu potencial. Que te ayude a explicar tu inmensidad íntima, que te lleve a descubrir el lugar más bonito de tu mundo. Donde el verde tiña las pendientes de tus primaveras. Donde los sueños no se resistan. Donde si te sientes a solas siempre te veas acompañada por los dioses, para que tus noches ardan en llamas.
Yo seguiré creyendo en la naturaleza, como esa presencia constante y sutil, selectiva y vital. Yo sigo soñando la belleza de las dunas y los atardeceres del oasis. Me sigue obsesionando la inteligencia, la serenidad, la hondura y gustos. Ya sabes de mi adicción a la belleza. A mi manera seguiré siendo el mismo hombre con los sentimientos y las contradicciones humanas. Siempre contra corriente. Que sabe y padece que la reconstrucción del pasado es un desafío. Un hombre al que ya no le interesa ni el principio, ni el fin. Sin libertades que perder secretamente. Mis únicos lazos siempre fueron la vida.
Y ahora bésame en la boca y dime que te vas lejos. Y si algún día regresas hazlo con el amor sobre los hombros; tu peso así no será en vano. Yo me condené a viajar por riscos y montañas, no por valles amables. Y en mi locura y mi desdicha, no me está permitido descansar ni reconciliar el sueño.

Peatón

P.D. “Los sentimientos, amiga mía, son estrellas que sólo nos guían con la luz del día”. (Schumann)

viernes, marzo 16, 2007

Un lugar muy especial...

“Ni en el llegar, ni en el hallazgo tiene el amor su cima: es en la resistencia a separarse en donde se le siente, desnudo, altísimo, temblando.”


Dónde sientes el amor, por qué te asombras cuando te impregnas de sensaciones en ese lugar. Aún lo recuerdo, aquel encuentro de no sé que día, éramos tú y yo. Veníamos de esos otros lugares donde murmuran el amor. Lo avisan, lo intentan, lo esbozan, y tú yo preguntándonos ¿Cómo llegamos aquí? Perdidos en los mares de nuestras miradas. Sujetos al timón de nuestras manos. El viento era caricia, rozándonos, estremeciéndonos, haciéndonos sentir la brisa marina. Recordándonos la eternidad de aquella nuestra única realidad; la nave éramos nosotros.
Qué de mares dibujamos, qué de islas. Y el tiempo nos mecía, nos hacía intemporales. Se fueron los momentos y nos entregó la eternidad. Éramos un beso, el que siempre quisimos y nunca nos dimos.
Sentí tu frío, sentí tu alma, sentí tu dolor, me bañaron tus lágrimas, las que asomaron despacio, en ese momento en que me sentí abandonado. Tú recordabas ¡Cuánto he amado! Y torpe de mí, sólo diseñaba versos incompletos. Pero me regalaste una de tus lágrimas y descubrí el sendero de tu vida. ¡Habías amado tanto! Y me sentí tuyo. Quise ser tuyo en cada uno de esos caminos que me dibujaste con tus manos. Manos que tanto filtraron dolor como amor. Sumergidas siempre en la esperanza. ¡Dios! Qué poder el de tus manos.
Nos alcanzaron las sombras de la futura noche. Y encendimos el fuego aproximándonos con la mirada al frente. Las salidas se cerraron, el momento no nos quería ver marchar. Pero nos fuimos al otro lado, por donde se cuelan los enamorados.
¡Arriba! ¡Arriba! Las estrellas se multiplicaban, más limpias que nunca, tú las habías lavado. Y giró el mar para vernos mejor. Como tu sombra seguí tus pasos. Para que me dijeras el sendero por donde no recordaba haber llegado. “Allá al final, y después a la derecha” y me enviaste, con tus manos, las huellas de tus besos.
Cuando desperté de este sueño yacía sobre un lecho, en casa y boca arriba, pensando; “esto es cierto o sólo lo he soñado”. Pero ya no me importaba saberlo, ¡Lo había experimentado!
En una calle muy empinada, me cedieron el paso. Íbamos los dos a nuestro encuentro. Y la cuesta no nos lo impedía. ¡Ay! Madre yo aún no sabía que ya la quería.


Peatón

P.D.” El alma tenía tan clara y abierta…”

martes, marzo 13, 2007

Anticiparse..

La única verdad, la que permite que no te vuelvas loco, es seguir creyendo, en ti mismo, en los demás, y si me apuras hasta en los telediarios. A la gente le has de decir para que reaccionen, ya no dicen solos, además buscan otros que se les parezcan en ese mismo decir. A los que comprenden de nuevo Sodoma y Gomorra, a los que necesitan aire en rebajas, a los que no saben descubrir una verdad ni que les muerda.
Pero escribir requiere algo más. Algo que la gente no quiere ver, sacudirte delante de ese abismo llamado “yo mismo”, Ver que en los detalles solo queda la impronta del viajero, que nunca supo que pasó por dicho lugar. Escribir es una necesidad.
Mandan dictar los dioses y el corazón copia lo importante de las pasiones. Y te ves al otro lado del abismo, y necesitas avisar, prevenir. Y necesitas gritar y no puedes. Y te quieres morir sintiéndote renacer. Descubres el eco, los silencios, ruidos del más allá, frases que no acabaron de nacer, otras que lo hicieron precipitadamente. Y los garabatos flotan.
Ya no hay nada que decir, todo está dicho. Y es cuando vuelves a pensar en el tiempo. Ayer no está, y si quieres diseñar un futuro tienes que hacerlo desde la palabra del presente. Los muertos no hablan, sólo predican. Y los vivos tienen que aprender a escuchar.
No es tarde, todavía no lo es. Si sabemos que muchos de los problemas que padecemos en la actualidad tienen la solución en el origen que los provocó. La pobreza, la desigualdad, el hambre, las diferencias religiosas, étnicas, todas las diferencias que no supimos aunar como una solución global y social.
Si nos devuelven a la Edad Media, o a cualquier otro lugar, que me den el rol del padre de Merlín, tal vez le ayude a construir ese Camelot de verdad. Donde todos seamos uno, y uno sea para todos.
Escribir es algo más que la palabra o cualquier técnica, escribir es anticiparse.

Peatón

lunes, marzo 12, 2007

Sigo siendo el mismo niño...

Sigo siendo el mismo niño…..

En tiempos como éstos el amor llega de puntillas, silencioso y sin ser reconocido. Como el donaire de una metamorfosis que empieza por la sorpresa de las sensaciones. Descubrir el amor no es tarea fácil.
El descubrimiento del amor, el desconcierto del anhelo, el idilio, la pasión. Los vericuetos y el hallazgo del deseo y el erotismo hasta llegar a la fortaleza de los sentimientos. La extraña sensación de pertenecer siempre a esa patria del amor. A ese lugar que buscamos toda la vida. Como si lo hubiéramos perdido al nacer.
Cómo se podrían describir las bondades de ese sentimiento. Yo sólo sé hacerlo desde la infancia. Libre del disfraz de toda esa educación que me impusieron. En los recuerdos de mis mayores, en las memorias seleccionadas del buen gusto. En las intenciones de futuro.
Niño y adulto. La vida y sus circunstancias.
Sigo siendo el mismo niño. El que en cada estación del año sabía que sus obligaciones cambiaban. Así como la manera de vestir. El que escuchaba los cuentos de su abuela. El que nunca llegaba a imaginar, en aquellos tiempos, que en la vida, también se crece (físicamente). El que supo de ausencias que jamás llegó a comprender. Al que trasladaban de un sitio a otro con los libros debajo del brazo. El que nunca preguntaba ¿A qué se debe la vida?
La mirada de un niño es lo más puro que me he encontrado en la vida. La inocencia en su estado más puro. Como un ángel que va tomando forma humana. Un ángel, que al perder sus alas intenta la vida. Yo soy ese niño que aún piensa que las alas le fueron arrebatadas. Yo vivo de emociones aunque de vez cuando me visiten las pasiones. Un niño al que le gustan los besos que desatan misterios. Que se pasea por los afectos a la búsqueda del amor. Es niño amante, ése soy yo.
Yo sigo siendo el mismo niño. Con las raíces y tradiciones a cuesta. Nómada entre contextos diversos, contextos siempre ajenos. Tuareg de corazones en los espejismos de las soledades. Con la misma esperanza de siempre; llegar. A lugares remotos, a galaxias inalcanzables, a sonrisas perennes. Un dios fragmentado por los deseos. Un sueño inacabado. Una gota en las cataratas del universo.
¿Qué distancia habrá entre sentirse enamorado y amar? Tal vez esa distancia sólo pueda comprenderse desde la sonrisa de un niño. Lugar donde se conjuga el verbo amar. Y la mejor lotería que te pueda tocar es la vida, y hay que aprender a jugar. La vida necesita de niños que quieran aprender a jugar. La vida es el sueño de un ángel que quiso saber qué significa ser mortal.
Sigo siendo el mismo niño. Ahora cansado, ahora feliz, ahora distraído. Que piensa que aunque le hayan robado la sonrisa, existe. Y sabe que la tiene que recuperar. Pues yo sin sonrisas ni sé, ni puedo caminar.
Sigo siendo el mismo niño, ahora rodeado de tinieblas y oscuridad.

Peatón
P.D. Tal vez si encontrara ese beso que me devolviera a la realidad...tal vez lluevan rayos de sol..tal vez...

domingo, marzo 04, 2007

Te quisiste extensa....

Si de mí salieran todas las verdades que contigo escondí te confundiría, y no pretendo hacerlo. Verdades sofocadas. Qué difícil la palabra cuando dos sólo buscan el olvido. Abrir una puerta a un universo nuevo y que detrás quede el trastero de las decepciones. Un puerta bisagra que te dé la razón para aceptar que los muebles viejos, para quien los quiera.
No sé si con estas palabras intento convencerme (yo) de todo lo que pasó o simplemente descargar un poco de lastre. En cuestiones de relaciones amorosas nací tan icárico que al final me harán creer que soy inmortal. Pero, cierto es, necesito decírtelo. Que esperé y seguí esperando una sola de tus verdades. Que entre tantas sombras jamás apagué la vela de la esperanza. De que, al menos, como mínimo, me explicaras el guión de tus verdades. Pues las películas que me mostraste me supieron a “repetidas”, “ya vistas”.
Escribo desde el trastero, entre los claroscuros. Por aquí deambulan aquellos zapatos viejos que compramos juntos, que tanto me hicieron caminar. El espejo que nos llegó, el que jamás compramos, algo sucio, con aspecto de viejo, que me devuelve esa imagen del corte de pelo que me hiciste llevar. Reflejando la poca prominencia que me queda de barriguita. No te culpé nunca de mis grasas. Una vida sin un toque de grasa no es vida. Y ahora, de nuevo, soy puro nervio. Por aquí deambulan también, en silencio, las risas y los llantos.
Fuera de aquí la vida sigue, fuera de los trasteros. Es curioso lo limpio que está el piso. Como reclamando otros muebles, otras historias que contar que no sean sólo recuerdos. Es relevante la presencia aséptica en tanta ausencia. Pero ahora ya no sé desde qué lugar te escribo. Se detuvo el tiempo. Siempre lo hace cuando inicio otros caminos.
No sé si algún día te volveré a ver, no sé si algún día te volveré a pensar. Pero hoy eres tú mi lugar. El único rincón donde mi alma puede descansar. Y aunque todo esto suene a despedida, tú y yo, no lo sé de cierto, pero tal vez nos volvamos a encontrar.
Me gustaría saber a qué llaman “una nueva vida”. Yo creo que es al revés, que nacemos con muchas vidas y sin saber porqué nos las van arrebatando. El trastero huele a humo de vela recién apagada. Pero también es verdad que la sangre sabe reconocer y recordar.
¡Me voy! Con la ilusión sosegada he conseguido, a través de los laberintos de las palabras, irme desde ese lugar donde te ví por primera vez. Donde dijiste “¡Hola!” y pronunciaste mi nombre por evitar decir “¡Hola mi amor!” Sigo sin saber porqué el amor nunca acaba por donde empieza. Y claro está tampoco supe que la extensión es enemiga de la intensidad. Y tú te querías extensa..

Peatón

Retornos imposibles...

Yo quería ser el bibliotecario de los granitos de arena que decoran mi playa. El cuentista de formas de vida, memorias de lugares, tradiciones y civilizaciones. Yo me veía capaz de mirar al sol de frente. Pero si nada es lo que parece que me liberen de las formas. Eran tantas las emociones, las ideas, los temores, los deseos y esa espiritualidad que siempre flotaba y se elevaba.
Yo solo pretendía desnudar mi alma. Incendiando las preguntas. Encontrar la mejor forma de atrapar el tiempo, de transformar la vida. Visitar archipiélagos de culturas e identidades, relatar cómo avanzamos hacia la muerte.
Yo quiero salir de esa franja entre los desengaños y la indomable libertad. Me quiero libre. Dónde amor sea sinónimo de valentía. Porque yo lo sé de cierto, la valentía existe. Libre y solo, donde quemar las naves, donde los retornos son imposibles.
¿Cuándo se descubre en la vida que nos hemos equivocado? Me voy a perder en las estaciones de la poesía y la vida. En las calles de mi ciudad. En las luces de las habitaciones que respiren versos. Done pueda y quiera quedarme. Sólo y tranquilo, solo en mi soledad.
Regreso de ese viaje que lleva al país del amor. Regreso para siempre. Sin retorno posible. Regreso con las maletas preñadas de anécdotas convertidas en versos.
Ahora toca ser valiente. Valiente y capaz de olvidar la historia de amor más intensa. Como el sherpa encantando por haber logrado las más altas cimas. Regreso para no regresar.

Peatón

P.D. “Una ausencia más honda que el invierno
Se anunciaba en los ojos, se sentía en las losas del andén,
Buscaba un asidero en el imaginario engaño
Del retorno imposible”.

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