viernes, diciembre 15, 2006

Se me inician los inviernos...

Se me inician mis inviernos

La tarde se me antoja eterna y qué breve la vida. A veces, vale más un momento que toda una vida. Qué extraños tiempos que me hacen diferenciar la vida y el momento. Soy de los que piensan que el mal se devora a sí mismo y que la paciencia es la madre de todas las ciencias.
Las encrucijadas existen, pero no en los caminos sino en nuestros adentros. Pero quien siembra vientos recoge tempestades. Yo he sembrado historias que sólo existen en mi imaginación. Nunca entenderé porqué mi realidad ignoro mis deseos. Es cierto, si abandonamos una vida, sólo quedan momentos. Momentos para recordar, añorar, para las tristezas, para las escasas alegrías.
Me pierdo en cualquier momento de afecto, buscando casi siempre esa tranquilidad que me lleva a la paz del momento. Más allá, lo sé, no hay nada. Los del otro lado tal vez me hayan olvidado. Como también sé que me perdería en un solo y verdadero beso.
El invierno se me antoja renovador y mi paciencia quiere romper con todas las cadenas. ¿Cómo fingir el amor? Me sé de una estrella, como me sé ausente y de ella. Siempre comprendí las esperas. Tal vez me falte asimilar ese adiós definitivo que me lleve de nuevo a ser yo.
Para decir “te amo” no basta con decirlo o sentirlo, hay que vivirlo. Y casi siempre es cosa de dos. Nadie es completo si alguna vez no sintió y vivió el amor. En mis inviernos todo se me antoja pasado. Olvido. Con la esperanza que cierren pronto las heridas. Quién, en su vida, no sufrió alguna vez de inviernos grises, de lluvias con sabor a lágrimas.
Yo me voy con mis inviernos. A ninguna parte. Esperando de nuevo el sol. Yo anhelo una vida tranquila en los caminos y tiempos del caracol, efímera como una mariposa. Yo anhelo una primavera con gotas de verdad. Yo me voy con mis inviernos.
Espero, que sea pronto, en esta Navidad, poder llenar mi soledad con el grito de la libertad.
No te vayas, yo regreso siempre, amada soledad...

Peatón

jueves, diciembre 14, 2006

Cansado de mí mismo...

Cansado ya de mí mismo

Mis experiencias formativas tempranas me impidieron el desarrollo de la convicción, de que la vida puede dominarse de manera realista. El cuento de hadas era mi destino y sus personajes mis únicos amigos. Cuando crees en la magia siempre esperas ese milagro que tarde o temprano te haya de llevar otro lugar más seguro.
Si deseamos vivir, no momento a momento, sino siendo realmente conscientes de nuestra existencia, nuestra necesidad más urgente y difícil es la de encontrar un significado a nuestras vidas. Y yo me la pasaba trabajando y soñando.
La lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana, pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a dominar los obstáculos alzándose, al fin, victorioso.
No todas las victorias, ni los beneficios son tangibles. Es importante esa victoria que te hace saber, que a pesar de todo, no dejaste nunca ser tú mismo.
Encontrar sentido a la vida, imagino yo, tiene que ver con no sentirse a merced de los caprichos del destino y, en cambio, lograr percibirse a uno mismo como alguien satisfecho consigo y con lo que hace o lo que puede llegar a hacer en el futuro.
Tal vez estos pensamientos positivos me den la fuerza para desarrollar (aún) mi racionalidad y para sostenerme ante las adversidades con las que, inevitablemente, llevo encontrándome durante todos estos años.
Me gusta decir estas cosas desde la más absoluta serenidad y la más honrada de las educaciones. Sosegado y mirando al horizonte.
Me sé insatisfecho por naturaleza, y quiero encontrar los caminos que hagan viable esa creatividad que a veces me sofoca si no encuentra salidas.
En estas mis reflexiones espero que pronto mi playa me sea dada. Los mares, los cielos y las arenas, ya las pintaré yo mismo.
A estas navidades casi nada les pido, sino que si quieren me ofrezco como regalo.

Peatón
P.D. “Todo es visible y todo es elusivo,
Todo está cerca y todo es intocable”.

miércoles, diciembre 13, 2006

Su recuerdo me besó el alma...

Y en ese momento llegó su recuerdo…

En un momento de cualquier día, de no sé qué año, ¡qué importa! Yo te recordé. Iba arrastrando mis pies, iba tras la vida que no se dejaba coger.
Recordando cómo nos supimos, cómo nos dejamos ver. Aquel abrazo, aquel “Tal vez”. Y los dos suspirándonos para que la vida lo permitiera, volvernos a ver.
Sabíamos del adiós, sabíamos del olvido, y de los encuentros que a ninguna parte van. Sabíamos de los destierros. Pero también conocimos nuestra verdad. Aquellos besos que expresaban nuestra ansiedad.
Nuestro el orto, nuestros los ocasos y aquellas despedidas eternas que nos mantenían vivos.
No quiero parar de caminar. No quiero. Si caminar es pensar, recordar, no olvidar, no quiero.
Que Diosito no me quite el movimiento, que el tiempo me permita siempre recordar, que yo siempre te vuelva a encontrar, aunque sólo sea en este caminar. Que sigamos andando juntos aunque sólo sea en las despedidas.
Hoy, absorto en el recuerdo espontáneo, yo le pido a la vida que siempre y de ti, yo me pueda despedir…
Que no nos envenene la nostalgia. Y que el futuro nunca sea la soledad.
Y aunque en el paseo sólo yo estaba conmigo, las señales de amor se acumulaban. Sin saberlo buscaba un sabio, bello e imposible método de existir, de existir sin ti. El silencio, a veces, era tan grande que percibía rumores de campanas que no tañen.
Debía protegerme del abandono, lo sabía. Debía continuar creyendo y sintiendo en el ansia de ir más allá de la línea del horizonte.
Sabía que para descubrir algo de mi laberíntica esencia tenía que dejar de pensar. Dejar de pensar y permitirme ser transportado por la purificadora marea humana que desborda los límites de cualquier silogismo reduccionista.
Recuperé el paso, uno tras otro, despacio, el pensamiento se alejaba, la realidad regresaba. Sólo fue un recuerdo. Un momento de amor. Sólo fueron sus labios que de nuevo acariciaron mi alma.
Y yo que dejaba de pensar….

Peatón

lunes, diciembre 11, 2006

Un suspiro de amor...

Prisionero de una cárcel inventada

Miente quien diga que nunca se enamoró. De la vida, de las cosas, de un amor, de una idea, de un proyecto, de tantas cosas…
La más bella historia de amor sería la suma de todas las historias de amor. O simplemente la historia de amor que nunca se dio. Que tal vez nunca se dará y precisamente por eso es anhelada y buscada por todos. La historia de todas las historias.
La promesa de una nueva oportunidad para ser feliz. El lado más dulce del alma humana. La compasión ante la desdicha del mundo. La sonrisa en todo momento y en cualquier lugar.
Miente quien diga que ha tocado fondo en el amor. Y no miente quien a pesar de todo sigue amando.
Sin amor el reloj de todos los tiempos conocidos se pararía. Sin amor no hay salida.
A los desterrados del amor, a los que confundieron el amor con otras cosas, a esos les digo que el amor aún les espera, aún les ama.
No existe cárcel más maravillosa que la que te permite ser preso del amor, la libertad en una cárcel maravillosa, una cárcel de proyección eterna.
Yo he dibujado el arco iris de mi vida con los colores del amor. Y sin ellos ya no podría vivir. Colores que simbolizan la vida, la vida de todos, la mía, la tuya, la de aquél…
No te resistas más, acude a ese amor que siempre pensaste, que siempre quisiste, a ese amor que aunque sólo sea un sueño, sueño o no, te dio la vida.
Yo soy uno de los hijos del amor que se resiste a la salida, pero que tarde o temprano volará hacía ese mundo maravilloso del amor y sus consecuencias…
No quise crecer, no quise abandonar esta cárcel, no quise ser más que el prisionero del amor.
Yo canto al amor, yo canto a la vida…

Peatón

martes, diciembre 05, 2006

Permíteme una sonrisa...

Ayer soñé la ilusión..

Un pensamiento extraño, espontáneo, me asaltó. Me gusta y no la tengo. Y pensé en cómo nacía esa herida. Una herida de la ausencia, de la mano de una imagen idealizada, de un sentimiento profundo, me había robado el corazón. Y es que yo anoche soñé la herida.
Y ya era tarde, ya era suyo, y ella no lo sabía. No he podido acercarme más a ella. Tan sólo con algunas palabras fugaces, escondiéndome detrás de la amistad, del buen decir, de los abrazos fraternales, pero ya era tarde, me sabía suyo.
La sin razón de ese sentimiento me abrumaba, cómo es posible si tan siquiera la conozco. Pero el alma es así y enloquece el corazón. Yo la deseo, es todo lo que sé. Una mirada y volaría en el cielo de la incertidumbre, surcando el camino que a ella me lleva.
“El dolor es el alimento esencial del amor; cualquier amor que no se haya nutrido de un poco de dolor puro, muere.” La felicidad no es más que una opinión. Pero esta nueva sensación conseguía hacerme sonreír a cada momento. Así pues, se debía parecer mucho a la felicidad que todos nombran. Ni por asomo pensé que estaba enamorado. Pero sí muy ilusionado.
Esta nueva herida me atraía. Y al mismo tiempo la temía. Nunca fui afortunado en las cosas del amor. Nunca lo fui. Claro está, que dejarse amar es fácil, pero amar es algo muy distinto.
Conlleva un compromiso; corresponder en todas las coordenadas que ese mapa de pasión marca. No basta con amar y ser amado. El amor necesita continuamente ser alimentado.
Encuentros y nada más encuentros que se diluyen en el tiempo si no llegan a buen puerto. Encuentros, sólo encuentros.
De su voz a mi voz, de su mirada a la mía, de su cuerpo a mi fantasía, y un eco que sonaba a despedida. El alma viaja a través de los campos del deseo. Y el corazón late al compás de los desvelos.
No fuimos, y ya nunca seremos, pero el recuerdo sí lo tendremos. Que una vez, una mirada, extraña o no, en nuestro corazón se depositó.
Es extraño cómo mueve los hilos la pasión. Es increíble como juega con nosotros el corazón. Pero si cierro los ojos sólo te veo a ti. A ti mi amor.
Ya no quiero pensar, sino dejarme llevar…sólo dejarme llevar…
Y así la ilusión poder soñar….

Juan Antonio

viernes, diciembre 01, 2006

Tengo ganas de una historia sincera…

Quiero esa carta que siempre anhelé y nunca me atreví a escribir. Es un deseo. Desde el infinito acabado de mi mismo. Yo quiero desvelar todos mis secretos y perderme en los sonidos nuevos de las hojas de viejos cuentos usados. Si para algo sirve los mitos es para que los incrédulos puedan perdonarse el remordimiento de creer. No soy más que el centro mismo de una conciencia sin imágenes. Y aquí estoy, en el límite de una experiencia de belleza y horror que refulge en los límites de la palabra y lo humano. Sin olvidar, nunca lo haré, que soy un ciudadano de un formidable enigma.

“La vida es un juego de probabilidades terribles; si fuera una apuesta no intervendría en ella.” Pero sí me involucré en las pasiones de mi tiempo. Creo en la humanidad, amada justo en su debilidad y sus manías. Yo sigo creyendo en la eternidad.

“Me marea un poco. Me agota la lógica impenetrable de las cosas, esa sensación de que cada suceso provoca forzosamente el siguiente y exige la existencia del anterior, y sin embargo la suma de todos ellos no desvela el conjunto, como un pentagrama en el que cualquier borrón minúsculo, al enmascarar una nota, volviera inconvexa y fallida una sinfonía entera.”

El camino que inicio,
Aquellos otros que quedaron atrás.
Todo sigue siendo abismal.
Voló el corazón y el cuerpo quedó atrás.
Voló la imaginación no dejándose atrapar.
Y el alma se queja de no encontrar.
Yo he soñado la vida.
Esperando un día despertar.
A ese amor que nunca supe descifrar.
Yo he visto secarse y morir un corazón
Porque no le dejaron amar.

Necesito una historia nueva, yo quiero cambiar.

“Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria libertad.”

Yo he visto balancearse, a la luz de la luna y sobre la tela de una araña, a un elefante. Yo he visto el universo plegarse. Pero no sé nada de quien me ha visto (a mí). Yo necesito amar y dejar de remar.

Has soñado alguna vez, que en un sueño estabas, y que al despertar, sólo la realidad te esperaba; es decir, la nada…

La sala de espera donde estoy, me la dibujaron de esperanzas. Que todo depende de mí. Y yo sigo con el puño alzado, y bajo el desnudo árbol, desde los páramos de la soledad, que todos somos el destino.

Yo he querido amar y por eso nadie me va a condenar… Necesito una nueva historia en la que creer. Que me haga crecer. Que me de las alas para poder volar. Yo he querido, juntos, al cielo y la mar.

Juan Antonio.

Yo no vine, ni fui, yo sólo estaba...

Yo no vine, ni fui, yo sólo estaba….

Intenté cambiar mi mundo pensando que lo conseguiría si mudaba de pensamientos. Utilizando todos los esfuerzos, los míos, en la construcción de ese otro futuro que tanto anhelaba. Y mis excusas se agotaban. El sentimiento requiere actuar tal y como se piensa. Descubrirnos tal y como somos y afrontarlo en ese afán de superación continua. Cómo pude hacer de mis fracasos lecciones magistrales, cómo pude hacerlo.
Quiero personas, no personajes, que no necesiten para existir decorados ni accesorios. Personas que en las alegrías y las tristezas siempre estén acompañadas de un sentimiento de serenidad. Personas capaces de crear cualquier cosa de la nada. Las que en cada momento, de cualquier tiempo, sepan tomarle el pulso al sentimiento de la vida. Qué sepan de recuerdos.
La mujer que he amado es la que siempre he soñado y nunca encontrado (según mis ojos). La pensé mujer fatal, trágica, traviesa, prisionera de sus sueños. Fundamentalmente libre y nunca llena. La imaginé pensándome y soñándome también. Buscándome.
(“¿Me buscarías si no me hubieras encontrado?”)
Esa mujer y yo sabemos mucho de cantar en calles húmedas de países fríos. Y aspiramos a las rubias playas de la eternidad juntos. Mar azul y verde, con un cielo agradecido. Donde en las noches la luna baila al compás de los violines de los grillos. Donde la tierra del amor, agradecida, se deja preñar de vida.
No te quejes mujer, no vine a buscar consuelo. Y sé que mis mejores encuentros siempre fueron las despedidas. Me supiste niño entre tus pechos. Así que déjame llorar lo que según tú no supe amar. Déjame pedir que se acabe este sufrir. Soy del campo de los héroes anónimos, de cementerios olvidados, yo soy el último de los románticos.
Soñé tus ojos con la milonga, quise tu sexo en el bolero y tu cuerpo se me antojaba como el tango. Yo te he soñado amante y mía. Yo te bebí en las fuentes del placer, y en las bandejas del deseo yo te comí. Me derramé por ti y tuyo. Yo te he vivido carne mía.
Todo quedará y todo se ausentará, incluso el olvido. Y tan sólo permanecerá este amor que quiso ser nuestro y tuyo, y que ahora ya es sólo mío.

Juan Antonio

P.D. Yo no dije “cásate conmigo”, yo sólo estaba y tuyo.

Llegó el tiempo, que todo lo puede...

Llegó el tiempo, que todo lo puede.

He podido escribir mi leyenda a fuerza de silencios. Soy un hombre solo, que vive solo, y rodeado de silencios. Mi vida es un homenaje al silencio.
No intentes nunca ser el dueño de tu destino. El destino, precisamente, se distingue por no tener dueño. Yo me he pasado la vida mirando al cielo. A ese cielo que todos llevamos dentro. Durmiendo con los ojos abiertos en mis noches estrelladas. Mi extraña forma de ausentarme de la realidad. Ocupado siempre en solucionar los problemas de los demás.
Lo absoluto consiste en gestos espontáneos, son gestos y espontáneos. Y ninguna amistad me duró más allá de cualquier proceso. Decidí entonces construirme un mundo flotante, un mundo sin orillas. Un hombre solo es capaz de comprender el silencio sin tener que pronunciar una sola palabra. Es capaz de saber algo que es mentira y conocer la verdad. Saber algo que es mentira y conocer la verdad son cosas muy distintas.
Aprendí a mirar desde los silencios, no perdiendo nunca los orígenes, no perdiendo nunca la fe de mis mayores, mi bendita tradición, con o sin escarchas. No te preocupes si un día la mirada se agota, el tiempo seguirá su curso, su fluir, hacia ese más allá que todos pensamos, soñamos y nunca logramos. Qué importante es saber mirar. Qué doloroso tener que callar. No dejes nunca de navegar, hazlo aunque sea con la mente. Lo único que urge es la vida. La vida que no perdona, que tampoco salva, la vida que se deja moldear, la vida que creas, la que vives sin más.
¿Quién fui? ¿Qué importa? Dirán lo que quieran. Dirán lo que creen saber. La mayoría justificará sus temores. Y el tiempo se encargará de llevarte al olvido. Los que presumen de conciencia acertarán a decir: “sólo sé que se ha ido”. Y la vida seguirá hacia su propio destino. Aunque ya no está, aunque ya se haya ido.
Yo digo que valió la pena. Vivir, claro está, vivir estos tiempos y otros que vendrán, aunque sea desde otro lugar. Serán otros, pero las historias no cambiarán, sólo los personajes serán los que cambien. Como el tiovivo de la ruleta de la eternidad. Yo seguiré siendo el arqueólogo de los gestos ajenos. Y mi única razón para seguir viviendo será la de siempre; la vida misma.
El universo es sabio y tal vez me permita otra boca a la que besar, ya no lo sé. Me indique otros caminos que me hagan salir de mis silencios, los silencios de mis adentros, los laberintos de la soledad. Y si no es así, sólo pido poder seguir soñando. Qué hermoso es vivir. Y yo me pregunto cómo será sentirse vivido…cómo será….
Llegó el tiempo, que todo lo puede, llegó mi verdad. Llegó el tiempo de irse y nada más…aunque sea en silencio.

Juan Antonio

P.D. Ahora sé que el amor es una experiencia calmada y no una pasión terrible.

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