Se me inician los inviernos...
Se me inician mis inviernos
La tarde se me antoja eterna y qué breve la vida. A veces, vale más un momento que toda una vida. Qué extraños tiempos que me hacen diferenciar la vida y el momento. Soy de los que piensan que el mal se devora a sí mismo y que la paciencia es la madre de todas las ciencias.
Las encrucijadas existen, pero no en los caminos sino en nuestros adentros. Pero quien siembra vientos recoge tempestades. Yo he sembrado historias que sólo existen en mi imaginación. Nunca entenderé porqué mi realidad ignoro mis deseos. Es cierto, si abandonamos una vida, sólo quedan momentos. Momentos para recordar, añorar, para las tristezas, para las escasas alegrías.
Me pierdo en cualquier momento de afecto, buscando casi siempre esa tranquilidad que me lleva a la paz del momento. Más allá, lo sé, no hay nada. Los del otro lado tal vez me hayan olvidado. Como también sé que me perdería en un solo y verdadero beso.
El invierno se me antoja renovador y mi paciencia quiere romper con todas las cadenas. ¿Cómo fingir el amor? Me sé de una estrella, como me sé ausente y de ella. Siempre comprendí las esperas. Tal vez me falte asimilar ese adiós definitivo que me lleve de nuevo a ser yo.
Para decir “te amo” no basta con decirlo o sentirlo, hay que vivirlo. Y casi siempre es cosa de dos. Nadie es completo si alguna vez no sintió y vivió el amor. En mis inviernos todo se me antoja pasado. Olvido. Con la esperanza que cierren pronto las heridas. Quién, en su vida, no sufrió alguna vez de inviernos grises, de lluvias con sabor a lágrimas.
Yo me voy con mis inviernos. A ninguna parte. Esperando de nuevo el sol. Yo anhelo una vida tranquila en los caminos y tiempos del caracol, efímera como una mariposa. Yo anhelo una primavera con gotas de verdad. Yo me voy con mis inviernos.
Espero, que sea pronto, en esta Navidad, poder llenar mi soledad con el grito de la libertad.
No te vayas, yo regreso siempre, amada soledad...
Peatón


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