martes, diciembre 05, 2006

Permíteme una sonrisa...

Ayer soñé la ilusión..

Un pensamiento extraño, espontáneo, me asaltó. Me gusta y no la tengo. Y pensé en cómo nacía esa herida. Una herida de la ausencia, de la mano de una imagen idealizada, de un sentimiento profundo, me había robado el corazón. Y es que yo anoche soñé la herida.
Y ya era tarde, ya era suyo, y ella no lo sabía. No he podido acercarme más a ella. Tan sólo con algunas palabras fugaces, escondiéndome detrás de la amistad, del buen decir, de los abrazos fraternales, pero ya era tarde, me sabía suyo.
La sin razón de ese sentimiento me abrumaba, cómo es posible si tan siquiera la conozco. Pero el alma es así y enloquece el corazón. Yo la deseo, es todo lo que sé. Una mirada y volaría en el cielo de la incertidumbre, surcando el camino que a ella me lleva.
“El dolor es el alimento esencial del amor; cualquier amor que no se haya nutrido de un poco de dolor puro, muere.” La felicidad no es más que una opinión. Pero esta nueva sensación conseguía hacerme sonreír a cada momento. Así pues, se debía parecer mucho a la felicidad que todos nombran. Ni por asomo pensé que estaba enamorado. Pero sí muy ilusionado.
Esta nueva herida me atraía. Y al mismo tiempo la temía. Nunca fui afortunado en las cosas del amor. Nunca lo fui. Claro está, que dejarse amar es fácil, pero amar es algo muy distinto.
Conlleva un compromiso; corresponder en todas las coordenadas que ese mapa de pasión marca. No basta con amar y ser amado. El amor necesita continuamente ser alimentado.
Encuentros y nada más encuentros que se diluyen en el tiempo si no llegan a buen puerto. Encuentros, sólo encuentros.
De su voz a mi voz, de su mirada a la mía, de su cuerpo a mi fantasía, y un eco que sonaba a despedida. El alma viaja a través de los campos del deseo. Y el corazón late al compás de los desvelos.
No fuimos, y ya nunca seremos, pero el recuerdo sí lo tendremos. Que una vez, una mirada, extraña o no, en nuestro corazón se depositó.
Es extraño cómo mueve los hilos la pasión. Es increíble como juega con nosotros el corazón. Pero si cierro los ojos sólo te veo a ti. A ti mi amor.
Ya no quiero pensar, sino dejarme llevar…sólo dejarme llevar…
Y así la ilusión poder soñar….

Juan Antonio

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