Yo no vine, ni fui, yo sólo estaba...
Yo no vine, ni fui, yo sólo estaba….
Intenté cambiar mi mundo pensando que lo conseguiría si mudaba de pensamientos. Utilizando todos los esfuerzos, los míos, en la construcción de ese otro futuro que tanto anhelaba. Y mis excusas se agotaban. El sentimiento requiere actuar tal y como se piensa. Descubrirnos tal y como somos y afrontarlo en ese afán de superación continua. Cómo pude hacer de mis fracasos lecciones magistrales, cómo pude hacerlo.
Quiero personas, no personajes, que no necesiten para existir decorados ni accesorios. Personas que en las alegrías y las tristezas siempre estén acompañadas de un sentimiento de serenidad. Personas capaces de crear cualquier cosa de la nada. Las que en cada momento, de cualquier tiempo, sepan tomarle el pulso al sentimiento de la vida. Qué sepan de recuerdos.
La mujer que he amado es la que siempre he soñado y nunca encontrado (según mis ojos). La pensé mujer fatal, trágica, traviesa, prisionera de sus sueños. Fundamentalmente libre y nunca llena. La imaginé pensándome y soñándome también. Buscándome.
(“¿Me buscarías si no me hubieras encontrado?”)
Esa mujer y yo sabemos mucho de cantar en calles húmedas de países fríos. Y aspiramos a las rubias playas de la eternidad juntos. Mar azul y verde, con un cielo agradecido. Donde en las noches la luna baila al compás de los violines de los grillos. Donde la tierra del amor, agradecida, se deja preñar de vida.
No te quejes mujer, no vine a buscar consuelo. Y sé que mis mejores encuentros siempre fueron las despedidas. Me supiste niño entre tus pechos. Así que déjame llorar lo que según tú no supe amar. Déjame pedir que se acabe este sufrir. Soy del campo de los héroes anónimos, de cementerios olvidados, yo soy el último de los románticos.
Soñé tus ojos con la milonga, quise tu sexo en el bolero y tu cuerpo se me antojaba como el tango. Yo te he soñado amante y mía. Yo te bebí en las fuentes del placer, y en las bandejas del deseo yo te comí. Me derramé por ti y tuyo. Yo te he vivido carne mía.
Todo quedará y todo se ausentará, incluso el olvido. Y tan sólo permanecerá este amor que quiso ser nuestro y tuyo, y que ahora ya es sólo mío.
Juan Antonio
P.D. Yo no dije “cásate conmigo”, yo sólo estaba y tuyo.


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