Llegó el tiempo, que todo lo puede...
Llegó el tiempo, que todo lo puede.
He podido escribir mi leyenda a fuerza de silencios. Soy un hombre solo, que vive solo, y rodeado de silencios. Mi vida es un homenaje al silencio.
No intentes nunca ser el dueño de tu destino. El destino, precisamente, se distingue por no tener dueño. Yo me he pasado la vida mirando al cielo. A ese cielo que todos llevamos dentro. Durmiendo con los ojos abiertos en mis noches estrelladas. Mi extraña forma de ausentarme de la realidad. Ocupado siempre en solucionar los problemas de los demás.
Lo absoluto consiste en gestos espontáneos, son gestos y espontáneos. Y ninguna amistad me duró más allá de cualquier proceso. Decidí entonces construirme un mundo flotante, un mundo sin orillas. Un hombre solo es capaz de comprender el silencio sin tener que pronunciar una sola palabra. Es capaz de saber algo que es mentira y conocer la verdad. Saber algo que es mentira y conocer la verdad son cosas muy distintas.
Aprendí a mirar desde los silencios, no perdiendo nunca los orígenes, no perdiendo nunca la fe de mis mayores, mi bendita tradición, con o sin escarchas. No te preocupes si un día la mirada se agota, el tiempo seguirá su curso, su fluir, hacia ese más allá que todos pensamos, soñamos y nunca logramos. Qué importante es saber mirar. Qué doloroso tener que callar. No dejes nunca de navegar, hazlo aunque sea con la mente. Lo único que urge es la vida. La vida que no perdona, que tampoco salva, la vida que se deja moldear, la vida que creas, la que vives sin más.
¿Quién fui? ¿Qué importa? Dirán lo que quieran. Dirán lo que creen saber. La mayoría justificará sus temores. Y el tiempo se encargará de llevarte al olvido. Los que presumen de conciencia acertarán a decir: “sólo sé que se ha ido”. Y la vida seguirá hacia su propio destino. Aunque ya no está, aunque ya se haya ido.
Yo digo que valió la pena. Vivir, claro está, vivir estos tiempos y otros que vendrán, aunque sea desde otro lugar. Serán otros, pero las historias no cambiarán, sólo los personajes serán los que cambien. Como el tiovivo de la ruleta de la eternidad. Yo seguiré siendo el arqueólogo de los gestos ajenos. Y mi única razón para seguir viviendo será la de siempre; la vida misma.
El universo es sabio y tal vez me permita otra boca a la que besar, ya no lo sé. Me indique otros caminos que me hagan salir de mis silencios, los silencios de mis adentros, los laberintos de la soledad. Y si no es así, sólo pido poder seguir soñando. Qué hermoso es vivir. Y yo me pregunto cómo será sentirse vivido…cómo será….
Llegó el tiempo, que todo lo puede, llegó mi verdad. Llegó el tiempo de irse y nada más…aunque sea en silencio.
Juan Antonio
P.D. Ahora sé que el amor es una experiencia calmada y no una pasión terrible.


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