Tengo ganas de una historia sincera…
Quiero esa carta que siempre anhelé y nunca me atreví a escribir. Es un deseo. Desde el infinito acabado de mi mismo. Yo quiero desvelar todos mis secretos y perderme en los sonidos nuevos de las hojas de viejos cuentos usados. Si para algo sirve los mitos es para que los incrédulos puedan perdonarse el remordimiento de creer. No soy más que el centro mismo de una conciencia sin imágenes. Y aquí estoy, en el límite de una experiencia de belleza y horror que refulge en los límites de la palabra y lo humano. Sin olvidar, nunca lo haré, que soy un ciudadano de un formidable enigma.
“La vida es un juego de probabilidades terribles; si fuera una apuesta no intervendría en ella.” Pero sí me involucré en las pasiones de mi tiempo. Creo en la humanidad, amada justo en su debilidad y sus manías. Yo sigo creyendo en la eternidad.
“Me marea un poco. Me agota la lógica impenetrable de las cosas, esa sensación de que cada suceso provoca forzosamente el siguiente y exige la existencia del anterior, y sin embargo la suma de todos ellos no desvela el conjunto, como un pentagrama en el que cualquier borrón minúsculo, al enmascarar una nota, volviera inconvexa y fallida una sinfonía entera.”
El camino que inicio,
Aquellos otros que quedaron atrás.
Todo sigue siendo abismal.
Voló el corazón y el cuerpo quedó atrás.
Voló la imaginación no dejándose atrapar.
Y el alma se queja de no encontrar.
Yo he soñado la vida.
Esperando un día despertar.
A ese amor que nunca supe descifrar.
Yo he visto secarse y morir un corazón
Porque no le dejaron amar.
Necesito una historia nueva, yo quiero cambiar.
“Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria libertad.”
Yo he visto balancearse, a la luz de la luna y sobre la tela de una araña, a un elefante. Yo he visto el universo plegarse. Pero no sé nada de quien me ha visto (a mí). Yo necesito amar y dejar de remar.
Has soñado alguna vez, que en un sueño estabas, y que al despertar, sólo la realidad te esperaba; es decir, la nada…
La sala de espera donde estoy, me la dibujaron de esperanzas. Que todo depende de mí. Y yo sigo con el puño alzado, y bajo el desnudo árbol, desde los páramos de la soledad, que todos somos el destino.
Yo he querido amar y por eso nadie me va a condenar… Necesito una nueva historia en la que creer. Que me haga crecer. Que me de las alas para poder volar. Yo he querido, juntos, al cielo y la mar.
Juan Antonio.


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