La cultura de los de "te falta un hervor".
“Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.” (J.C.)
Hoy es uno de esos días donde el “duendecillo interior” te habla sin cesar; “no te conformes, conformarte es morir, sigue, sigue luchando, lo conseguirás”.
Son muchas las veces que pensamos que todo aquello que no tenemos es lo mejor. Que pensamos que nos hemos perdido demasiadas cosas, según los tiempos que corren, claro está.
Este ciclo llamado vida y los laberintos de los quehaceres diarios. Esos rituales vitales que sólo dependen de nosotros. La parte positiva de los días, aunque algún idiota que otro se proponga estropeártelo.
Y es que hoy en día es habitual ver pasar a la gente, y de puntillas, sobre las grandes verdades de la vida. A quién se le ocurriría profundizar sobre algún tema sin ser sospechoso de; “loco, a este tío le falta un hervor”, “este tío es idiota”. Eso sí, se permiten opinar sobre todo. He llegado a creer que no es que no quieran profundizar, es que tampoco les interesa, algunos ni son conscientes de ello, que es mucho peor.
Qué puedo aconsejar cuando me encuentro con tantas vidas a la deriva, no lo sé, a qué le digo que se sujeten. El movimiento actual, en este mal llamado mundo desarrollado, no es ni más ni menos, que la sensación que pronto todo se acaba, y según esa máxima, todo es válido. Eso sí, ellos siempre están a salvo del desastre, que según ellos, nos vemos envueltos los faltos de un hervor.
El valor de lo esencial no es más que una quimera. Lo más lejos que pueden llegar hoy es, precisamente, a pensar qué se lleva “hoy en día”. Cuáles son las últimas novedades tecnológicas, en comunicación, en museos, en ópera, en teatro, (en el tomate, ya desaparecido, que nadie veía pero que todos comentan, rip). Pero es cierto, cómo dominan esos aparatitos, los móviles, los juegos, y otros tantos, los cuales enchufamos al pc, y se nos aparece la virgen de todos los remedios. Y, entre usted y yo, se les pone una carita de tontos. Eso sí, cómo dominan, sin el manual, esos equipos (chismes), qué maravilla.
Pienso, no sólo lo pienso, estoy seguro, que la objetividad de estos inventos aplicados a procesos que mejoran las redes de comunicación industrial, pues sí lo veo y considero necesario y hasta bueno, si el objetivo es un bien social. Si mejoran la iniciativa, la calidad, es decir, que el invento no sea un objetivo en sí mismo, ni algo de lo que se pueda presumir como “status social”; “yo tengo una black berry que te cagas”. Ahí emerge el idiota, ahí mismo y además luce como traje nuevo la maquinita en la mano.
A estos, que presumen que no les falta ningún hervor. No quiero explicar la acepción de la palabra hervor, es que me da la risa, espero me sepan comprender, pero queda tan mono, tan pijo, según ellos, decir; “le falta un hervor”. Son esos que ya nada les sorprende, los que creen que están de vuelta de todo, a los que ya casi nada les interesa, a menos que les permitan hablar, explicar algo, y van y lo hacen. Esos que no saben que ya han dejado de creer.
Cómo sería el mundo de estos “robots”, lo de robots es porque los fabrican en serie, hablas con uno y es que si hubieras hablado con todos. Eso sí “venidos a menos” pues han perdido lo esencial, lo han perdido todo menos el poder de joder a los demás. Me pregunto cómo será subir un peldaño en el estatus social de estos robots, hasta dónde tendríamos que subir el cielo para poder satisfacerles.
No, no les contemplo como un caso perdido, al menos servirán como ejemplos a generaciones futuras, las cuáles sabrán cómo evitar “la idiotez del robot” que no supo adaptarse a los verdaderos latidos de la vida.
Qué difícil sería conseguir que regresasen a sí mismos. Que se devolvieran a las raíces de las sonrisas naturales. A la actividad diaria entusiasmada que nos hace superar obstáculo tras obstáculo, y no esa otra que no lleva más que a la condena de la rutina, a las miserias de las propias insatisfacciones.
Llévate a otro momento alegre, a otro rato, a otra meta, a otro día, el espectáculo de la vida, donde sabrás y comprobarás que sigues siendo tú mismo, a pesar de los señores de la oscuridad que por bandera llevan; “la falta del hervor, club de robots reconocidos”.
No pasa nada, es sólo un poco de vida… no te asustes..
Peatón


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