Voy de paso, pero regreso pronto..
Por más vueltas que di no conseguí hallar mi lugar, pero sigo teniendo ese grado de independencia insospechado. Y en mis maletas un manojo de exilios. Espero no volver a tener que irme de casa alguna. Me siento como un trotamundo atrapado en la apología del error. También creo que con ingenio y símbolos de vida podré llegar a buen puerto. Regreso a mi casa, la de siempre, y lo sé de cierto, yo me hice viejo.
Pero me acompaña el sosiego, una paz olvidadiza, una memoria fragmentada, heridas cicatrizadas, un pensamiento que siempre huye, no más afectos contrariados. Ahora sí soy yo. Ajeno al sentimiento propio y por lo tanto al resto de cualquier vestigio de lo ajeno. Pero sigo creyendo en esa amistad incondicional que me caracteriza. Los amigos son eso; sabes que están.
Esperando noticias de la vida, noticias que serán el pensamiento que llene la inmensidad. Es divertido verte desde tanta distancia, la de mis edades. ¿Qué quedó atrás? Y cierras los ojos, aprietas los dientes y sigues. Tal vez fue todo, o nada, o acaso lo que había de pasar. Quién te sabría prevenir, quién te prepara, para afrontar ese futuro incierto cuando sabes que quemaste todas las naves. No volveré a inventar universo alguno, no me recetaré más amnesia, la vida es lo que es; un libro abierto.
Quién sabría negar al corazón su autonomía, qué lejos queda la soledad cuando yo te pienso. Y nos vamos por los buenos caminos, sonriendo, aceptando que la vida sigue, y que todo tarde o temprano habrá de cambiar. Que el misterio se desvelará, y seguimos, y no queremos pensar, sino vivir, vivir y amar.
Conseguir estar a gusto con nosotros y disfrutar de la vida. Debería ser la máxima que rigiera nuestras vidas. Ha pasado medio siglo y mi conciencia me sigue dictando niñerías, así como la responsabilidad que conllevan mis sonrisas entregadas. El revulsivo que me permita iniciar el punto álgido, de la cresta y espuma de las olas del mar del sosiego; algo de paz, algo de tranquilidad y poder contarlo. Ya no pido más. Un día a día sumado a mis estados de ánimo, un día a día que reciba las contrariedades como quien soy y no el animal que escondemos. Un día a día que me sepa a presente preñado de futuro eterno.
Claro está que no me resigno a no tener una boca que besar y que me quiera amar. No, no le doy la espalda al amor, nunca lo haré, me nacieron así; amoroso. Y no creo que en estos tiempos se me permita cambiar. Quiero, también, una compañera a quien amar, y que me ame, pues según me explicaron es la situación ideal. Un tiempo para nosotros mismos, ajenos a cualquier otro lugar, un quiero te quiero.
Me voy, no te preocupes, es pasajero, volveré y te contaré algo más…
Peatón….


<< Home